Arquitectura, ciudad, técnica (II) [José Rivero Serrano]

Gross Stadt, 1927.

2. PENSAR/CLASIFICAR: LLENO Y VACÍO

La sobreabundancia de documentos, teorías, textos diversos, escritos, reflexiones y monografías producidos en los últimos cuarenta años en torno a la ciudad, exponen tanto un marco gravitatorio sin imagen y sin teoría, como la gravedad técnica de un problema ya imaginado. Como si todos los Programas, Manifiestos y Declaraciones se hubieran resuelto y proclamado en el primer tercio del siglo pasado, y hubieran dejado, ya agotados, para el último tercio toda la resaca de las insatisfacciones y toda la evidencia de la marea creciente. “Pensando sobre lo que es una metrópoli y leyendo autores varios se adquiere la idea, rara tal vez, de que los urbanistas y teóricos de la ciudad, al inicio del siglo XX fueran mucho más modernos prospectivos sobre el futuro de las ciudades que son hoy algunos expertos. Se tiene la sensación de frescura intelectual extraordinariamente contemporánea cuando leemos textos de Patrick Geddes, Georg Simmel o Lewis Mumford[i].

Un nudo de fuerzas y reflexiones agolpadas, que exponen tanto una abundancia temática universalizada como una escasez conceptual[ii] y técnica, que ya se prolonga y que revela el vacío posterior a 1933 con la publicación de la Carta de Atenas. Documento que partiendo de análisis razonables y asumibles (“La mayor parte de las ciudades estudiadas ofrecen hoy la imagen del caos” en el punto 71[iii]; “Las dimensiones de todas las cosas del dispositivo urbano sólo pueden regirse por la escala humana” en el 76; o en el punto 95, “El interés privado se subordinará al interés colectivo”), ya revelaba los inconvenientes de la zonificación (“Las claves del urbanismo se encuentran en las cuatro funciones: habitar, trabajar, divertirse, circular”, del punto 77) y la ambivalencia de la presencia de la técnica. Si el caos denunciado en el punto 71, aludía “al desorden que introducía el maquinismo” o la conclusión del apartado 94: “El resultado es catastrófico y casi uniforme en todos los países. Es el fruto amargo de cien años de maquinismo sin dirección”. Ese mismo maquinismo fascinado era visto, por otra parte, como elemento liberador en el apartado 80: “Los vehículos mecánicos deberían ser agentes liberadores”.  Aunque tales desvelos programáticos, son leídos por Oriol Bohigas de otra forma: “Las vanguardias lo decían todo al revés: difusión territorial, zonificación, dispersión del espacio público, negación de las formas establecidas de la ciudad convencional y especialmente de la ciudad que Benevolo denomina ‘ciudad neoconservadora’[iv].

En ese conflicto de intereses, entre la crítica a los efectos urbanos del maquinismo rampante y de la esperanza salvífica en las bondades técnicas que se abren con el progreso material, se ejemplifica parte del conflicto que pivota sobre la ciudad y se prolonga, consecuentemente, en la misma arquitectura. Ya que la posición central de la arquitectura en la nueva ciudad presentada en la Carta de Atenas no deja lugar a dudas: “La arquitectura es responsable del bienestar y de la belleza de la ciudad. Se encarga de su creación o su perfeccionamiento y a ella incumben las opciones y la distribución de los distintos elementos cuya proporción adecuada constituirá una obra armoniosa y duradera. La arquitectura es la clave de todo[v].  Definida ya, estricta y básicamente, esa nueva arquitectura desde sus cualidades técnicas y maquinistas que quieren objetivarse como un Nuevo Maquinismo estético y moral. La arquitectura ‘maquinizada’ y tecnificada, como la canta un entusiasta Banham, ¿qué efectos podría provocar sobre la ciudad? ¿La vindicación potente del higienismo?, ¿la conquista de las alturas edificadas, liberadoras del suelo para el esparcimiento? O ¿la desestructuración urbana como prolongación del ‘Plan libre’ en la vivienda? Estas circunstancias son vistas por el mismo Banham como: “Cualquier hecho digno de identificarse durante estos años estará necesariamente ligado a algún aspecto de las transformaciones experimentadas por la ciencia y la tecnología, transformaciones que han ejercido gran influencia sobre la vida del hombre y han abierto nuevo caminos de elección en el ordenamiento de nuestro destino colectivo”[vi]. Es decir, que tal vez Banham volvía, treinta años más tarde, al conflicto señalado ya en 1933 entre Máquina y Técnica, como muestra de un designio contemporáneo de la Gross stad definida en 1927 por Hilberseimer. Quien aventuraba, en fechas tan tempranas: “La gran ciudad es un producto del desarrollo económico de los tiempos modernos. Es la consecuencia natural y necesaria de la industrialización del mundo[vii]. Industrialización que lleva de forma inherente a principios de seriación, abstracción y repetición; como él mismo reconoce: “las grandes ciudades se parecen tanto entre sí en ciertos rasgos que puede hablarse de una internacionalización de su aspecto”. Industrialización y seriación como tabla salvadora, en la que Hilberseimer coincide, sorprendentemente, con Henry Ford. Para quien la ciudad moderna, ha sido despilfarradora, y consecuentemente se impone en ella la codificación de los nuevos procesos productivos y de la moral calvinista de la producción en serie.

Las ciudades del futuro, 1970. Michel Ragon.

Regidos los principios de diseño por la eficiencia productiva y por la simplificación formal; para hacer efectivos el derecho universal al disfrute, tanto de un automóvil estandarizado como de una ciudad repetible y seriada. Y, tal vez, desde estas matrices estandarizadas de la zonificación moderna y de la abstracción de la producción en serie, puedan otearse algunos de los problemas de la pérdida de sus imágenes y del hundimiento de su significado histórico. Pese a la técnica y a esfuerzos anticipatorios por el bienestar; como el desplegado por Michel Ragon en 1970 con su prospección futurista, que se abre con un solemne interrogante al pie de foto de una criatura menuda: “Este niño llega a un mundo en transformación, ¿cuáles serán las ciudades del futuro?[viii]. Viejas imágenes, para un mundo nuevo.  Salvo que ya, a estas alturas, estemos hablando de otras cuestiones y de otras realidades cotidianas. Por que hoy, a ochenta años vista de las conclusiones de Hilberseimer, los relatos son bien otros[ix] y el caos reciente se sigue asemejando al descrito en los años veinte y treinta. Con la mostración de que ni la Técnica salvífica ni el Maquinismo creciente han sabido restituir y limitar los problemas y su género.

José Rivero Serrano, arquitecto

 

[i] Un reto abierto. www.tdx.cesca.es/tesis

[ii] Esta es la exposición en parte del trabajo ‘La ciudad en el espejo’ de  Del Caz, Gigoso y Saravia. Revista de Occidente. El retorno de la ciudad. Elogio del urbanismo. nº 275, abril 2004. Páginas 78-104.

[iii] Todas las citas de la Carta de Atenas provienen de Conrads U. Programas y manifiestos de la arquitectura del siglo XX. Lumen, Barcelona, 1973. Páginas 210-226. Pueden consultarse igualmente: Le Corbusier. Principios del urbanismo. (La carta de Atenas). Ariel, Barcelona, 1971. Páginas 113-140.  VV.AA. Marchán Fiz S. Editor. La arquitectura del siglo XX. Textos. Alberto Corazón, Madrid, 1974. Páginas 304-307.

[iv] Bohigas O. Contra la incontinencia urbana. Reconsideración moral de la arquitectura y la ciudad. Electa, Barcelona, 2004. Pagina 132.

[v] Esta es la misma idea sostenida por Díaz del Corral J. Superestructuras de megadiseño y otras miserias. Archipiélago nº 62. Crisis y reinvención de la ciudad contemporánea, 2004.

[vi] Banham R. Teoría y diseño arquitectónico en la era de la máquina. Nueva Visión, Buenos Aires, 1965. Página 9.

[vii] Himberseimer L. La arquitectura de la gran ciudad. Gustavo Gili, Barcelona, 1979. Página 1.

[viii] Ragon M. Las ciudades del futuro. Plaza Janés, Barcelona, 1970.

[ix] Bastaría analizar algunas de las reflexiones últimas producidas a caballo de los acontecimientos más recientes. Magnazo Lampugnani V. La ciudad normal. Babelia, 30 diciembre 2000. Fernández Galiano L. Epifanía el perfume. Babelia, 6 enero 2001. Ídem. Benidorm en positivo. Babelia, 2 agosto 2002. Ídem. Urbanismo basura. Babelia, 5 julio 2003. Ídem. El urbanauta ante el muro. Babelia, 27 diciembre 2003. Ídem. Mundo burbuja: la esfera inmobiliaria. Babelia, 31 diciembre 2004.

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