Conventos. Los edificios silenciosos [Diego Peris Sánchez]

Convento de las Carmelitas de San José, Toledo.

La vida conventual de clausura ha formado parte de muchas ciudades españolas y de forma singular de Castilla-La Mancha durante siglos. Más de 700 edificios conventuales se levantan en nuestro país. Edificios de fachadas herméticas acogían en su interior grandes espacios para la vida conventual. Claustros, iglesias con sus coros y dependencias en las que se desarrollaba la actividad diaria configuraban ciudades espirituales que albergaban la vida de pequeñas comunidades. Una vida que requiere espacios para la actividad religiosa y para la vida cotidiana con una ordenación singular próxima a una ciudad espiritual interior.

Los conventos y la ciudad de Toledo.

Este mes de noviembre el Consorcio de la Ciudad de Toledo organizaba el Congreso Internacional de Conventos. Los conventos tienen un valor esencial en la ciudad de Toledo. Valores arquitectónicos, urbanísticos y de pensamiento religioso que son manifestaciones de una vivencia que, a lo largo de siglos, ha enriquecido el conjunto histórico.

La presencia de los conventos toledanos comienza desde la conquista cristiana de la ciudad y el propio rey Alfonso VI instaló las primeras comunidades. El apoyo de sectores de poder como el real que realiza numerosas donaciones y concede a los monasterios y conventos beneficios, tierras, rentas y monopolios es esencial en su origen. La aristocracia proporcionó los lugares iniciales para la instalación de los conventos donando casas y solares dentro de la ciudad histórica. Y junto a ello poderes como el del cardenal Cisneros o de las propias órdenes religiosas

Las órdenes religiosas buscan su localización en el interior de la ciudad histórica. Un proceso que se desarrolla a lo largo de siglos consolidando una estructura religiosa a principios del siglo XVI y que tendrá un desarrollo acelerado a finales de ese siglo y principios del XVII cuando se habla de la conventualización de la ciudad.

Plano de situación de los conventos en el casco histórico de Toledo

La presencia de grandes edificios cerrados al exterior con muros de grandes dimensiones que ocultan los interiores configura zonas amplias con una imagen urbana opaca, que tiene calles con grandes muros en toda su superficie. Manzanas enteras como la que ocupa el convento de san Clemente o las que ocupan los conventos de san Pedro Mártir y Madre de Dios o los conventos de las Benitas y las Jerónimas de san Pablo en el sur de la ciudad ofrecen una solución urbanística peculiar. La imagen norte de Toledo se configura, en prácticamente toda su longitud, con la presencia de los edificios conventuales que, en su fachada posterior, abren huecos a las vistas de la Vega Baja. El plano de finales del siglo XIX que levanta el Servicio Geográfico detalla esta zona con el desarrollo interno de los edificios singulares como los conventos.

Fachada Norte de la ciudad. Plano Ibáñez Ibero 1900.

Toledo cuenta a principios del siglo XIX con unos 17.000 habitantes en clara regresión social y económica a pesar de los esfuerzos de las minorías ilustradas. Como consecuencia de la guerra y de las medidas desamortizadoras de José Bonaparte que se ciñeron sobre todo a los bienes del clero regular, se producen graves deterioros en su arquitectura histórica de. En efecto, a raíz de la supresión de las órdenes religiosas (1809), se derribaron sus conventos, al tiempo que en nombre de ambiciosas y urgentes reformas urbanas cayeron gran número de iglesias. El paso de las tropas francesas por Toledo tendría consecuencias desastrosas. Llegarán después la desamortización de Mendizábal en 1837 y poco después en 1855 la de Madoz.

La modificación de la ciudad conventual en el siglo XX.

A principios del siglo XX quedaban, a pesar de los procesos desamortizadores y de los efectos de la guerra civil, un conjunto de edificios conventuales utilizados como tales o con nuevas funciones. En el siglo XX comienza un proceso complejo de valoración de la ciudad conventual de Toledo que se articula en diferentes direcciones:

  • Por un lado, el reconocimiento patrimonial de las construcciones con su protección legal, pero sobre todo con el entendimiento de su interés arquitectónico y urbanístico. Si Toledo tiene 93 edificios declarados BIC el 25 % de ellos son edificios conventuales. Pero curiosamente el reconocimiento de la mayoría de ellos no llega hasta las últimas décadas del siglo XX.
  • Las actuaciones de las diferentes administraciones para la conservación y mantenimiento de este patrimonio con proyectos desde el Ministerio de Cultura y su Plan de Conventos y Monasterios, las realizadas desde la administración regional por la Consejería de Cultura y los proyectos abordados por instituciones como la Real Fundación Toledo y especialmente por el Consorcio de Toledo.
  • La rehabilitación para nuevos usos: culturales, educativos como el universitario y administrativos. Proyectos que modifican la realidad conventual con actuaciones de especial calidad en casos como San Pedro Mártir o la ampliación de San Marcos con la nueva arquitectura del Archivo Municipal.

Procesos que han modificado la vida de la ciudad y su actividad generando nuevas dinámicas en la vida del conjunto histórico.

El patrimonio inmaterial de los conventos.

En la actualidad quedan en Toledo solamente diez conventos en los que siguen viviendo religiosas en régimen de clausura. “La vida contemplativa monástica, en su mayoría femenina, se ha radicado en el silencio del claustro generando preciosos frutos de gracia y misericordia. La vida contemplativa femenina ha representado siempre en la Iglesia y para la Iglesia el corazón orante, guardián de gratuidad y de rica fecundidad apostólica y ha sido testimonio visible de una misteriosa y multiforme santidad” dice la  Vultum Dei quaerere.

Junto a los valores religiosos que representa la vida de los conventos de clausura hay un valor innegable como patrimonio inmaterial que conserva testimonios de una forma de vida, de prácticas de religiosidad y de vida en común especialmente que hay que apoyar desde diferentes instancias promoviendo una apertura de la sociedad hacia esos conventos, de los propios conventos a la sociedad en general con nuevas actividades que permitan su sustento material, abriendo sus espacios a la participación de la comunidad litúrgica y al conocimiento y aprecio de su patrimonio arquitectónico, de bienes muebles y fondos bibliográficos.

La ciudad del siglo XXI, en ciudades como Toledo, es una ciudad diferente con la desaparición de numerosos de sus conventos, la vida cotidiana ha cobrado una nueva dinámica con la presencia de actividades que revitalizan el conjunto histórico de Toledo, pero, poco a poco, va perdiendo uno de sus tesoros intangibles presente en la vida de los monasterios de clausura.

El proceso repetido en muchas ciudades.

La desaparición de las comunidades religiosas por falta de vocaciones va llevando a una situación de abandono de muchos de los edificios que durante siglos han cuidado, con escasos recursos económicos, pero con una presencia que permitía un mantenimiento sencillo de la actividad cotidiana. La realidad que se muestra de forma singular en Toledo está presente en otras muchas localidades de Castilla-La Mancha.

Convento de la Asunción de Calatrava. Almagro. Ciudad Real.

En Almagro han abandonado recientemente las órdenes que mantenían los edificios del convento de la Asunción, el convento de la Encarnación y el de las Bernardas. Un proceso que se repite en numerosas localidades española y que va dejando abandonado un patrimonio de importantes dimensiones. Ya, en Almagro, el antiguo convento de Santa Catalina, de los franciscanos, había sido rehabilitado como Parador inaugurado en 1979 y el convento del Santísimo Sacramento de los agustinos, desamortizado, del que queda exclusivamente la iglesia, de propiedad municipal,  se convierte en esta zona en un gran espacio expositivo y de actividades culturales.

Exposición en la iglesia de san Agustín de Almagro, durante el Festival de Teatro Clásico.

Una situación que requiere una reflexión de sus propietarios, la iglesia o las diferentes congregaciones religiosas, y la sociedad civil planteando nuevos usos para los mismos y garantizando el mantenimiento de sus valores patrimoniales. Rehabilitaciones en las que deberían primar los usos de carácter social y cultural con actuaciones arquitectónicas capaces de mantener los elementos esenciales de la arquitectura conventual original de los edificios.

Diego Peris, doctor arquitecto.

El autor preside actualmente la Fundación Miguel Fisac

 

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