Un jardín de pájaros esmaltados [Jesús Fuentes Lázaro]

@Antonia Mota

José Aguado Villalba pasaba por las calles de Toledo experimentando sensaciones y descubriendo secretos que él solo comprendía. Desenterraba de “rodaderos” trozos de barro de los primeros habitantes, restos romanos, lacerías anónimas, tejas de colores opacadas por el paso de siglos, indicios de cerámicas de reflejos metálicos. Discutía con firmeza cuál era la tonalidad adecuada de las llamadas lozas doradas. Y hasta descubría, aunque no existieran, jardines artificiales, como los de Babilonia o Nínive, con pájaros, reales o articulados, tan naturales los últimos como los primeros. Toledo, sus calles, sus paisajes, sus edificios y su historia representaban para José Aguado el mundo que él conocía a fondo y el que quería reinventar. De eso iba a ir la totalidad de su obra: de moldear el barro a la manera de un dios humano y plasmar en ese material paraísos artificiales, pero cercanos. Continuar leyendo

Por Toledo en el siglo XII (y II) [Jesús Fuentes Lázaro]

@Antonio Esteban Hernando

SEGUNDA PARTE

Gerardo ha venido a Toledo porque ha oído hablar en Cremona y en Chartres de la ciudad. Se contaba que guardaba libros únicos de  la antigüedad, libros originales o traducidos de los sabios árabes, que huían de los almorávides o de los belicosos reinos cristianos del Levante. Ya en Toledo, aún se contaba con emoción, la última gran entrada de libros. Para la ciudad, en exclamación de Galib, la llegada de nuevos libros, iba a resultar la fiesta del libro, no por reiterada, menos atractiva. Continuar leyendo

Por Toledo en el siglo XII (I) [Jesús Fuentes Lázaro]

@Antonio Esteban Hernando

PRÓLOGO

La declaración de “Estado de Alarma” por la aparición de un virus incontrolable suspendió la realidad. Pero no solo el presente, también el futuro, se  congelaba. Quedaba únicamente el pasado. Recordar el pasado nos podía mantener en una cierta sensación de continuidad. Pero ¿qué periodo del pasado elegir para no perder la seguridad de la pertenencia? Lo aconsejable: un tiempo en el que casi todo pudiera ser “inventado”. Un siglo propicio podía ser el XII. Tan lejano como para que pudieran cohabitar, sin molestos chirridos, la realidad de los sucesos con la irrealidad de lo imaginado. Aunque, lo advierto, nada de relacionarlo de la serie “El Ministerio del Tiempo”. Continuar leyendo

El ascenso del nazismo [Jesús Fuentes Lázaro]

@Antonio Esteban Hernando

 -¡Mira, mamá! ¡Un muñeco de nieve!, aplaude y grita un niño pequeño.

 -Así muere, abandonándose al frío, el protagonista de la novela “Un hijo de nuestro tiempo”. Continuar leyendo

El hombre que veía colores [Jesús Fuentes Lázaro]

Luis Pablo Gómez Vidales es el hombre que pasa por la calle y saluda a los presentes. Es el hombre campechano, como si fuera de Ocaña, que estudia la vida, el arte, la antropología, la tradición hebrea o habla contigo de sus inquietudes o su visión ecuménica del mundo. El hombre que mira los objetos, las plantas, los edificios, los humanos o los demás seres vivos o inertes y los ve de color, en colores. Cada uno se muestra con su propio color, dice con la espontaneidad del quién habla de lo extraordinario y lo normal como si formara parte habitual de su existencia. ¿Eres sinestésico?, le pregunto. Y contesta que cree que no, que ha tenido la misma mirada desde que era pequeño. Sostiene, entre dudas, que el mundo es de colores, aunque la existencia y la vida cotidiana se le antojen opacas y oscuras. Continuar leyendo

Durante la Guerra Fría [Jesús Fuentes Lázaro]

@ Antonio Esteban Hernando

Hay libros capaces de crear su propia emoción. Nada parecido con aquel otro que antes te emocionó o con la que te producirá el que leerás en el futuro. En mi caso, la más cercana emoción  la he sentido con la novela Los secretos que guardamos”, de Lara Prescott, editada por Seix Barral. La novela se sitúa durante la Guerra Fría. En las tramas que la CIA pone en marcha para publicar en Occidente, como instrumento de descrédito del régimen comunista, la novela prohibida en Rusia, de Boris Pasternak, “El doctor Zhivago”. Continuar leyendo

Borges, el hexágono y la Universidad Laboral [Jesús Fuentes Lázaro]

“Vórtice” José Mª de Labra (1979) Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma

Para quienes no conozcan la narración de Borges La Biblioteca de Babel, este texto les supondrá alguna sorpresa. Incluso alguien pensará, cuando se adentre en él, que se emplean cañones para atrapar mosquitos. Tal vez sea la forma de atraer la atención de los que no quieren darse por aludidos. ¿Qué tienen en común una narración  del autor argentino con la antigua Universidad Laboral de Toledo, en la actualidad IES? A simple vista, nada. Pero, sigan leyendo. Continuar leyendo

Colombia, tras los Acuerdos de Paz [Jesús Fuentes Lázaro]

@Antonio Esteban Hernando Colombia/Fuentes Hombre de Palo

Leí, hace ya tiempo, la novela de Santiago Gamboa “Perder es cuestión de método”. Me sugirió una nueva forma de “novela noir” sin injerencias anglosajonas. La técnica narrativa, más el equilibrio de la trama, me dejó impactado. Después, perdí la pista del autor, hasta ahora. Y ha vuelto a suceder aquel fenómeno de sentirme ante una narrativa cercana, con la publicación en España de la novela del mismo autor Será larga la noche”, editada por Alfaguara. Si entonces me entusiasmé con la arquitectura, aparentemente sencilla, de la trama y con el empleo del lenguaje hablado de Colombia, ahora la precisión es mayor y la percepción de lo narrado es más completa y eficaz. Continuar leyendo

De las Memorias de Manuel Fuentes (y II) [Jesús Fuentes Lázaro]

Extractos y puesta a punto de la Memorias del escultor

Segunda parte

En un patio de vecindad la vida de los demás carece de secretos. Cuando no estábamos en el colegio, el resto lo pasábamos en el patio o en la calle, menos en invierno que lo hacíamos al brasero de carbón y picón, escuchando novelas o consultorios sentimentales en la radio. Y ahí estaba Miguel, trabajando en su casa y sacando, según la madre, un buen sueldo. Preparaba las piezas que servían para incrustar los hilos de oro del damasquinado que se vendían en las tiendas florecientes de aquellos años. Abundaba la gente en estos trabajos. Era una forma de completar sueldos, siempre cortos, y más para mantener familias que crecían. En mi caso, me siguió una hermana, Esperanza, y más tarde otro hermano, José Luis. Cambié el trabajo de monaguillo por el damasquinado. Me serviría para descubrir que tenía ciertas habilidades en las manos y una inclinación fácil hacia el dibujo. De manera espontánea, empecé a dibujar. Continuar leyendo

De las Memorias de Manuel Fuentes (I) [Jesús Fuentes Lázaro]

 

Extractos y puesta a punto de la Memorias del escultor

Primera parte

Lo más terrible iba a ser el silencio. Silencio abismal. Los últimos meses, desde el diagnóstico inicial, fue como si se hubiera fundido. Como una máquina que deja de funcionar. Sin corriente, sin energía, sin los impulsos que le habían  transportado desde la infancia hasta el deseo de inmortalidad que había buscado trabajosamente con sus obras. Continuar leyendo

La novela del mal [Jesús Fuentes Lázaro]

@ Antonio Esteban Hernando

Publicado en este mismo “blog hombredepalo” el texto titulado Mujeres del bosque”, con citas de la novela”, “La Chica”, de Edna O´Brian, me di cuenta que había cometido un error. Para identificar el tipo de “horror” que se describe en la narración, me refería al “horror” que Joseph Conrad  cuenta en su novela “El Corazón de las tinieblas”,  descripción absoluta del mal. Mi error consistió en creer que todos los lectores conocerían la obra de Conrad. Me equivoqué. Como comentaría algún lector del texto publicado en el blog, con dibujos de Antonio Hernando, no se conoce la novela y hasta se ignora que  sirviera de base  para el guión de la película de Coppola,Apocalypse Now”. Continuar leyendo

Mujeres del bosque [Jesús Fuentes Lázaro]

@ Antonio Esteban Hernando

Un día leemos o escuchamos una noticia que nos conmueve. Días después, nos olvidamos. Borramos la noticia, liberamos espacio y lo llenamos  con otra nueva noticia más actual, tal vez más impactante. En los días sucesivos volveremos a repetir el mismo proceso en bucle hasta el infinito. O mejor,  hasta que el cerebro aguante. La tragedia se incrementa cuando, transcurridos días o meses,  nadie  cuenta la evolución o desenlace, si los hubo, de aquellos acontecimientos. Y así continuamos con nuestros asuntos diarios sin dejar de comentar, eso sí,  lo mal que va el mundo. Continuar leyendo