Cuenca, concepto abstracto [José María Martínez Arias]

La actriz Geraldine Chaplin en el Museo Abstracto de Cuenca en 1966. L.López

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Coincidiendo con el reciente fallo del Premio Nacional de Arquitectura en la ciudad de Cuenca dentro del II Congreso Internacional: Arte, Ciudad, Paisaje, que menos que echar nuevamente la vista atrás para buscar la analogía con la incorporación de la colección de arte abstracto Español en esta ciudad allá por 1966.Tal decisión, volvería a poner a la figura del artista en el eje motriz de la vitalización urbana y cultural de nuestras ciudades, haciendo trascender “pequeños gestos” al nivel de notables decisiones sociales cara al futuro.

El alma del arte es perseverante y tozuda, sigue una única dirección hasta encontrar el espacio-tiempo que le ha sido dado y ante este caso, nadie podría cuestionar tal realidad. Por lo tanto, este suceso ocurrió en el momento justo y en el lugar que le correspondía. Como dictó el crítico de arte Ludwig Hevesi ante el pabellón de la Secesión vienesa en 1897:

“A cada tiempo su arte, a cada arte su libertad”

La identificación de la naturaleza como símbolo desde siempre nos ha diferenciado del resto de seres vivos, habitamos en paralelo a la naturaleza pero al mismo tiempo formamos parte de ella, y quizás por esta separación difusa en la percepción de la realidad, descubrimos el concepto de abstracción. En este momento, las palabras dejaron de tener valor para expresar ideas de tal magnitud y apareció el lenguaje poético. Dicho concepto no ha sido inventado desde la nada, siempre estuvo presente en la relación del hombre con su propia realidad, pero fue a través de la interpretación de esta naturaleza como símbolo cuando el hombre aprendió a mirar de otra manera.

Siendo conscientes de lo que podemos entender por abstracción, imaginemos un lugar desconocido llamado Cuenca. Si lo repetimos en voz alta, notaremos cómo la cualidad fonética de una palabra tiene tanto peso como la percepción espacial, olfativa o táctil de la propia realidad. El valor sonoro de esta idea, persigue de igual manera el mismo camino con intenciones muy precisas en la esencia del arte, porque no olvidemos que el arte es una manifestación de la propia naturaleza:

[‘kweŋ ka]

Cuenca posiblemente nos pueda sugerir una cavidad matérica, llenos y vacíos, geología o un recipiente arcaico de formas primitivas…Una paleta de términos que acaba por definir el concepto mismo de la ciudad y al mismo tiempo, generan la idea de la abstracción mucho antes de que el hombre fuera consciente de su existencia.

Allá donde sus hoces abruptas modeladas por los siglos se convierten en arquitectura, nadie podría identificar el límite exacto donde lo natural se transforma en artificio y no obstante, somos plenamente conscientes que en tal paisaje coexiste una dualidad de extremos que lo hace único. Ante esta labor alquímica en la cual se genera un nuevo elemento, la abstracción surge  como resultado de la interacción del hombre en la naturaleza a través del tiempo.

Precisamente en la vieja Cuenca vimos a la remota tradición popular abriendo los brazos a la vanguardia, un lugar donde ambos extremos de esta dualidad nunca pudieron estar más lejos y a la vez más cerca el uno del otro. Una vez más, lo figurativo se transforma mediante la medida proporción de los tres ingredientes: Hombre, Naturaleza y Tiempo. Antes de que un grupo de artistas liderado por Fernando Zóbel buscara con tan buen criterio la sede que debía recoger lo más granado del moderno arte español, Cuenca ya era por méritos propios una ciudad abstracta y ellos lo sabían.

La experiencia casi meditativa de la contemplación de la obra abstracta, debía por tanto acontecer en el lugar correspondiente. En esta ciudad de luz y silencio, la naturaleza del arte decidió reposar en su recinto sagrado la magnífica colección que Fernándo Zóbel reuniría para ser expuesta al mundo.Cartel de 1973 con vistas axonométricas del museo.Como todo acto contemplativo, se requería de distancia, silencio y vacío; donde el espacio expositivo así lo permite. La arquitectura popular al servicio del arte más puro: Espacios concatenados en pequeñas salas, sorpresa en el recorrido, paredes blancas de cal y suelo de piedra ibérica. En este cofre inmaculado, la obra de Chillida, Oteiza, Palazuelo o el propio Zóbel, dialoga con el paisaje figurativo que penetra por las ventanas. Nuevamente surge la dualidad: Naturaleza y Símbolo se dan la mano para concentrar en este lugar recóndito, la manifestación más sublime en la experiencia del arte.

A través del interesante documental de la serie “Imprescindibles”, atestiguamos una vez más, la importancia del artista en la trascendencia del alma de nuestras ciudades.

José María Martínez Arias

Enlace al documental “Colgados de un sueño (Fernando Zóbel)” de la serie Imprescindibles de TVE.
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