La estática espectacular de Cuba [Natalia Mora Priego]

Desde la civilización griega y el desarrollo del pensamiento “lógico”, nuestra educación temprana se basa en este método. Aprendemos a utilizar la razón, de una manera lógica, a tratar de estudiar, para, posteriormente, cuestionarnos y explicar aquellas cosas que suceden a nuestro alrededor.

El lenguaje es sumamente importante ya que todo lo que aprendemos y percibimos en nuestra vida lo relacionamos a través de él con los métodos aprendidos en esta edad iniciática.

Desde la mirada etnocéntrica occidental, Cuba podría ejemplificar el producto de  la sociedad del espectáculo que nuestro estilo de vida contemporáneo tanto busca para su consumo y que Guy Debord predecía hace cincuenta y dos años: lo real convertido en espectáculo; esa realidad que ha sido desvirtuada hasta su no existencia en nuestras sociedades occidentales, y que tan sólo existe recreada para serlo.

Las épocas revolucionarias no son interrupciones de la historia, sino, al contrario, las únicas en las cuales verdaderamente transcurre la historia, las únicas en las cuales la historia es lo que es

Sin entrar las causas de las siguientes afirmaciones: Cuba es historia y espontaneidad. La Habana está celebrando los quinientos años desde su fundación. La arquitectura de Cuba es histórica, en su interior se han sucedido hechos históricos, individuales o colectivos. La mayoría de sus edificios, calles, plazas no han cambiado físicamente desde hace mucho años; es por eso que, cuando uno lo visita, siente que el tiempo se ha detenido en ella, pero sólo en la estructura.

La arquitectura de Cuba es estática, un subsistema que no ha variado con el tiempo, que permanece anclado a otra época, pero sin embargo, ha permitido el desarrollo de la vida en su interior, sin detenerse. Es necesario realizar una comparación, ya que como ya predijo Newton desde su teoría de la relatividad, una cosa es lo que es en comparación con otras.

Esta es la hipótesis planteada: la estática Cuba, donde los mismos edificios de hace un siglo permanecen, siguen siendo habitados de múltiples maneras, y donde la imagen de la ciudad ha variado de manera insignificante en los últimos tiempos es el opuesto a las ciudades occidentales dinámicas, que experimentan los cambios de uso de sus arquitecturas, la continua construcción y renovación de sus calles, parques, y que se adaptan a los nuevos modos de vivir respondiendo a una continua necesidad de cambio y evolución.

La no posibilidad de nuevas construcciones, y el derribo innecesario de edificios para adaptarse a la estética de una época, han modificado los interiores de la arquitectura cubana adaptándola a nuevos usos y funciones. La arquitectura histórica es conservada por su propio uso, y en ningún momento muere para formar parte de una colección de piezas intocables en las que tomarse una foto para recordar un hilo narrativo del pasado que quizá nunca existió. La arquitectura es verdadera, está viva, lo que hay, se usa, es de verdad. No es una imagen, es la vida de los edificios.

Podríamos decir entonces que los edificios han sufrido un paro temporal, pero que sus interiores son más dinámicos y acumulan mucha más vida que los edificios históricos de la misma edad en nuestras ciudades occidentales.

¿Qué está pasando con la gran importancia que le damos a la Historia? ¿No deberíamos seguir disfrutando de los edificios históricos con usos vivos en vez de condenarlos a perecer como piezas de museo? ¿Es la arquitectura una reliquia más que coleccionar usurpando su razón de ser y su misma concepción como espacio usable al transformarla en objeto inerte de mero disfrute artístico? ¿Son de verdad necesarias todas las adaptaciones y modificaciones de la ciudad o por el contrario estamos convirtiendo la arquitectura en un producto más para el consumo?

Natalia Mora Priego, arquitecta

Las fotografías son de la autora del artículo.

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