Espacios y paisajes del vino en Castilla-La Mancha [Diego Peris Sánchez]

Paisaje Retuerta del Bullaque. Bodega Dehesa del Carrizal.

En Castilla-La Mancha, el viñedo y el vino son parte esencial de su realidad social, cultural y económica. El viñedo y el vino han estado presentes en la cultura de la sociedad desde siempre: restos arqueológicos, manifestaciones artísticas y documentales hasta pinturas y fotografías actuales documentan esta realidad. La presencia del vino y el viñedo en nuestra región ha tenido, culturalmente, significaciones diferentes en cada época. Restos de diferentes yacimientos de época ibérica, griega o romana documentan esta presencia. En la cultura visigoda el vino y la vid siguen presentes con decoraciones de uvas en piezas del yacimiento de la Vega Baja de Toledo o del yacimiento de Oretum en Ciudad Real.

Los espléndidos calendarios románicos de Albendiego y Campisábalos son testimonios de las actividades de cuidado del viñedo, recolección de la uva y producción del vino como referentes del tiempo. La llegada de los siglos XVI al XVIII nos deja piezas cerámicas asociadas a la vida conventual donde el vino está presente y a cuyo cuidado y producción se une la evolución de un mayor esmero en su elaboración. Los planos del catastro de la Ensenada de Valdepeñas mostrando la presencia de los viñedos, la presencia del vino en la literatura del siglo de oro o la riqueza de las vasijas van dando cuenta de la evolución y el paso del tiempo. En la cultura actual, el vino asociado a la vida cotidiana con las fotografías de mediados del siglo XX con la vendimia y la producción del vino. Pinturas, descripciones literarias y documentos diversos van dando cuenta de la presencia del viñedo y de la producción del vino en la vida cotidiana de nuestra comunidad autónoma.

Bodega Casalobos. Ciudad Real.

Paisajes de viñedos y arquitecturas del vino.

Un cultivo que, en su extensión (que ha variado a lo largo de los siglos), es parte esencial de nuestro paisaje. Cerca de un seis por ciento de la superficie total de la comunidad autónoma está ocupada por el viñedo. Una superficie que, en ciertas zonas, se concentra ocupando hasta un ochenta por ciento del territorio municipal. La presencia del viñedo con su geometría, su forma de hacerse presente en el territorio conforma paisajes propios de nuestra región con las peculiaridades de cada zona de esta.

Bodega Finca la Antigua, Los Hinojosos, Cuenca.

Y junto a ello, arquitecturas que van desde las primitivas cuevas hasta las modernas construcciones del siglo XX. Manifestaciones constructivas de gran interés histórico y de especial calidad en las últimas décadas con modernas instalaciones. En Castilla-La Mancha hay numerosas instalaciones que nos permiten un recorrido por la historia de la arquitectura de las bodegas. Cuevas de diferentes momentos que en ciudades como Valdepeñas y Tomelloso conforman la estructura urbana. Estructuras de grandes construcciones cerradas con cubiertas de madera que se transformarán en soluciones de hormigón y metálicas posteriormente. Y con la llegada del siglo XX las nuevas tecnologías del frío que modificarán la realidad de estas construcciones.

Cueva en Tomelloso

La extensión del cultivo, la producción de calidad y las nuevas demandas llevan a las nuevas construcciones con modernas y cualificadas arquitecturas. Grandes cooperativas, instalaciones industriales o soluciones con el modelo de los pagos conforman un conjunto de arquitecturas de especial interés en el conjunto del territorio de Castilla-La Mancha.

Bodegas y denominaciones de origen.

El libro “Espacios y paisajes del vino” recorre las bodegas de las diferentes denominaciones de origen con paisajes y arquitecturas singulares: Almansa, Jumilla, Mancha, Manchuela, Méntrida, Mondéjar, Ribera del Júcar, Uclés, Valdepeñas, y la D.O. Vino de la Tierra de Castilla. Territorios con peculiaridades de sus paisajes, de las variedades de uva y de las producciones de vino asociadas a las mismas. Las denominaciones de origen son garantías de calidad asociadas a zonas de producción, pero son también el reconocimiento de la peculiaridad de los paisajes y los vinos de cada una de las zonas. Un conjunto de bodegas de diferentes tamaños, con instalaciones diversas que se han renovado a lo largo de los años con los proyectos de reconversión varietal, con la mejora de sus instalaciones y la búsqueda de mercados que acojan su ingente producción.

Portada del libro “Espacios y paisajes del vino en Castilla-La Mancha”.

Y junto a ello las ocho denominaciones de pago (Finca Élez, Pago Guijoso, Casa del Blanco, Dehesa del Carrizal, Pago Florentino, Pago Calzadilla, Campo la Guardia y Dominio de Valdepusa). Denominaciones de origen que han introducido la calidad y la especificidad de producciones de territorios muy concretos. El libro va recorriendo, a través de las diferentes denominaciones, las bodegas con sus características y peculiaridades. Descripciones de los cultivos, de las arquitecturas y producciones de cada una de ellas. Un recorrido acompañado de fotografías propias, de las propias bodegas, del fotógrafo Rafa Turnes o de los fondos documentales históricos de algunas de las bodegas o del reportaje que Harry Gordon realizó en Valdepeñas. Y junto a ello planos de algunas de las bodegas, gráficos de superficies, evolución del cultivo, planos del territorio y de sus paisajes. Un conjunto documental de especial importancia para valorar la realidad de los espacios y paisajes del vino en Castilla-La Mancha.

Diversidad y riqueza de nuestros vinos.

Las bodegas han experimentado una transformación esencial en las últimas décadas con la reconversión del viñedo, la modernización de sus instalaciones y las fusiones comerciales para promocionar su producto en España y en las importantes exportaciones que realizan.

Bodega Pago del Vicario. Ciudad Real.
Pago de Calzadilla, Huete. Cuenca

El libro presenta de esta forma el potencial de cultivos y de infraestructura que está detrás de la producción del vino de calidad de nuestra región. Una realidad rica cultural, social y económica sustentada por miles de viticultores que impulsan cada día la calidad del vino de Castilla-La Mancha. Una comunidad en la que la producción del vino tiene como soporte una extensión excepcional de viñedo que conforma un paisaje singular, una arquitectura con documentos de diferentes momentos que es un valor del patrimonio industrial de primera importancia y una realidad social, cultural y económica que son parte esencial de la cultura de este territorio. Una publicación que quiere ser una aportación a la valoración de la producción del vino de Castilla-La Mancha y especialmente un reconocimiento al trabajo de los miles de viticultores y bodegueros de la región que trabajan día a día para mejorar la calidad de la producción. Y junto a ello la voluntad de entender que una buena arquitectura puede y debe ser soporte de esta actividad y excelente carta de presentación de su producción.

Diego Peris, doctor arquitecto.

El autor preside actualmente la Fundación Miguel Fisac

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