Le Corbusier: La ferme radieuse y Le centre coopératif. Otra ruralidad [José Rivero Serrano]

Le Corbusier en el pabellón de L´Eprit Nouveau, 1924.

Llevar el campo a la ciudad y la ciudad al campo ha de ser el propósito anatréptico de los nuevos urbanizadores, aunque el enunciado parezca un poco paradójico. Cesar Cort. Campos urbanizados y ciudades rurizadas, 1941.

De esta suerte nos sentimos impelidos a proponer, para la tierra una unidad (nueva o renovada) de explotación agrícola. Le Corbusier. Los tres establecimiento humanos (LTEH), 1945.

¿Cuál es la causa del abandono de la tierra? ¿Cuál será la palanca del retorno a la tierra? Le Corbusier. LTEH, 1945.

Frente a la visión de Le Corbusier como teórico central del ‘Urbanismo funcional’, que opera fundamentalmente en el medio urbano y en la gran ciudad casi en exclusiva, emerge, lateralmente, otra visión peculiar de L.C. obsesionado en la resolución de ciertos problemas del medio rural y del medio agrario, en un periodo complejo y lleno de tensiones y conflictos, que transcurre entre 1930 y 1945. Coincidente, como vemos, con el tiempo de la crisis de Wall Street y la Segunda Guerra Mundial y con la exaltación conflictiva de los totalitarismos como soluciones a las sociedades tecnificadas que iban apareciendo. Ese mismo periodo es el analizado por Franco Borsi en su trabajo El orden monumental. Europa 1929-1939 (1986), periodo que el autor italiano denomina “decenio del diablo” y que transcurre “entre septiembre de 1929 a septiembre de 1939 [es decir], del viernes negro del crack de la bolsa de New York a la invasión de Polonia por Hitler”. Y en esa secuencia temporal hay que anotar la exposición internacional de Paris de 1937[1], donde Le Corbusier concurre con el pabellón de Temps Noveaux, como un presagio de muchas cuestiones que se irán anotando en estos tiempos rejuvenecidos por las distintas revoluciones. Allí, concretamente, junto a diferentes cuestiones se suscita la propuesta de Norbert Bézard sobre la Reforma Agraria, como muestra del interés de Le Corbusier por las cuestiones agrícolas, al acoger en su pabellón dicho tema. De todo ello dice David Arredondo Garrido, en su trabajo Le Corbusier y la reorganización del hábitat rural (2015): Le Corbusier mostró con dibujos, maquetas y textos el proyecto de la granja radiante y, también, el de un centro cooperativo. En ellos expuso las cuestiones: “Reorganización agraria, planeamiento rural para volver a la tierra, no hay urbanización para las ciudades sin desarrollo del campo, la industria aportará el equipamiento. Es la tierra (el tipo de suelo y las estaciones) la que decide, no la gente. La generalización en la agricultura es una receta para el fracaso: primero deben definirse las regiones. Debe crearse una municipalidad rural: Granjas familiares trabajan la tierra, el poblado como comunidad de servicios compartidos, una empresa cooperativa. Proyecto de consolidación del campo para una región claramente definida: La vuelta al campo es posible únicamente a través de granjas familiares apoyadas en recursos colectivos (métodos y equipamiento)”. Más aún, en la Exposición de 1937, según Arredondo, “se mostraba por primera vez una versión elaborada del poblado radiante o centro cooperativo. En las publicaciones anteriores aparecieron esquemas que no pasaban de ser bocetos inspirados en las ideas de Bézard. El diseño definitivo al que llega Le Corbusier en 1937, obviaba la propuesta de emplazarlo sobre una colina que controlara el territorio y se sitúa en un lugar teóricamente plano y bien comunicado. Partía de una organización similar a la de la granja, por lo que una espina central distribuía el conjunto y conectaba el poblado, no ya con los campos, sino con una vía rodada de alta capacidad. Se percibe, de una manera más clara, el deseo de incorporar a la vida rural, condiciones socioeconómicas comparables a las de las ciudades”. Preocupaciones todas ellas, que estaban ya, en ciertas cuestiones, compartidas con Norbert Bézard desde el año de 1934, con la publicación por ambos del texto programático La ferme radieuse et le centre coopératif, del cual se conserva el manuscrito inédito, con fecha de 1942. Incluso en 1938 en el V Congreso del CIAM, Bézard presenta la comunicación Logis et loisirs en una nueva vuelta de tuerca.

Arriba, cubierta de “La ferme radieuse et le centre coopératif”, 1934. Abajo, el pabellón de los Nuevos Tiempos, 1937.

La continuación del debate es mostrada por Arredondo, con la prolongación de “la exposición de la reforma agraria en el pabellón de 1937, permitió a Le Corbusier contar con un material de gran calidad para seguir mostrando su proyecto, y así lo hizo inmediatamente en el V congreso del CIAM. Este fue probablemente el foro que aportó mayor repercusión a la propuesta, al darse a conocer a los más relevantes arquitectos del momento. Sin embargo, recibió la crítica, entre otros, de los arquitectos holandeses cercanos al socialismo. Estos atacaron fuertemente la idea de regionalismo y el modelo de agricultura de pequeña escala en la que los agricultores mantenían la propiedad, opuesto a sistema intervencionista y extensivo que defendían”. Y de aquí arrancarían los conflictos por los diferentes referentes políticos que se movían en el mundo del pensamiento agrícola, como parte de las transformaciones socioeconómicas en curso. Por ello. “La poca aceptación en el Congreso de París no fue óbice para que Le Corbusier continuara madurando estas ideas; así lo reflejan las referencias que hizo a ellas en 1939 tanto en la revista Sillons como en el manuscrito de Sur les 4 Routes; o los comentarios que incluyó en la Maison des Hommes. En 1940 elaboró otro manuscrito que firmó junto a Bézard titulado La Ferme radieuse et le Centre Coopératif. Reorganisation Agraire. Programme de la grande industrie, donde cambió el nombre de ‘village’ por ‘centre’ y ‘radieux’ por ‘coopératif’, enfatizando así en el modelo de gestión”.

Como si ya en ese año previo de 1934, y tras la crisis de 1929, crisis que, con origen urbano y bursátil, va a provocar efectos visibles en el medio rural[2], junto a los derivados, además, por la progresiva implantación de nuevas tecnologías agrarias llamadas a mejorar los rendimientos productivos y, consecuentemente, la renta agraria. Tecnologías agrarias progresivas –y con la analogía con relación a la vivienda, que pasa del dispositivo biológico al científico, antes aún de ‘la máquina de habitar’– que acaban introduciendo mejoras y transformaciones visibles. Entre otras cuestiones diversas, como la mecanización progresiva que se acelera desde 1917 –con los inventos de Ford y de Ferguson-Brown–; el regadío como forma alternativa de explotación, frente al tradicional secano que habían visto en 1930 la aparición de los aspersores; y en 1947 los microtubos de plástico, de posterior desarrollo en irrigaciones diversas. Efectos abiertos y más tarde paralizados, por la iniciación de la guerra en 1939 y la consiguiente prioridad –tras la debacle de ocupaciones, frentes abiertos y bombardeos de ciudades–. Todo ello se visualiza en el trabajo de Marcel Mazoyer y Laurence Roudart, Historia de las agriculturas del mundo (2016) y muy particularmente en la llamada Segunda revolución agrícola de la modernidad. Donde pesan tanto la mecanización como la fertilización y la nueva productividad.

La otra razón de la demora en la publicación del texto La ferme radieuse, es la ubicación política de Bézard, reconocido como un destacado fascista, sindicalista y activista político de Sarthe. Nacido el 7 de junio de 1896 en Loué –región del Loire–, murió en París el 19 de junio de 1956. Colaboró ​​con Le Corbusier en un proyecto de “granja radiante y pueblo cooperativo” (1934) al cual nos referiremos más tarde. El proyecto se ubicaría en el pueblo de Piacé donde residía en ese momento Bézard. Hombre cercano a Philippe Lamour[3] y a Pierre Winter, miembro del movimiento Le Faisceau –suerte de movimiento fascista francés–, en la década de 1930 escribe varios artículos en la revista Plans. Revista de vanguardia sobre arte, arquitectura, ciudad y política creada en 1930 por el abogado Lamour, al igual que en 1932 creará junto a Winter, Prelude que puede entenderse como su prolongación natural. En Plans llegaron a colaborar los arquitectos del momento: Le Corbusier, Walter Gropius y Albert Laprade; también los pintores Léger y Duffy, el ingeniero Pierrefeu y los cineastas André Cayatte, Claude Autant-Lara y René Clair.

Todo ese movimiento de reinvención cultural, rastreable en las revistas PlansPrélude y L’Homme réel, dan cuenta del interés por la técnica y el control del territorio por parte del pensamiento fascista francés y del pensamiento totalitario europeo en general. Inspirándose en particular en el pensamiento de Hubert Lagardelle, pensador francés del sindicalismo revolucionario, también participante en la revista Plans y cofundador de la citada revista Prélude, siendo, después, Ministro de Trabajo del régimen colaboracionista de Vichy.  Sin que llegue a constituir un pensamiento agrario especifico, resulta demostrativo del vínculo del agrarismo en momentos de cambios técnicos visibles –como los citados antes– en el territorio de la agricultura, con los diferentes fascismos y totalitarismos europeos. Si el mundo del trabajo industrial se había vinculado históricamente con el pensamiento y la acción política de izquierdas; el agrarismo político se erige en alternativa política de los totalitarismos de derecha, buscando un nuevo campo de acción en torno a las nuevas realidades agrarias y de aquí la fundamentación de ese campo técnico e ideológico.

Es interesante, en este sentido, apuntar las relaciones que tuvo Ramiro Ledesma –fundador de las JONS españolas– con grupos franceses de los años 30 y la influencia que ejercieron sobre su pensamiento político. Nos referimos a los contactos con los grupos de Ordre Nouveau franceses, la revista Plans y todo el círculo de intelectuales inconformistas que en esa década innovaban en el mundo de la cultura y política gala. Georges Sorel y Hubert Lagardelle fueron los principales sindicalistas del grupo, desde el que difundían la teoría del nuevo agrarismo corporativista. El segundo de ellos escribe en Plans en 1931: “La utopía de la democracia ha despojado al individuo de sus cualidades sensibles, reduciéndolo a la condición abstracta de ‘ciudadano’”. Raúl Morodo, por otra parte, definió el primer semanario de Ledesma como de ‘un fascismo de izquierdas’; demostrando cierta dificultad para su clasificación y ubicación política. Igual que resulta significativo el ruralismo agrarista de la Falange Española – ya unificada con las JONS y los Tradicionalistas, y con posición de gobierno– desde 1939. Observar, por otra parte, en esa secuela de los vínculos de agrarismo con el fascismo, cómo todos los primeros ministros de agricultura de Franco proceden del pensamiento falangista.

Y esta sería la razón de la demora en la recuperación del referido trabajo de le Corbusier: la contaminación política de algunas ideas propias con el mar de fondo del referido agrarismo fascista. Texto que se abre con una declaración de intenciones rotunda, tal como: “Si se quiere urbanizar ‘les villes’[4], se debe equipar el medio rural”. En una suerte de equilibrio –antes del declive poblacional del medio rural o del proceso de vaciamiento– entre la ruralización de las ciudades y la urbanización de los campos, como forma de pautar los desequilibrios.

Portada de la edición española Los tres establecimientos humanos, de 1959.

La fundación en 1942 del grupo ASCORAL [Asamblea de Constructores por la Renovación de la Arquitectura] permitió a Le Corbusier contar con un equipo para afrontar esquemas organizativos a escala territorial. Aujame, Hanning, Dubreuil o el propio Bézard colaboraron en las investigaciones que se recogieron en la publicación de 1945 Les Trois Établissements Humains. Los Tres Establecimientos Humanos –edición española en 1959–, puede considerarse su última gran propuesta urbanística a escala territorial, la cual defenderá hasta el final de su vida. De hecho, comporta algunas revisiones de ideas anteriores, como las propias de La ville radieuse (LVR) de 1929. Frente al esquema exclusivo de la LVR, ahora, algunos años más tarde, el abanico de las formalizaciones urbanas y territoriales propuestas se abre en una triple vía. Mientras tanto, en esos años intermedios del 20 al 59, se habían producido algunas consideraciones nuevas sobre la ciudad y se había experimentado la destrucción de la Segunda Guerra. Desde la Carta de Atenas de 1932 que abría la tripartición de espacios para habitar, para trabajar y para circular, hasta el trabajo de Paul y Percival Goodman, de 1947 Community, que sería curiosamente traducido al español en 1960, con el título Tres ciudades para el hombre. Casi coincidente en el tiempo y en el título con la publicación de la pieza citada de Le Corbusier.

Por más que los Goodman trazaran un recorrido de diversas propuestas urbanas heterogéneas, donde analizan –como un abanico de posibilidades– tres elementos centrales en la sociedad, vistos desde el cierre de la Segunda Guerra mundial, elementos tales como Vida, Trabajo y Síntesis o Simbiosis, que quiere fluctuar entre las dos anteriores. Terceto goodmaniano que dialoga con la tripartición citada de la Carta de Atenas, como fuera Residencia-Trabajo-Circulación. Así, para el núcleo de la Vida –ciudades para habitar–, los Goodman proponen los esquemas organizativos del Cinturón verde o Green-belt, de la Ciudad jardín, de la Ciudad satélite y de la Ville radieuse. Para el Trabajo –ciudades para trabajar o ciudades industriales–, sus esquemas-propuestas son las extraídas de las ideas de los Planes industriales, la Ciudad lineal de Soria y Mata, el Plan de Moscú de 1935 y el Dymaxion de Buckminster Fuller. Y, finalmente, para la Simbiosis –ciudades mixtas– señalan a los Planes integrales; la propuesta de Wrigth Broadacre city; Homstead; la TVA de la recuperación tras la Gran Depresión, de manos del presidente Rooselvet de 1933; y la contraposición de las Granjas marxistas, componen el balance del tercer esquema.

Le Corbusier, más allá de las propuestas para el París hiperurbanizado que compone la parte final del trabajo, formula una visión alternativa de esos tres establecimientos humanos: Agricultura, Industria y Residencia. Quizá la parte más novedosa, por lo inusual. De todo ello ha escrito David Arredondo Garrido, en su trabajo  ya citado Le Corbusier y la reorganización del hábitat rural, donde señala el papel de Bézard como introductor de sus preocupaciones y anticipaciones rurales. Durante el año 1933 Bézard introdujo a Le Corbusier en el mundo rural a través de “una larga, paciente y meticulosa asimilación”. A lo largo de sus visitas a la campiña de la región de Sarthe, en el noroeste de Francia, y de sus reuniones con los agricultores, Le Corbusier apreció una general mala organización y un atraso evidente, en las viviendas e infraestructuras de los agricultores. Así, en el trabajo sobre Les Trois Établissement Humains, recogería unas frase de Gaston Roupnel abogando por la bondad del trabajo cooperativo en el campo: “Los pueblos deberán transformarse en una asociación de trabajadores y en una cooperativa de producción”.

Una vez finalizado el diseño y publicado en diversos medios, Le Corbusier buscó su materialización, pero la disolución de su grupo sindicalista no lo facilitó. Pese a ello se esforzó en intentar construirlo desde 1934 hasta 1942, incluso en otros países, como en Italia. Durante sus visitas al país transalpino y sus intentos de entrevistarse con Mussolini, Le Corbusier se interesó por las propuestas de recuperación agrícola en la zona del Agro Pontino, que acabarían de suponer los bancos de prueba de la Bonifica Integrale, de nítida influencia en las posteriores actuaciones españolas del INC. Le Corbusier, llegó a afirmar que Sabaudia estaba hecha con gusto y llena de buenas intenciones, pero no era sino “una imitación artística de los pueblos bonitos de cualquier sitio” … Por ello, ya desde París, le propuso por carta al Duce Mussolini, que construyera 1400 granjas radiantes en el espacio agrícola recuperado en las Lagunas Pontinas. Estos proyectos, sin embargo, no eran adecuados para ese territorio, de gran extensión, completamente plano y dedicado casi exclusivamente al cereal en explotación extensiva; dinámicas diferentes a las del territorio de bocage [un bosque lineal, o un bosque residual de los antiguos bosques primitivos] en el Sarthe francés. Además, frente al corporativismo fascista con alta intervención del estado, el regionalismo sindical galo, implícito en su proyecto, requería de una gestión descentralizada y la implicación de los sindicatos.

Sin embargo, a partir de 1933, en paralelo al reconocimiento de las singularidades territoriales, geográficas y culturales que demostró tras sus viajes y proyectos en Sudamérica y el norte de África, Le Corbusier estaba estableciendo un orden orgánico en su arquitectura. Un orden nuevo (ordre nouveau) que se conseguiría por medio de la defensa del medio natural, así como de los derechos biológicos universales del hombre real (homme réel), como escribió en la Ville Radieuse: “La granja y el poblado radiantes surgieron como soluciones al problema de una sociedad rural aislada. El progreso industrial había provocado una tremenda desconexión entre lo urbano y lo rural, que se encontraban en mundos diferentes. Frente a ello, la unidad de explotación agrícola, junto con los otros modelos de asentamiento humano, intentaría maximizar la productividad y facilitar la conectividad, lo que reduciría los desequilibrios territoriales existentes. El diseño concreto de las explotaciones agrícolas se realizaría entendiéndolas como asentamientos humanos de primer nivel, en los que se llevan a cabo actividades que deben tener condiciones y servicios de calidad, similares a los que se disfrutan en el medio urbano. Además de su comunicación con las redes territoriales, se les dota de servicios comunitarios que fomenten el encuentro y el intercambio, y se utilizan materiales, técnicas y estándares de confort contemporáneos. En definitiva, se busca conseguir condiciones óptimas de comodidad en la residencia, de eficiencia y productividad en el trabajo y una interesante oferta de ocio y cultura que rompan la marginación del mundo rural. La novedad de la propuesta lecorbusierana es, por tanto, el diseño de una conectividad funcional. Pese a su independencia física, el funcionamiento de los asentamientos depende de los flujos de encuentro y retroalimentación; del intercambio de productos, servicios y suministros que se producirían en los puntos de contacto. Esta visión contemporánea, está posibilitada por las novedades técnicas procedentes del mundo de los transportes y de la construcción. Utilizándose conceptos urbanísticos como el zoning o la conectividad entre redes, y arquitectónicos, como la construcción modular, el uso de estructuras porticadas, la disposición elevada de las viviendas sobre pilotis, la abstracción volumétrica de las piezas, etc”.

José Rivero Serrano, arquitecto


[1] Torres Cueco J y Calatrava J. Una exposición, un pabellón y un libro: Le Corbusier 1937-1938. Abada, 2020.

[2] Bien visible ese efecto en los Estados Unidos, que con el desempleo en las ciudades va a originar el éxodo al medio rural. Y que se materializará con la políticas del New deal de Franklin Delano Roosevelt firmó la Tennessee Valley Authority Act por la que se creaba la TVA, el 18 de mayo de 1933. Con finalidades de puesta en riego, prevención de riadas y producción eléctrica en el valle del Tennessee. La película de John Ford, basada en la novela de John Steinbeck Las uvas de la ira (1940), plantea los comienzos del éxodo desde el Medio Oeste tras la debacle del 29; por su parte la cinta Río salvaje (1960), de Elia Kazan sitúa la acción ya en plena actuación del TVA, hacia 1932.

[3] La revista Plans se publicó entre 1930 y 1932. Primero mensual, pasó a ser bimestral en 1932, pasando de 150 a 32 páginas. Los distintos editores se unirán entonces a la revista Prélude, que se puede decir que la sucedió de 1932 a 1936. La directora de la revista es Jeanne Walter, el editor en jefe Philippe Lamour que firma el editorial. Plans “comprendían una parte doctrinal, una parte destinada a las artes y las letras y finalmente documentos y comentarios críticos”. Esta revista inconformista reflejaba la cultura de los años 30.  

Tras el encuentro de Philippe Lamour y Schulze-Boyzen, aparece una réplica en Berlín, Planen, título que también alude al sistema económico de la planificación soviética.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Philippe Lamour jugaría un papel decisivo en la implementación del plan de desarrollo regional de 1962 y en la creación de DATAR (Delegación Interministerial para la Ordenación del Territorio y Atractivo Regional) fue una administración francesa responsable, de 1963 a 2014, de preparar directrices y aplicar la política nacional para la ordenación y el desarrollo regionales Lamour trabajo en el DATAR entre 1963 a1975 .

[4] En el texto original, L.C. y B. se propone villes, por contraposición a cités

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3 Comments

  • José Ramón Cal

    Gracias Pepe por este intenso relato, que nos revela de dónde venimos y dónde estamos. Pareciera que el bisabuelo LC ya hubiera pensado casi todo, es inagotable. ¿Cuándo seremos capaces de independizarnos de su avasalladora presencia?

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