Antonio Fernández Alba [Diego Peris Sánchez]

Campus de la Universidad de Castilla-La Mancha, Ciudad Real. Perspectiva de los edificios departamentales y biblioteca

Cuando se concede la medalla de oro de la arquitectura, el año 2002, a Antonio Fernández Alba, el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España publicaba una monografía sobre su obra titulada “Antonio Fernández Alba. Obra y traza”.

De filiaciones, clasificaciones y convenciones.

En esa publicación, la primera aproximación a la obra de Antonio Fernández Alba la realiza Leopoldo Uría. Desde su presencia en su estudio analiza una primera etapa del Alba Orgánico. “Las etiquetas estilísticas ocultan muchas veces panoramas ideológicos muy complejos o, más aún, contradictorios con los estereotipos; en otras ocasiones, la indudable existencia de un perfil ideológico nítido consolidado ha sido resultado final de un proceso previo con múltiples facetas”.

En sus comienzos la búsqueda de una obra singular en el convento salmantino del Rollo. Una primera identificación orgánica y una posición clara en la recuperación/restauración de la cultura moderna de la posguerra. En su obra del Colegio Nuestra Señora Santa María de 1969, un año anterior al proyecto del Rollo, predomina el racionalismo del ladrillo. Obras que aparecen recogidas en la publicación que Xarait hacía sobre su obra en 1981 pero que desaparecen en la publicación de Espacios de la Norma. Lugares de la Invención de la Fundación Esteyco del año 2000.

El segundo Alba.

Una etapa post-orgánica que no solamente supone un desarrollo complementario de la fase anterior, sino que, aún más, determina una alternativa muy diferenciada de mayor duración en su biografía y con componentes más radicales. Cuando Fullaondo publica en Antrophos una entrevista con Antonio Fernández Alba decía: “Generalmente se le entiende como un arquitecto de un solo ademán. Yo no lo veo así. Le encuentro mucho más proteico de lo que se dice”. En estos momentos se habla de un “endurecimiento” unido al “hermetismo” y una actitud iluminista que determina volúmenes puros. Fullaondo habla de cómo frente al Alba maduro aparentemente sosegado aparece otro crispado por un afán de trascendencia en medio de lo cotidiano. Dedicaría un número de la Revista Nueva Forma a su obra con la que Fernández Alba colaboraba asiduamente con sus textos y reflexiones.

Hay un claro carácter fuertemente volumétrico y objetual. Pero son momentos de confluencias de diferentes arquitectos que van a generar un repertorio formal desde la modernidad profunda de Kahn, a la metáfora de Utzon y a la experimental de Stirling. Aparecen proyectos de un orden kahniano tan radical como la Escuela Politécnica de la Universidad de Alcalá. Otras referencias se hacen patentes en los concursos del Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid de 1965 o los del ayuntamiento de Ámsterdam de 1968 y el del Centro Cultural de Burgos de 1967. En la exposición de 1980 en el Museo de Arte Contemporáneo establece las relaciones entre el convento del Rollo- Santa María del Mar, Colegio de Monfort -Loeches iglesia de la Vera Cruz y Palacio de Congresos – Castillo de Pedraza.

“Con Alba penetra en España el organicismo nórdico, como sistematización coherente de toda una poética que habrá de constituir uno de los episodios decisivos de nuestra renovación cultural. Será esta visión cultural la que habrá de impulsarle hacia el plano de actuación pedagógica a través de una gestión docente en la Escuela de Arquitectura, que en el día de hoy es algo ya completamente inseparable de su específica gestión profesional” decía la revista Nueva Forma en 1967 recogiendo los proyectos de Gijón y Burgos. En 1970 de nuevo la revista Nueva Forma recogía algunos de sus proyectos.

Centro Cultural de Burgos. 1967.

La reflexión teórica.

Antonio Fernández Alba desarrolla una intensa labor por escrito, teórica, analítica y crítica, tan amplia y tensa como la propia obra. Capitel habla de él como arquitecto ensayista. Carlos de Miguel recordaba la disponibilidad de Fernández Alba en el tiempo que estuvo al frente de la revista Arquitectura. Simón Marchan decía que Alba se encontraba siempre mejor entre filósofos y poetas que entre arquitectos.

Antonio Fernández Alba ha compaginado sus reflexiones teóricas con su práctica profesional. Publicaciones sobre la práctica docente como El diseño entre la teoría y la praxis publicado en 1971 por el Colegio de Arquitectos de Cataluña, en 1972 Crisis de la arquitectura española 1936-1978 y Domus Aurea, en 1989, Los axiomas del crepúsculo y Diálogos en la casa de Virgilio  en 1997, Espacios de la norma. Lugares de invención del año 2000, La ciudad herida del 2001, El Escorial, metáfora en piedra el 2004, Las primaveras de Ilión el 2010. Una preocupación por la arquitectura y la ciudad que se degrada en su concepto y en su realización y por ello cuando publica La metrópolis vacía en 1990 la dedicaba a los ciudadanos inteligentes y a los que sufren y soportan el exilio urbano.

Ha recibido numerosas distinciones y reconocimientos desde el Premio Nacional de Arquitectura en 1963, el Premio Nacional de Restauración en 1980, la Medalla de Oro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander en 2001, la Medalla de Oro del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España el año 2002 y el Premio Nacional de Arquitectura a la trayectoria profesional en 2003.

Junto a su trayectoria proyectual y su labor como escritor hay que resaltar también su tarea docente entendida como una prolongación de su actividad analítica y reflexiva. Calvo Serraller hablaba de Fernández Alba con una actividad constante y plural desde una “soledad activa”. Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en 1957, comienza su actividad docente en 1959, como ayudante de la cátedra de construcción de Antonio Cámara. En 1961 pasa a ser profesor ayudante de la asignatura de Proyectos con Luis Villanueva y Javier Carvajal; en 1963 profesor adjunto de la cátedra de Elementos de Composición, de la que formaban parte de la Sota y Carvajal, además de Julio Cano Lasso, José María García de Paredes y Francisco Javier Sáenz de Oiza. El año 1970 ganó la Cátedra de Elementos de Composición, en la que permanecería hasta su jubilación en el año 1997. Una actividad docente que ha influido de forma significativa en su trayectoria profesional tanto en sus reflexiones teóricas como en sus planteamientos de proyecto.

En la publicación del Consejo un apartado titulado De los materiales y sus ritos dice: “las trazas con las que se expresa el arquitecto vienen a ser como hipótesis sobre la forma geométrica del espacio y su organización arquitectónica. Sus grafías reproducen las relaciones de articulación de la materia, su crecimiento y desarrollo, las dimensiones espaciales y volumétricas. El dibujo del arquitecto permite contemplar, por último, los modelos del espacio a través de las geometrías de la historia, huellas de un trabajo que trasfigura la materia en arte”. Los proyectos de Antonio Fernández Alba son de una excepcional calidad desde los planos de definición, las soluciones constructivas y las perspectivas y axonométricas que explican cada proyecto.

Edificio Politécnico. UCLM Campus e Ciudad Real.

El campus universitario de Ciudad Real. La materia de la arquitectura.

Cuando se estudiaba la ubicación del campus universitario de Ciudad Real y se dialogaba con el Ministerio que tenía en ese momento las competencias en materia universitaria surgió el nombre de Antonio Fernández Alba como propuesta consensuada.

Antonio planteó la ordenación general del conjunto universitario y comenzó a desarrollar una serie de proyectos que iban llegando en etapas sucesivas. Desde el primer edificio destinado a la Facultad de Químicas, los edificios de Aulario y Biblioteca, el CICAT y los edificios finales de la Facultad de Humanidades y Escuela Politécnica se configura una gran estructura lineal con edificios realizados en hormigón en todo su exterior o los realizados en ladrillo visto en el CICAT. Se configura un campus unitario en estos proyectos que crea una estructura urbana especialmente cualificada en la ciudad.

Arriba: Planta general de la ordenación del campus de Ciudad Real. Abajo: Facultad de Químicas. UCLM. Campus de Ciudad Real.

En el campus universitario de Ciudad Real están presentes los dos materiales que han sido protagonistas de su trayectoria: el ladrillo y el hormigón. La arquitectura de ladrillo se desarrolla con geometrías fuertes y formas geométricas sencillas. En el edificio del CICAT un juego del cuadrado y el triángulo que se imbrican entre sí con cuidado especial de los huecos y proporciones. Sin embargo, en los restantes edificios el protagonista es el hormigón visto con una presencia de la estructura que se asoma al exterior marcando ritmos y definiendo proporciones totales en el conjunto. Juegos diferenciados en la Facultad de Químicas o en los edificios lineales del Aulario y la Biblioteca o del volumen de forma en L del Edificio Politécnico.

La restauración de monumentos.

En 1999 publicaba el libro De varia restauratione que recorría algunos de los proyectos de restauración realizados en su trayectoria profesional. Proyectos elaborados con un cuidado exquisito desde el estudio del monumento, la documentación gráfica sobre el mismo y las propuestas cuidadosas de actuación. Reflexiones teóricas presentes en diferentes publicaciones, especialmente en la valoración urbana de los monumentos y su significación para la ciudad.

 

Proyectos singulares como el de Real Observatorio Astronómico proyecto original del arquitecto Juan de Villanueva, el Pabellón de invernáculos del Real Jardín Botánico, la restauración del Hospital Clínico de San Carlos en Atocha para su conversión en Centro de Arte Reina Sofía, la Plaza Mayor de Salamanca, la Real Clerecía de Salamanca y el Palacio Ducal de Pastrana. Actuaciones realizadas con el máximo respeto a lo existente y desde una visión personal del monumento y de su posible reutilización.

Propuestas para el concurso de restauración del claustro de la Catedral de Toledo

Leopoldo Uría terminaba sus reflexiones sobre Antonio Fernández Alba diciendo: “un luchador en varios frentes, moviéndose siempre en territorios complejos alejados tanto de una ligereza material como ideológica y, más aún, avanzando cada vez más a contracorriente en un panorama ideológico y operativo que le ha sido cada vez más distante”. Calvo Serraller lo definía como un arquitecto que vivía su “soledad activa”.

El arquitecto Antonio Vélez Catrain, excelente conocedor de su obra, escribía en El País: Antonio fue algo más que un profesional de la arquitectura: un filósofo del espacio; más que un constructor, un buscador en el lenguaje y en la sintaxis de ese espacio. Tal vez encerrado en semejante búsqueda, la obra que nos deja es sobria, serena, callada, y el testimonio de una permanente reflexión sobre lo que en cada tiempo la sociedad reclama para la conformación del paisaje urbano. 

Diego Peris, doctor arquitecto.

El autor preside actualmente la Fundación Miguel Fisac

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  • Gracias Diego, por este resumido relato de Alba, bien estructurado, muy bien apoyado en las diversas publicaciones sobre esta figura perdida entre las neblinas tardomodernas del final del XX, desde el perfil orgánico del que habla Uría en 2002, con la evolución racionalista posterior, bien profundizado en la siempre incisiva revista fullaondesca “Nueva Forma”, fronteriza con las reflexiones y críticas, donde se sumerge este gran teórico, como bien dices, “le gustaba estar entre poetas y filósofos, más que entre arquitectos”, su fase docente, con su explendida bibliografía, rematando el relato con sus obras arquitectónicas, premios, restauraciones y el campus universitario de Ciudad Real, rematando con definiciones de sus estudiosos. Mi experiencia albiana serían los orgasmos contemplativos de sus axonométricas con sombras arrojadas, esas excelsas trazas, representaciones de una abstracción escultórica brutal, acompañadas de la fatigosa lectura de La crisis de la arquitectura española (39-72), con una densidad conceptual, atesora un compendio de críticas organizadas, como por ejemplo “…tradicionalmente en España el funcionalismo ha sido siempre un expresionismo camuflado.”, muy recomendado, aunque duro, incluso en sus contrastados levantamiento gráficos, tan suyos…

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