El abrelatas [Pancracio Celdrán y Fernando Silva]

Ilustraciones para la historia de las cosas 1


Primero de una serie de artículos donde un artista, Fernando Silva, ilustrará capítulos concretos del libro de la “Historia de las Cosas”, de Pancracio Celdrán, bajo el título de: Ilustraciones para la historia de las cosas. Hoy comenzamos con el “abrelatas“.


Resulta curioso, a la vez que chocante, observar cómo la lata de conserva se inventó medio siglo antes que el abrelatas. ¿Cómo conseguirían abrir aquellos envases…?

En efecto, la lata fue inventada en Inglaterra en 1810 por el comerciante Peter Durand, e introducida en los Estados Unidos de Norteamérica hacia 1817. No se prestó al invento toda la atención que hoy nos parece que merecía.

En 1812 los soldados británicos llevaban en sus macutos latas de conserva, pero las tenían que abrir con ayuda de la bayoneta; si ofrecía dificultades se recomendaba recurrir al fusil, y un tiro solucionaba el problema. Y doce años después, en 1824, el explorador inglés William Parry llevó latas de conservas al Ártico: carne de ternera enlatada. El fabricante de aquellas conservas hacía la siguiente recomendación para abrir las latas: “Córtese alrededor de la parte superior con escoplo y martillo”.


Cuando a principios del siglo XIX William Underwood estableció en la ciudad de Nueva Orleans, en la Lousiana, la primera fábrica de conservas, no consideró importante crear un instrumento para abrir las latas, aconsejándose recurrir a cualquier objeto que se tuviera por casa.

¿A qué podía deberse tan absurdo abandono? Tenía cierta explicación. Las primeras latas de conserva eran enormes, muy pesadas, de gruesas paredes de hierro. Sólo cuando se consiguió crear un envase más ligero, con reborde en la parte superior, hacia 1850, se pudo pensar en un abrelatas. El primero fue idea de un norteamericano muy curioso: Ezra J. Wamer. Era un artilugio enorme, de gran volumen, cuya vista impresionaba a cualquiera; era una mezcla mecánica entre hoz y bayoneta, cuya gran hoja curva se introducía en el reborde de la lata y se deslizaba sobre la periferia del envase, empleando alguna fuerza para ello. Entrañaba cierto peligro su manejo, no sólo para quien lo manejaba, sino para quienes observaban la operación. La gente optó por ignorar tan peligroso invento, y prefirió seguir con sus sistemas caseros ya conocidos. Pensaban que era mejor quedarse sin comer a morir en el intento.

La lata de conservas con llave fue inventada por el neoyorquino J. Osterhoudt, en 1866. Todos pensaron que era un invento milagroso. Hacía innecesario el abrelatas. Sin embargo, no todas las fábricas de conservas podían adoptarlo. El abrelatas seguía siendo un invento pendiente. Invento que no tardó en aparecer, tal como hoy lo conocemos, con su rueda cortante girando alrededor del reborde de la lata. Fue patentado en 1870 por el también norteamericano William W. Lyman. Su éxito fue instantáneo y fulgurante.

En 1925, la compañía californiana Star Can Opener perfeccionó el abrelatas de Lyman añadiendo una ruedecita dentada llamada ‘rueda alimentadora’, que hacía girar el envase. Fue esta idea la que más tarde dio lugar al abrelatas eléctrico, comercializado en diciembre de 1931.

Del libro “Historia de las cosas” de Pancracio Celdrán

Ilustraciones: Fernando Silva

Editorial. La esfera de los libros.

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