Peregrinar a la Bienal [Diego Peris Sánchez]

Todo creyente peregrina alguna vez en su vida al lugar sagrado, al espacio que considera la fuente de sus creencias. La Meca, Roma y diferentes santuarios reciben la visita de los peregrinos año a año. Los arquitectos, creyentes de su trabajo, peregrinan en alguna ocasión a Venecia, lugar de celebración de la Bienal de Arquitectura.

Venecia puso en marcha un proyecto cultural hace ya décadas para fomentar la actividad de la ciudad histórica y establecer lazos de la ciudad con la cultura en sus diferentes manifestaciones: artes, danza, música cine y arquitectura. La Bienal de Arquitectura se celebra como su nombre indica cada dos años y ocupa básicamente dos espacios: los Giardini y el Arsenal.

Arsenal. Corderie-Artiglierie

Llegar al Arsenal es recorrer una Venecia diferente, de zonas tranquilas, de casas más humildes asociadas a esas imágenes de la ropa tendida que ahora se convierte también en instalación artística de reivindicaciones varias.

El Arsenal, antiguas instalaciones rehabilitadas, es un espacio de arquitectura industrial de especial atractivo. En Corderie-Artiglierie se da cabida a arquitectos de primera fila de diferentes países. En este año 64 propuestas de Aires Mateus, Siza, Mario Botta, Moneo, Toyo Ito… Cada arquitecto hace su propuesta que se convierte en una instalación más o menos afortunada. Me detengo en tres propuestas españolas especialmente interesantes por diferentes razones. Paredes Pedrosa presentan una propuesta de diseño exquisito con maquetas de volúmenes, pequeños dibujos de axonométricas de edificios y un grupo de fotografías de gran tamaño. Una propuesta cuidada en su diseño casi minimalista capaz de convivir con algunas pretendidas grandes actuaciones. (El proyecto del Museo visigodo de Mérida en construcción está en la exposición. El de Toledo en el sueño de los nobles olvidos).

Otro proyecto atractivo es el de Flores y Prats con el título de “Luz Líquida”. Una fotografía reproduce a escala real el espacio de la sala Beckett. Y a partir de ahí todo un trabajo detallado de maquetas que se reinventan, de detalles constructivos dibujados y rotulados a mano, maquetas de cada uno de los huecos de carpintería. Un reencuentro con el buen hacer de la arquitectura cuidada y del detalle. Y un tercer proyecto es el de Carmen Pinós que presenta de forma escueta una maqueta de uno de sus edificios. Una obra de calidad singular que en su trayectoria profesional va dejando proyectos de especial interés. La torre para los oficios de Guadalajara (Méjico). El proyecto “Cube” contiene una función de trabajo, dice la presentación, con ingredientes “extras” de generosidad y poesía.

Hay instalaciones atractivas y muchas de ellas de reducido interés. Cuando los arquitectos pasamos a realizar “instalaciones” tenemos aciertos, pero muchos errores. Debo confesar, por ejemplo, mis dudas sobre la instalación de los premios Pritzker ERC en otro lugar de la Bienal con sus discos colgantes, suelos y techos de plástico. Lo más impresionante de todo sigue siendo ese contenedor lineal de grandes dimensiones con las columnas circulares de ladrillo y las estructuras de madera de cubierta que dan cabida a este conjunto de propuestas.

Arsenale Nord.

Entre las múltiples propuestas, en esta zona se da cabida a una serie de países que no tienen pabellón en los Giardini y que presentan proyectos de muy diferente formato. La de Argentina era especialmente sugerente con unos murales trasparentes de pequeña altura que presentaban bocetos de diferentes edificios de arquitectura contemporánea. Y en el centro, un contenedor negro que en su interior albergaba un juego de espejos con plantas y vegetación especialmente atractivo. Y así Macedonia, Singapur, Luxemburgo, Turquía, Canadá… hasta llegar al pabellón de Italia de grandes dimensiones que presentaba una propuesta de trabajo cooperativo especialmente atractiva.

Giardini.

Es la zona que corresponde al principio de la organización de la Bienal donde los diferentes países construyeron desde las primeras décadas del siglo XX sus pabellones. La propia arquitectura de estos edificios bien merece un recorrido. El de Italia es un edificio de 1895 de Enrique Trevisanato. Y a partir de ahí el proyecto de Finlandia de Aalto de 1956, el de España de Javier de Luque de 1922, el de Israel de Zeev Rechter o el de Venezuela de Carlo Scarpa de 1956. Las taquillas son de 1951 de Scarpa y el Libro de la Tienda de Stirling de 1991

Y en estos pabellones, este año con el slogan Free Space, los países presentan sus propuestas. España lleva varias ediciones apostando por la presentación de proyectos de Escuelas de Arquitectura seleccionadas por el comisario de cada año. Este año la comisaria es la  arquitecta Atxu Amann que ha restaurado el edificio y ocupado las paredes del mismo con 143 propuestas de diferentes escuelas de arquitectura.

Elegir entre los diferentes pabellones es difícil, pero señalo algunos especialmente atractivos. El pabellón de Israel de extrema severidad formal presentaba una propuesta atractiva desde el punto de vista del urbanismo y la arquitectura. Una posible intervención en el espacio frente al muro de las lamentaciones. In Statu Quo: Architecture of Negotiation es el nombre de la propuesta. Los arquitectos Finkelman, Deborah Pinto Fdeda, Oren Sagiv y la comisaria (ahora la traducción inglesa dice curadora) Tania Coen-Uzzielli analizan los complejos mecanismos del ‘Status Quo’ dentro de los espacios sagrados compartidos en Israel-Palestina. Una gran maqueta de colores en la planta baja deja lugar a las maquetas de volúmenes blancos de la planta superior que comienzan con una propuesta de Louis Khan de los años sesenta y sigue con diferentes propuestas presentadas a lo largo de los años.

 

El Pabellón central alberga todo un conjunto de propuestas diversas especialmente atractiva. Dos de ellas me interesan de manera singular. El taller Zumthor presenta un grupo de maquetas del estudio de Peter Zumthor. Maquetas de trabajo, en las que el entorno, los materiales de que están hechas son una referencia de lo que la obra quiere ser. Las termas realizadas con piedra, la capilla de Brother Klaus con troncos de madera redondeada o el Museo de la mina de zinc Allmannajuvet en Sauda (Noruega), rodeado de mineral de la zona. Modelos (model en inglés es traducido por maqueta en castellano) de lo que la arquitectura pretende.

Y junto a ello la gran maqueta de BIG con volúmenes de madera limpios y el entorno del Manhattan inundado en 2050 por la subida del mar como propuesta utópica o de aviso a navegantes.

Peregrinar para aprender

La Bienal de Arquitectura de Venecia es un buen lugar para aprender algo de la arquitectura contemporánea. Está abierta desde mayo hasta noviembre y pasadas las fiebres inaugurales este mes es un buen momento de visita. Es un espacio para sentir que hay cientos de propuestas sugerentes en muchos rincones del mundo que te hacen sentir humildemente un pobre peregrino en tu tierra de origen. Pero también para sentir con orgullo que la arquitectura sigue siendo una aportación esencial a la vida de la comunidad, a las ciudades actuales que soñamos mejores.

Diego Peris, doctor arquitecto.

El autor preside actualmente la Fundación Miguel Fisac

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