¿Un círculo megalítico en Totanés? [Cota 667 Arqueología Y Patrimonio]

Vista general del círculo de piedras de Totanés al inicio de los trabajos

Durante los últimos días han sido publicadas diferentes noticias y se han realizado varias actividades en torno a una posible estructura megalítica localizada en el municipio toledano de Totanés (Toledo). Tomen nota: a lo largo de este artículo vamos a hablar siempre de posible, ya que el estudio arqueológico, que desarrolla este equipo, todavía se encuentra en realización y determinará, con el paso de los meses, la cronología de este círculo de piedras.

Indudablemente, crómlech o no, monumento megalítico o creación de una época histórica posterior, la estructura es claramente antrópica, es decir, ha sido ejecutada por la mano del ser humano. Sus pesadas piedras han sido colocadas creando una forma claramente circular de unos quince metros de diámetro. La posición, el tamaño y las características de las mismas lleva inmediatamente a pensar en el fenómeno del megalitismo, encuadrado entre el Neolítico y el Calcolítico o Edad del Cobre (la primera de las Edades de los Metales). Más concretamente a una de sus expresiones, la de los círculos de piedra o crómlech.

Ante todo, ha de señalarse que, aunque este sería el único crómlech existente en nuestra región, sí existen en la provincia de Toledo otras manifestaciones del megalitismo. Por ejemplo, el mundo funerario de este periodo queda especialmente representado por otra estructura megalítica: el dolmen. Algunos de los más destacados de la provincia son el de Azután, el de La Estrella o el de Navalcán. Por otro lado, quedaría por señalar la manifestación más sencilla del megalitismo, el menhir. Nada tiene que ver con Obélix, a pesar de esa clara referencia en nuestra imaginería popular. Se trata de una piedra esbelta que se hincaba muy probablemente con un fin de tipo señalizador en el paisaje.

¿Conocemos otros casos de crómlech en la península ibérica? Sí, tenemos constancia de algunos de ellos. El más famoso de todos es sin duda el Crómlech de los Almendros, situado cerca de Évora (Portugal), que cuenta con una gran envergadura y complejidad debida a sus distintas fases constructivas (desde el sexto al tercer milenio a. C.). Otros casos presentes en la Península son los de Oianleki, en Guipúzcoa, aunque de menor envergadura y más tardíos que el anterior, y los denominados crómlech pirenaicos, que son incluso más tardíos (se han datado en la Edad del Hierro, hacia el primer milenio a. C.). Más allá de los Pirineos, en el Reino Unido, se encuentra el más famoso de estos círculos de piedra o crómlech, el conocido Stonehenge. Unos y otros, a pesar de sus diferencias de tamaños (tanto de piedras como del diámetro del círculo) se engloban dentro del fenómeno del megalitismo. Es decir, si se confirmase que la estructura de Totanés es un crómlech, este y Stonehenge pertenecerían a la misma tipología megalítica.

Stonehenge (1), Crómlech de los Almendros (2), posible crómlech de Totanés (3) y crómlech de Oianleki (4)

La gente siempre nos dice: muy bien, pero ¿qué se hacía en uno de estos círculos de piedra? Esto aún sigue siendo un debate entre los investigadores. Parece ser que en la mayor parte de los casos no están vinculados con el mundo funerario, sino con el mundo de los vivos. Entre las diversas teorías se menciona su uso como espacios de encuentro, de reunión o de ritos religiosos. También existe la que les relaciona con los fenómenos astronómicos, como los solsticios y los equinoccios, de modo que funciona como una especie de indicador de las estaciones. Para estos pueblos, ya agrícolas, pero sin calendarios o relojes, podía ser un recurso de gran utilidad conocer el inicio y el fin de cada estación.

¿Cómo fue la localización del posible crómlech de Totanés? Ildefonso Gutiérrez, actual alcalde del municipio, desde muy niño tuvo conocimiento de la estructura. Se fijó en que las piedras habían sido colocadas y no eran, como él mismo dice, “nacidas”. Durante años dio vueltas y vueltas a lo que aquello podía ser, sin respuesta. Esto cambió hace algo menos de dos años. Nuestro equipo de arqueólogos de Cota 667 estaba realizando una exposición itinerante sobre verracos (toros de piedra, como los Toros de Guisando) presentes en la provincia de Toledo. Uno de los emblemas de Totanés es una de estas esculturas, un toro de piedra que lucen en la plaza del pueblo. Así fue cómo Ildefonso entró en contacto con nosotros y nos contó sobre el círculo de piedras. Tras su insistencia de que teníamos que verlo para determinar qué era (y si se trataba de algo antiguo), decidimos acompañarlo hasta el lugar. La estructura nos llamó poderosamente la atención. Como decíamos antes, había sido hecha por la mano del ser humano y, aparentemente, podía ser un crómlech. Decidimos, tras hablarlo en repetidas ocasiones con Ildefonso, pedir un permiso a la administración pertinente para iniciar un estudio.

En este punto seguimos en el desarrollo de la investigación, por lo que todavía no podemos afirmar si la estructura es o no un crómlech megalítico. Como arqueólogos, hemos procedido a su desbroce y documentación fotográfica, fotogramétrica y planimétrica, todo lo que se había concedido en el primer permiso de intervención. Ahora, en una segunda fase de trabajo, pasaremos a la excavación arqueológica con apoyo de otros especialistas y sus técnicas.

Proceso de realización de dibujo arqueológico y toma de cotas en el posible crómlech

¿Qué haremos en los siguientes meses? Muchas, muchísimas cosas. Vamos a colaborar con muchos otros expertos de diferentes materias. Por ejemplo, Antonio Pérez Verde, un astrónomo, ya nos está ayudando a ver las posibles relaciones que tiene la estructura con las estrellas y los fenómenos astrales, como los solsticios y los equinoccios. También los compañeros del Instituto de Arqueología de Mérida-CSIC pasarán el magnetómetro, una tecnología que permite conocer las formas del subsuelo (sin excavar) y visualizar posibles estructuras antrópicas todavía enterradas. Incluso, un equipo de sismólogos va a estudiar un tipo concreto de líquenes grises, que crecen sobre las piedras graníticas de la estructura, para determinar el tiempo que estas llevan expuestas en esa misma posición a la intemperie.

A todo esto hay que añadir la excavación arqueológica que realizaremos desde nuestro equipo. Mediante su práctica es muy probable que se date el círculo de piedras, especialmente si aparecen materiales durante el proceso. Además, la tierra extraída de la estructura va a ser sometida a diversas acciones para el estudio de los pólenes contenidos en ella (lo que permitirá conocer mejor cómo fue el entorno que rodeaba en el pasado al círculo) y de los macrorrestos (como fauna, semillas u otros) que se obtengan. Estos últimos serán de gran ayuda para discernir si en el espacio se practicaba algún tipo de ritual u ofrenda.

¿Mereció la pena realizar la jornada “Noche de equinoccio” el pasado 23 de septiembre? La implicación de la sociedad con el patrimonio no es solo importante, es fundamental. Está implícito en el propio concepto del Patrimonio Cultural. Como señala María Ángeles Querol en su Manual de Gestión del Patrimonio Cultural, es el conjunto de bienes muebles, inmuebles e inmateriales que hemos heredado del pasado y que hemos decidido que merece la pena proteger como parte de nuestras señas de identidad social e histórica. Esto quiere decir que solo conseguimos que algún bien se convierta en patrimonio cuando existe una implicación de la sociedad, de un conjunto de personas. Por ello, es muy importante celebrar jornadas en las que los científicos expliquemos nuestros trabajos, qué estamos haciendo y qué conclusiones estamos sacando con ellos. Desde el principio de todo proyecto debería ser importantísimo implicar a la sociedad local, a los que rodean al bien patrimonial, ya que en sus manos está el valorarlo, protegerlo y conservarlo. Nosotros, los arqueólogos, a fin de cuentas, en la mayoría de los casos cuando acabemos con el desarrollo de nuestra tarea vamos a desaparecer del lugar. Sin embargo, sus habitantes, los totanesos en este caso concreto, seguirán ahí.

Explicación del profesor Juan Pereira (UCLM) durante la “Noche de equinoccio”

Sergio Isabel Ludeña, Ángela Crespo Fraguas, Miguel Ángel Díaz Moreno y María Quejigo García, arqueólogos de Cota 667.


La noticia ha tenido eco en buena parte de la prensa nacional y regional: ¿Un Stonehenge en Toledo? En elpais; El Stonehenge de Totanés que podría salvar a toda la comarca, elconfidencial;  El fenómeno megalítico de Totanés, en Cadena Ser; ¿Qué pueblo de Toledo ha encontrado unas piedras que podrían cambiarlo todo?, en eldigitaldecastillalamancha, entre otros.

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