Pasado y presente del Banco de España en Toledo [Adolfo de Mingo]

 

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Durante los últimos meses, las obras realizadas en la sede del Banco de España han alimentado el debate de arquitectos, historiadores y vecinos. Son más abundantes de lo que parece los toledanos que se preguntan por qué motivo ha de emplearse uno de los edificios mejor situados del casco histórico —a dos pasos de la Plaza de Zocodover— en oficinas administrativas para el Catastro. ¿Qué razón de ser tienen nuevos despachos en pleno centro monumental mientras la Consejería de Cultura, por ejemplo, permanece desde la legislatura anterior instalada en el Polígono y sin visos de regresar…? ¿Es compatible que se determine desde fuera —sin consulta, reflexión ni conocimiento de las necesidades del casco— el empleo de nuestros espacios con la idea de ‘modelo de ciudad’ a largo plazo…? ¿Qué significación social posee la arquitectura contemporánea en una ciudad histórica como Toledo? (en otras palabras: ¿Consideramos patrimonio monumental un edificio de los años cincuenta…? Y lo que es más importante, ¿exigimos a las administraciones el mismo respeto que cabría esperar ante una intervención en un edificio del siglo XVII?).

Estas preguntas y otras similares —¿Ha resultado proporcional el abundante desescombro con lo que cabría esperar de la actuación permitida en un Edificio con Aspectos de Interés Patrimonial (A), según determina el Plan Especial del Casco Histórico? Parafraseando a Juan Mera, director de la Escuela de Arquitectura de Toledo, en este mismo blog, ¿nos encontramos ante otro ‘edificio-Menina’ como el Edificio España de Madrid, donde parece quedar el debate limitado solamente a la fachada?— quedan encima de la mesa para quien las quiera responder.

Por mi parte, me gustaría complementar con algunos detalles el artículo que el historiador y amigo Rafael del Cerro Malagón dedicó a comienzos del pasado mes de julio, en el diario ABC, a este edificio construido por Luis Menéndez-Pidal y Álvarez. En primer lugar, es necesario destacar la intensa actividad de este arquitecto al servicio del Banco de España y su conocimiento de la semántica desarrollada por la arquitectura monetaria (bancos, aduanas, casas de la moneda) durante los dos últimos siglos. La sede toledana del Banco de España conjuga, en este sentido, la severidad almohadillada del cuerpo inferior con el desarrollo palaciego del primer nivel.

El referente más claro de este modelo parece la Casa de los Cinco Gremios de Madrid, obra de José de la Ballina (1788), en la actual Plaza de Jacinto Benavente. Un edificio cuya portada principal, un pórtico dórico-romano con inscripción conmemorativa y balcón (siguiendo el modelo de Diego de Villanueva para la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), fue reduplicada en el edificio toledano. Luis Menéndez-Pidal y Álvarez regresó nuevamente a la Casa de los Cinco Gremios al rematar los huecos de la fachada en alternancia de frontones curvos y rectos, conforme a la larga tradición de origen romano, y al combinar la sillería de granito con el ladrillo (por mucho que el edificio de José de la Ballina estuviese en origen revocado). Tantas coincidencias tienen su explicación, y es que la Casa de los Cinco Gremios albergó la sede central del Banco de España en la segunda mitad del siglo XIX hasta su traslado al emplazamiento actual.

A continuación mostramos la fachada de los tres edificios mencionados: Villanueva (1773), Ballina (1788) y Menéndez-Pidal (1954).

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Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

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Casa de los Cinco Gremios de Madrid

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Banco de España de Toledo

Luis Menéndez-Pidal y Álvarez (1896-1975) tenía casi sesenta años cuando trazó el edificio toledano en 1952. Acumulaba una larga experiencia como restaurador de edificios y estaba a punto de vincularse como miembro numerario a la Real Academia de San Fernando, de la que formaba parte desde 1944. Su discurso de ingreso, el 27 de mayo de 1956, llevó por título El arquitecto y su obra en el cuidado de los monumentos. Su principal valedor fue otro arquitecto de gran importancia durante el segundo tercio del siglo XX en España, Pedro Muguruza (1893-1952), a quien permanecía estrechamente vinculado desde que ambos coincidieron en el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional nada más finalizar la Guerra Civil.

Las obras del Banco de España en Toledo, adjudicadas a Construcciones San Martín S.A., se desarrollaron durante dos años. Abrió sus puertas el 6 de julio de 1954, en presencia del gobernador general, Joaquín Benjumea. Era alcalde de Toledo Ángel Moreno. Juan Martínez de Osma fue el primer director del establecimiento.

No he conseguido encontrar sus trazas, que supongo que se conservarán en el Archivo del Banco de España, en la sede central del organismo, en Madrid. No obstante, reproduzco a continuación la descripción de la distribución a través del diario El Alcázar:

«Consta el edificio de cuatro plantas: la del sótano, donde están instaladas la Caja de Reservas, Valores y Efectos; otra de alquiler y dos archivos, y las instalaciones de calefacción, ventilación y refrigeración.

»En la planta baja están instaladas las dependencias propiamente burocráticas, a las que da acceso una gran portada en la que los herrajes, forja, clavos exteriores y tono de pintura nos traen el recuerdo de los mejores edificios religiosos de Toledo. Un amplio zaguán conduce a las oficinas y en un amplísimo salón se hallan instalados los despachos de la Dirección, salón de Consejos y visitas, y los servicios de portería y guarda.

»Destaca en el frontispicio un reloj eléctrico cuyas manecillas metálicas, así como unos relieves simbólicos de la Industria, Agricultura y Trabajo, han sido obra del gran artista toledano Julio Pascual, autor de todos los herrajes del Banco.

»En las otras tres plantas se hallan instaladas las viviendas del director y cajero, ordenanzas y conserjes, con una terraza coronada por un capitel [sic, por chapitel] netamente toledano y cubierta de teja árabe.

»Está dotado, naturalmente, de todos los servicios complementarios: calefacción, electricidad, fuerza y luz fluorescente y una lucerna central sobre patio de operaciones con cristal termo-lux, al objeto de obtener el máximo rendimiento de la luz solar a cualquier hora. Las pilastras son de mármol con adornos metálicos, y los mármoles, todos españoles».

Luis Menéndez-Pidal y Álvarez no fue el mejor arquitecto del mundo, pero su edificio merece respeto en un casco histórico poco acostumbrado a los discursos contemporáneos. Algunos de sus criterios como restaurador de monumentos —la omnipresencia del ladrillo visto, especialmente— han sido ya ampliamente superados. No obstante, merece la pena recordar, como aviso para navegantes, una de sus máximas en El arquitecto y su obra en el cuidado de los monumentos: «Prefiero la ruina natural en un monumento a una equivocada y desdichada intervención».

Adolfo de Mingo Lorente (historiador del arte y periodista)

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