Fresco infinito oculto en La Mancha [Teodoro Sánchez-Migallón Jiménez]

Iglesia de Consolación, anterior Villanueva de Franco, Valdepeñas.

Sala de Catarq 4

Villanueva de Franco, se asoma como un brote tierno y blanco en la nada, terrosa y asolanada, de la altiplanicie manchega.

Con una ordenada e infinita trama radial, generada desde un epicentro donde se clavó el mástil y los agrimensores estiraron las sogas, desplegando el velamen escurialense, donde los chapiteles pizarrosos punzonaban el azul brumoso de Antonio López.

Emerge la iglesia del poblado en 1949, con sus torres tañedoras que pautan el aire y componen un hito en el laberinto del vacío cerealista. Templete hispano, trentino y manierista, reflejo alejado de “Covarrubios”, “Hontañones” y “Herrerienses”, fino eclecticismo que depura el regionalismo neo-imperialista toledano, heredero de Gómez de Mora, pasando el tamiz del sobrio y monumental protobarroco diecisietesco.

Ayuntamiento y Alcázar de Toledo; Plaza Mayor, Cárcel de Corte, Palacio del Buen Retiro, Alcázar, Palacio del Pardo y Ayuntamiento de Madrid o la Plaza Mayor de Valladolid, todos podrían ser inspiradores del estilo imperio que la propaganda del régimen quiso imponer en sus arquitecturas de reconstrucción y de colonización del espacio rural.

El escenario económico de la autarquía conduce a la arquitectura hispana al uso de materiales menos nobles que los empleados en el próspero siglo XVI (cantería bien labrada), al igual ocurrió en el XVII, periodo de ocultación de la pobreza matérica con gran ingenio constructivo, donde se revisten los paramentos de mamposterías o ladrillerías con enyesados y encalados, y al interior con pinturas al fresco, tapices o adornados retablos, y en las cubiertas se usa la cúpula de yeso con armazón de madera, cúpula encamonada, cúpula fingida. La decoración al exterior se simplifica a la portada.  

 La solución de Moya, de las bóvedas tabicadas en cubiertas y otras estructuras, alivió el uso del acero o del hormigón, escaso en los cuarenta.

En el complejo neo-herreriano manchego, dos torreones culminan en los extremos de una galería porticada ciclópea de arcos muy rebajados, atirantados por tensores, y cubiertas a dos aguas. Y en un profundo eje de simetría se prolonga centrípeta la iglesia del poblado de colonización, blanca de ornamentos, elevada sobre un basamento de piedra, y bajo la pizarra zaina, rematada de rejería tradicional volando en los campanarios.

Como cimacio (decorativo), el arquitecto de este núcleo así como de la Diputación Provincial, Arturo Roldán Palomo tuvo la licencia de disponer en las dos torres una cornisa pétrea coronada por chapiteles de agujas puntiagudas emboladas en su cúspide.

La composición simétrica de la fachada principal se centra en la puerta adintelada y recercada, flanqueada por dos ventanas, con un enorme desarrollo en proporción al paño ciego donde se ubica, con imposta o cornisa sobre la que descansa un gran frontón triangular de perfiles de piedra, homotecia de la cubierta. En el frontón existía una pintura mural religiosa realista desaparecida (excepcionalmente se mantiene el fresco interior de la cabecera). Esta fachada se prolonga horizontalmente de forma simétrica con dos galerías porticadas rematadas por dos cuerpos cerrados, en un afán de enriquecer la monumentalidad de este frente a la carretera, imagen del poblado y del estilo del nuevo orden.

Similitudes con la recientemente reconstruida Brunete (1939-46), además de los edificios emblemáticos del nuevo régimen, como el Ministerio del Ejército del Aire de Gutiérrez Soto (1943-58), o la posterior reconstrucción del Alcázar toledano por Eduardo Lagarde entre 1952 y 1961.

Una planta de cruz latina, con un crucero casi desbrazado, presente y elevado por la cúpula semiesférica perforada por la linterna, con sus óculos en los frontales laterales. Un cielo curvado y abovedado con su cañón terminado en el círculo epicéntrico. Una arquitectura basada en el desarrollo de geometrías puras, medio cilindro, semiesfera y prismas vuelan e interseccionan sus volumetrías componiendo la sinfonía con acordes en los encuentros. El ordenamiento de impostas y apilastrado es el lenguaje con el que se enfatizan los puntos donde los esfuerzos se descomponen en vectores espaciales y la gravedad se desmaterializa cayendo hacia el averno.

El anacronismo de un lenguaje protobarroco en la segunda mitad del siglo XX, resulta onírico, pero descompuesto el análisis semiológico y sintáctico del exterior, el encuentro con el interior, y la contemplación del fresco del altar, produce una experiencia mística. En el foco absidial del encuadre basilical se contempla un apostolado en la última cena, de escala monumental, de gran colorido básico, realista, casi naif, deformando la profundidad del presbiterio, que se hunde en un infinito de añiles y celestes, entre túnicas bermellonas, rostros y perfiles con manos expresivas, flanquean el espacio abombado del tiempo secular, un espacio infinito al final de la perspectiva cónica, que produce la visión psicodélica de una nave central columnaria. Las dos naves laterales modulan un ritmo de tres huecos de luz lateral.

El pintor alcazareño Isidro Parra Molina es el autor del mural realizado en 1956, brillante encargo, recién terminado el poblado de Villanueva en 1955. Pintor que valoraba de la Mancha su estructura, y con formas e ideas claras, nos traslada los colores matizados y meditados.

La aportación del muralismo en la arquitectura es indudable y en el entendimiento de las artes con los espacios, sobresalen las iglesias de los pueblos de colonización, así como algunos ejemplos en la arquitectura pública de esta ilustrada etapa arquitectónica del siglo XX.

La revisión del colorido simplificado y monumental, profundizando espacialmente en la geometría barroca, solo es imaginado gracias al ambiente sonoro con el que envuelve Pink Floyd sus obras, en este caso Welcome to the machine, trabajo de Roger Waters en 1975, para Wish you were here, cuando acompasado por la psicodelia épica y universal que se alcanza en la niebla de los sintetizadores, dice este corte: “Has estado en el tubo, llenando el tiempo”, “te dijimos lo que soñar”, “bienvenido a la máquina”.

Corcovo, Airén 24 Barricas.

De la distopía setentera, un lustro después, se evoluciona abstrayéndonos con un sorbo de un airén fermentado entre robles “24 barricas”. Dejarlo abrir y la embriaguez de sus perfumes a mancha, inunda los escondidos rincones cerebrales, y untuoso pasa amarilleando entre verdes limonosos las últimas papilas. Plenitud madura, equilibrio y redondez, enraizado en sus olores. Deeph thougt  and enjoy.

Teodoro Sánchez-Migallón Jiménez, Dc arquitecto.

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5 Comments

  • Antonia

    Análisis muy interesante de estos pueblos nuevos con arquitectura de “geometría pura”. El valor de la sencillez.
    Y una redacción exquisita que te hace querer volver a Consolación y ver todo de nuevo.

  • Gracias, Teodoro, por poner en valor uno de los 9 olvidados pueblos de colonización de la provincia de Ciudad Real, joyas de arquitectura racionalista española de postguerra. Pueblos desconocidos por las generaciones jovenes, y arrinconados por la administración.

  • SANCHEZ-MIGALLON JIMENEZ TEODORO

    Gracias por compartir el análisis matemático del delirio mesiánico, que espero controlar en estos trances arquitectónicos, lo triste es que la iglesia no se abra, es dificil acceder, solo en horarios de misa, y no se si la dan semanalmente. El traspantojo crea la sensación de concavidad y es una cabecera plana, aunque mi cerebro siempre se meció en su curvilíneo “esfumatto”, y no uso alucinógenos solo alcohol vínico, moderadamente, según momentos. Es un buen ejercicio cuando se aniebla la visión de estos rincones, dejar que las sinapsis cerebrales se entrecrucen en laberintos de pasiones donde nunca llegará la inteligencia artificial, al menos de momento, y usar nuestra gran lengua en todo su riqueza y jugar
    con los significados y los morfemas….

    • JOSÉ RIVERO

      Me alegro Teo, de tu incursión en la arquitectura de Arturo Roldán Palomo. Quien representa en la arquitectura de Ciudad Real, entre 1939 y 1956, una referencia ineludible y un paisaje en el que simultánea su obras con otro personaje singular como Arias Rodríguez-Barba. Desde su puesto de arquitecto provincial, al que acompaña sus actuaciones para el INV y la OSHA, ARP traza un recorrido preciso. Con aproximaciones como esta tuya, más otras –mi texto de 1984 Roldan Palomo: el oficio de construir; más alguna aportación de Diego Peris; las captura en el libro de Colonización en Ciudad Real de 22014–, se podría esbozar una monografía similar a la que se hiciera en Toledo con Cesar Casado de Pablos (1995). Detalles como que ARP fuera un habitual y raro, del uso de las perspectivas en los proyectos, o sus secciones constructivas a escala natural, le colocan en una peculiar posición en años de reconstrucción. Más allá del recorrido de sus obras de grupos de viviendas en Villanueva de los Infantes, Arenas de San Juan o Almodóvar, hay que recordar las actuaciones en Ciudad Real. Los proyectos no construidos de 1939, de 252 viviendas, que reduce a 140 con una iglesia en 1940. Más los construidos del Pabellón central del Hospital Provincial (1944), Cuartel de la Policía Armada (1944), Hospicio (1945) y el que citas ahora de Villanueva de Franco (1949), llamado también Consolación. Que pese a todo no es un proyecto para el INC, sino para el INV, que él desarrolla desde la Diputación. Y que supone una doble colisión con los presupuestos del INC. El primero, el estilístico; por más que el primer tramo del INC indague en la línea historicista –como ocurre en las primeras experiencias de La Barca de la Florida o Bernuy en Toledo y como ejemplificaba la experiencia de Regiones Devastadas–; y el segundo, la crítica realizada por los técnicos del INC al planteamiento adoptado. Villanueva de Franco no contaba con suelo apto para otorgar a los colonos la llamada ‘suerte’ –tierra de labor para cultivar supervisada por el INC– y con ello, poder realizar el proceso de transformación agraria que era una de sus finalidades. Villanueva de Franco nació, según me contaba José María Oñate –ingeniero jefe del INC en Ciudad Real– como consecuencia de un viaje de Franco, entre Manzanares y Valdepeñas y precisar que estaban los pueblos muy separados. Y que, por ello, debería de contar con otro núcleo intermedio El ministro de jornada trasladó la petición del dictador, al gobernador civil y al INV, y de allí nació esa ordenación en abanico. A la que hubo de dotar, posteriormente de conejeras, gallineros y medios propios, para que los colonos pudieran subsistir y ganarse la vida. esa era la críticas de los agraristas, una vez que el INV les soltó la realización al INC con todas esas limitaciones. Eso sí contando con una iglesia enorme –de la que ya hablas– y con un gran cuartel de Guardia Civil, similar a los de Almodóvar o Villanueva de los Infantes. Mención aparte, sería la reflexión y análisis sobre las tipologías de vivienda. Que dejo para tu segunda entrega de Fresco infinito oculto en La Mancha.

  • Teodoro Sanchez-Migallon Jimenez

    Gracias José por completar esta historia siempre pendiente de su revisión y reflexión, tantos matices surgen cuando arañas en los rincones de los periodos oscuros del siglo XX para la arquitectura española, y te encuentras con blancos, grises, monumentalidad y ruralidad, tradición y modernidad pujante. La postguerra tiene su análisis, aunque hoy no sea muy “woki”, mi interés recae en el interior de estos templos, en los que se interviene con desparpajo frente a la linealidad oficial, y se producen momentos intensos, en casi todas las iglesias del INC, y en otros muchos espacios, en los que despunta una abstraccion y una modernidad todavía pendiente de madurar en la evolucion arquitectónica de finales del siglo XX
    Es una gran idea aunar esfuerzos editoriales para proyectar al papel estos personajes enterrados por una lectura parcial de la historia

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