Arqueología y ruinas [José Rivero Serrano]

Giovanni Battista Piranesi

¿Acaso la ciudad no fue siempre un lugar de ruinas? Antonio Fernández Alba. Domus Aurea. Diálogos en la casa de Virgilio, 1998

El descubrimiento de restos romanos –procedentes del Anfiteatro– en Las Covachuelas de Toledo, en el comienzo de unos trabajos de cimentación a principios del mes de mayo, pone encima de la mesa diversas cuestiones complejas. En primer lugar, la constatación de que, en ciudades históricas como Toledo, cualquier proceso de excavación y remoción de tierras, arrastre enormes consecuencias que implican al pasado que vuelve; y una vez regresado ese pasado no se sepa qué hacer con él, desde un presente instrumental y advenedizo. Más aún, si sabemos con Luís González, “que esas ruinas que son objeto de culto desde el Barroco, son los costes humanos y sociales del progreso”. Pasado que regresa desde la ruina y progreso que dilapida el futuro posible. Esos fueron los problemas suscitados ya en otros lugares: con las obras del metro en Roma primero, y después en Sevilla, que tuvieron que paralizarse y suspenderse. O en Cádiz con el Teatro romano.

En segundo lugar, se capta sistemáticamente la ausencia de estudios preliminares que acoten y delimiten el problema sobrevenido con diferentes trabajos constructivos. Con Cartas Arqueológicas y catas y sondeos preliminares por zonas y sectores potencialmente afectados por la presencia de restos históricos, los problemas se pudieran reconducir mejor. Incluso contando con la operativa preventiva, a través de figuras de protección derivadas del Planeamiento Especial. Y ello, sin obviar el debate de fondo de la Patrimonialización que crece desde el aura del simulacro y desde la teoría del valor de los objetos singulares en el sistema cultural globalizado.

Y el tercer gran problema –pero no el último– se deriva de la cuestión final ¿Qué hacer? con los restos aparecidos en la excavación y cómo integrarlos en la trama de la ciudad contemporánea. ¿Qué hacer? a la manera de un Lenin de la Arqueología y de la Arquitectura, con los fragmentos del pasado. ¿Suspender las obras sine die y sin criterio?, ¿documentar los restos y restituir el orden geológico previo? O ¿proseguir la excavación fortuita y ampliar el repertorio de elementos a descubrir y excavar? Decisiones, sobre todo las finales, que cuentan con un coste económico inasumible por las administraciones competentes en materia patrimonial. Sobre todo, desde la experiencia anterior en Toledo de La Vega Baja y los restos visigóticos, durmiendo el sueño de los justos; y desde la experiencia próxima de la tematización del pasado histórico desde el Parque Puy de Fou.

Michael Gandy. Banco de Inglaterra en ruinas.

Otra cuestión no menor, tiene que ver con la instrumentalización cultural de la Ruina como ideología de la melancolía o del imposible histórico. Ahora que en Estados Unidos –no en Italia o en Grecia, ni siquiera en España– se ha puesto en marcha el movimiento Ruin Porn –movimiento virtual magnificando las ruinas, que crece en internet desde 2014 y que pone en valor el principio Antes de que existiera el Ruin Porn existía el Ruin Value–, herederos en parte del Detroit Demolition Disneyland (DDD) desde 2006. Valor de la Ruina, en Estados Unidos, justamente en un país de reciente historia y en donde los conceptos arqueológicos están acotados a doscientos cincuenta años. Movimientos ambos que beben de las actuaciones de Gordon Matta-Clark y sus perforaciones edilicias que quieren ser performances de la destrucción. Todos ellos – Ruin Porn y DDD– como nuevos Clerisseau o Robert Hubert del siglo XXI.

Gordon Matta-Clark

En toda la conceptualización ideológica de la Ruina moderna y su valor cultural, debe de pensarse en un extremo, con el papel desplegado por Albert Speer –arquitecto estrella de Adolf Hitler, una vez desaparecido, Troost– en 1934, cuando proyectando el Zeppelinfeld de Nuremberg, formula su inquietante Teoría del valor de la ruina (Die Ruinenwerttheorie), que obviamente bebía de principios no confesados de Piranesi (1720-1778), de Clerisseau (1721-1820) y de la propuesta de John Soane (1753-1837) para el Banco de Inglaterra de 1792. Así Speer conduce y anticipa la Ruina calculada en el mañana que aguarda: “Mi teoría tenía por objeto resolver este dilema: el empleo de materiales especiales, así como la consideración de ciertas leyes estructurales específicas, debía permitir la construcción de edificios que, cuando llegaran a la decadencia, al cabo de cientos o miles de años (así calculábamos nosotros), pudieran asemejarse un poco a sus modelos romanos”. Una teoría cultural de la ensoñación nazi y del Reich milenario, que acabaría poniéndose en práctica en la magnitud de la destrucción bélica de Varsovia, Rotterdam, Coventry o Dresde. Y en el otro extremo de la conceptualización ideológica de la Ruina moderna, con las posibilidades de realizar tanto recreaciones virtuales del pasado descubierto en una suerte de Parque Temático, así como propuestas de edificios clonados, a la manera de la descripción que hiciera Baudrillard en 2002, al hablar de los objetos singulares.

José Rivero Serrano, arquitecto

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