Roma y los Óscar [Jesús Fuentes Lázaro]

Yalitza Aparicio, protagonista de la película.

SESIÓN CONTINUA

Se escribe poco de cine en este blog “hombre de palo”.

Por ese me he decido escribir sobre una película de moda. Se trata de Roma, la película, que ha recibido menos “Oscars” de los que algunos anunciaban. No podía ser. Al final, los asuntos  van de negocios y de política. Roma ha recibido otros muchos premios, pero Hollywood es mucho Hollywood. Y allí se ventilan  cuestiones tan complicadas como no molestar a las maquinarias burocráticas, a los colectivos sensibles, o a los valores imperantes. Y es que, por encima de todo, no hay que desperdiciar  negocios o perder influencias.

Roma y Neflix han cabalgo juntos. Han volado sobre olas con corrientes subterráneas profundas y airadas. No obstante ha sido una alianza provechosa para ambos. Neflix pelea por ocupar un espacio central  en los mercados de la imagen, del cine y de las televisiones. Lo que la convierte en un competidor de Hollywood.

La película, por su parte, ha ido a contra el impulso de otros intereses más difusos: los norteamericanos blancos que ven en peligro sus posiciones actuales. Un grave riesgo. Pero también porque en la película se habla en español y en un idioma indígena. Y con una protagonista que es  indígena. Justo en el momento en el que Trump pelea hasta la excepcionalidad de un país por plantar muros para unos inmigrantes que hablan español y que proceden o pasan por Méjico. Eso por no citar la onda antiinmigración que se expande por el mundo. Hay que mantener el equilibrio  para que no se invada el espacio sagrado de los blancos, rubios y de ojos azules. O sus asimilados.

Escena en la terraza de la vivienda familiar.

Algunos de los premios recibidos se pueden interpretar en estas claves de confrontación contra quienes temen la emigración. La actitud de Hollywood y los “Oscars” no concedidos también. Ha intervenido la “diplomacia fina” de los negocios y de los beneficios o pérdidas en los mercados del cine y las televisiones. Por eso Hollywood no podía dar más premios a Roma. Así que han optado por conceder el gran premio a una película equidistante. Ni para ti, ni para otros, para una película neutra que no originaba reacciones ni a favor ni en contra. Es este un viejo juego de la política que, por definición, siempre beneficia a los instalados.

Roma, rodada en blanco y negro -a The Artist, también rodada en blanco y negro y en ingles le dieron varios “Oscars”-  cuenta la historia de una familia corriente en uno de los variados barrios del distrito federal. Este, llamado Roma. Un barrio de clase media  que emplea asistentes indígenas, mano de obra barata.

Ellas, predominan las mujeres, hacen el trabajo de la casa; ellas, en ocasiones, sostienen la familia cuando esta naufraga, incluso proporcionan el efecto a los hijos que no reciben de los padres, distraídos en sus cuestiones distantes. Añade un drama personal por medio y la posibilidad de una tragedia que no se materializa por la intervención de la protagonista de la película. Conceder un “óscar” importante a una actriz  indígena hubiera supuesto un golpe al “establishment” que gira en torno a Hollywood. Roma, en otros momentos sociales, tal vez hubiera sido una película más.

Ha recibido todo tipo de críticas. Para unos, obra maestra. Para otros, interesante  o menos interesante. Algún comentarista, más provocador, se ha atrevido con descalificaciones más fuertes. Conviene verla y contextualizarla: en el Méjico de la época y en el momento presente en el que se enfrentan tensiones de gran voltaje sobre la emigración, la integración racial o sobre los espacios sociales a ocupar por esos emigrantes. Y, sobre todo, porque en el fondo de los variados debates que se pueden establecer en torno a Roma y los premios se dilucida la configuración de unas sociedades reformistas o involucionistas.

Vivienda Tepeji 22 en la colonia Roma de la Ciudad de México

Hay que incluirla en el contexto de una Norteamérica cuya acción política depende de un muro en la frontera con el resto de América. Y, cómo no, coincidiendo con una escalada en Europa de los partidos xenófobos con potentes discursos de nacionalismos excluyentes. Roma así resulta una película pequeña, sin grandes historias, salvo las vidas de unos personajes corrientes. Es, sin embargo, mérito de la película la oportunidad en la que aparece  para entender tanto los premios concedidos como los negados.

En un mundo de superhéroes de cómic y zombis reales, de populismos narcisistas, de políticos gritones y de desigualdades profundas, una historia sencilla simboliza la recuperación de la humanidad en su compleja diversidad racial, ideologica y religiosa.

Véanla.  Construyan su opinión.

Jesús Fuentes Lázaro


Las imágenes corresponden a la película de Alfonso Cauarón para Netflix

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