El templo del cardenal Lorenzana ( y II ). [José María Martínez Arias]

Es inevitable, todo visitante que pasea por Toledo alza la mirada cuando pasa ante él, quizás no basta únicamente con reiterar que es una de las escasas piezas que se desvincula del pasado gótico y renacentista de la ciudad. Prácticamente se trata del único volumen de todo el conjunto histórico que además de generar una manzana completa, lo hace con una cuidada proporción y magnificencia clásica, ya se hizo mención a la singular solución de Haan para ubicar el acceso al plano noble de la Universidad toledana a modo de lengua de calle que a la vez une y separa la vía de este recinto. La fachada posterior, al carecer de pieza de acceso, y por tener una pendiente menos notable, va a contrastar con los edificios enfrentados a esta, siendo la marcada horizontalidad de su característica cornisa el elemento que propicia esa abrupta independencia del entorno inmediato. Continuar leyendo

El templo del cardenal Lorenzana ( I ). [José María Martínez Arias]

A veces la descontextualización de un determinado modelo, puede resultar todo un referente y destacar más allá de su entorno concreto, y precisamente por esa distinción frente a todo lo que lo rodea le va a hacer constituir un hito por sí solo, si a ello le añadimos las excepcionales circunstancias de su gestación, obtenemos un sujeto muy particular. Ya se quiso poner en valor este aspecto de entorno al Hospital Tavera y su cripta, pero en el Toledo inagotable encontramos tantos ejemplos que pueden elevarse a la categoría de hito, que en este apretado laberinto piedra y ladrillo descubrimos de cuando en cuando piezas que llaman nuestra atención; obras de distinta época y escala, pero que todas ellas comparten aquella excelencia que le aporta lo extraordinario de su semblante: un circo romano, una catedral gótica, un hospital renacentista…y hasta una universidad que responde al más académico de los criterios. Continuar leyendo

Sobre el pabellón español de Nueva York 1964 [José María Martínez Arias]

La New York World Fair de 1964, fue una de esas exposiciones internacionales en las que bajo un aparente clima de unidad global y entendimiento entre naciones, las primeras potencias daban muestra del progreso tecnológico alcanzado en plena carrera espacial. Además esta muestra debía de servir de escaparate a la diversidad cultural, mediante el complicado diálogo arquitectónico de las distintas entidades participantes.

El 22 de Abril de 1964, exactamente cinco meses después del asesinato de Kennedy, el Presidente Lyndon Johnson inauguró el certamen internacional, proclamando la celebración del tricentenario de la fundación de Nueva York. La muestra estuvo emplazada en el mismo recinto que de la de 1939, el parque Flushing Meadows-Corona, cuyo eje principal quedaba presidido por la colosal estructura del Unisferio, como símbolo de paz entre naciones. Continuar leyendo