DRONES vs DIBUJO. La pérdida de la consciencia. [Jorge Morín]

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En los últimos años la práctica de la Arqueología ha ido incorporando los últimos adelantos tecnológicos para la documentación de los trabajos arqueológicos, como son los drones para la fotografía área; los escáner-láser para el escaneado 3D, etc. Estos adelantos tecnológicos suponían una mejora en la documentación del registro arqueológico por diversos motivos, como era la posibilidad de obtener imágenes aéreas a tiempo real; escanear el espacio en tres dimensiones, etc. Como profesionales incorporamos rápidamente estos adelantos tecnológicos a nuestros trabajos obteniendo muy buenos resultados, pero sin abandonar nunca el dibujo y la fotografía tradicionales. Sin embargo, en la actualidad debido al abaratamiento de este tipo de tecnología se está generalizando un fenómeno que es sumamente preocupante, como es el abandono de la documentación del registro arqueológico a través del dibujo y la fotografía de campo por  las imágenes aéreas o los escaneados 3D. El argumento utilizado es siempre el mismo, “la rapidez”, y la posibilidad de posponer a un momento posterior una de las partes más importantes del trabajo del arqueólogo en el campo, que es la interpretación de los datos. En la sociedad postmoderna del siglo XXI parece que todo debe ser rápido, se está practicando una “fast” archaeology, si se nos permite la expresión, con todo lo que ello conlleva, que se resume en una pérdida irreparable de consciencia por parte del arqueólogo, una renuncia a reflexionar sobre el pasado en el que está interviniendo de manera no reversible.

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Es cierto que el dibujo tradicional necesita de tiempo, al igual que la fotografía de campo, ya que su práctica no es fruto de actos irreflexivos. En sus orígenes iban ligados a la necesidad de documentar el proceso y los resultados para que otros especialistas pudieran realizar una crítica de nuestro trabajo. Sin embargo, tanto el dibujo como la fotografía, permiten al arqueólogo ejercer durante su ejecución el análisis sobre la pieza, el yacimiento o el paisaje, es decir, un proceso reflexivo y consciente de los mismos. Si se pospone para después ese proceso de reflexión, lo más seguro es que éste nunca llegue a realizarse, con lo que conlleva, como el no poder cambiar decisiones en la excavación; la toma de datos; analíticas, etc. Lo mismo puede decirse para el proceso de la fotografía, que es similar. En suma, se está produciendo un empobrecimiento de la toma de datos, que ahora es masiva y no reflexiva –la realizan máquinas y no personas-. En esos días en los que el arqueólogo escribe su diario, fichas, dibuja y fotografía, se van generando miles de interrogantes, que se responden con la práctica del dibujo tradicional o la fotografía de campo; se perciben pequeños detalles vitales para la investigación; se documentan elementos que antes habían pasado inadvertidos…lo que proponemos es el regreso a la práctica de una arqueologia reflexiva y critica, una “slowly” archaeology. En la misma lógicamente, tienen cabida el uso de los drones o del escáner-laser, pero como elementos tecnológicos dotados de la misma finalidad, es decir, ayudar al arqueólogo en su visión crítica del análisis del pasado, sin perder su capacidad de documentar esa realidad.jorge morin 3 hombredepalo

 

Por otro lado, fue en nuestro país donde el dibujo y la fotografía se van a utilizar desde los primeros momentos con ese carácter reflexivo, que va más allá de la simple documentación. Así, en 1793 José Cornide de Filgueira fue comisionado por la Real Academia de la Historia para estudiar la basílica de Cabeza del Griego en la ciudad de Segóbriga (Saelices, Cuenca). Se hizo acompañar por el arquitecto Melchor del Prado y Merino quien realizó una planta interpretativa del conjunto, uno de los primeros dibujos arqueológicos. Más tarde, con el desarrollo de la fotografía, fue Encarnación Cabré la que decidió documentar sus trabajos de campo, realizados junto a su padre, utilizando la fotografía como una técnica documental pero con una fuerte intención reflexiva. No debemos renunciar a nuestros orígenes y como los pioneros de nuestra disciplina debemos retomar la práctica del dibujo y la fotografía de campo como elementos que dotan a nuestro trabajo de un fuerte componente critico y nos hace plenamente conscientes del pasado que estamos investigando a través del lápiz o la cámara, que no son más que herramientas al servicio de nuestra plena consciencia.

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Jorge Morín de Pablos. Doctor arqueólogo.

Fig. 1 Plano de la iglesia de Cabeza de Griego (M. de Prado 1799).

Fig. 2. Encarnación Cabré con la cámara fotográfica frente a la muralla del castro de Las Cogotas (Cardeñosa, Ávila). 1927-1929 (Cabré-3757)

Fig. 3. Plano del Cigarral de Menores; fot. aérea y diferentes fases en la que se aprecia la trasformación de una alquería islámica en un cigarral, que se va monumentalizado y su momento final como una posición defensiva nacional en la Guerra Civil española. Dibujo tradicional en papel, vectorizado en  CAD. El dibujo arqueológico se ha utilizado como un recurso critico para la interpretación del yacimiento.

Fig. 4. Fotografía aérea del Cigarral de Menores. La imagen busca señalar la relación del yacimiento con la ciudad de Toledo. La conexión de los dos espacios. La fotografía no se usa como elemento documental, sino para hacer hincapié en uno de los aspectos más característicos de los cigarrales: la visión de la ciudad de Toledo.

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5 Comments

  • Antonio José Gómez Laguna

    Interesante…solo tiene un pero. El drone vs dibujo…no; tampoco la Fotogrametría vs el dibujo, más bien la Fotogrametría es complemento del mismo. La cámara digital, el escáner laser…la estación total.. no es el fin del proceso de análisis, sino el medio para poder documentar más exacta y precisa los yacimientos.

    Hace poco en un proyecto con estudiantes, me comentaron dos alumnos…el dibujo ha muerto…craso error..: El dibujo es la base del proceso, lo que ha evolucionado es el medio de llegar a él. Ahora se han cambiado la cinta métrica, el papel milimetrado y la plomada, por la Fotogrametría cercana (cámara digital) o área (drone), pero la ortofoto generada tiene que ser interpretada y analizada…por la mente del arqueólogo (no arqueógrafo).

    Gracias a la tecnología como el Dstrech ha permitido observar y documentar las figuras ocultas en los paneles de Arte Parietal, o el RTI ha permitido llegar a ver los grabados imperceptibles al ojo humano y a la foto digital. Su empleo no elimina el proceso de análisis del conjunto…facilita que se pueda analizar de forma más detallada.

    Por eso me parece…que la cuestión no es SLOW o FAST.. sino Arqueografía (descripción), frente a Arqueología (comprensión del pasado). Y en este dilema están las nuevas generaciones que siguen los cantos de sirena de la tecnología…sin llegar a comprender que es un medio…no un fin…

    Eso si sería más exacto sobre lo que tratas de comentar. La Arqueografía frente a Arqueología… La simple descripción, frente a un proceso de análisis histórico del yacimiento, que ha sido interpretado y comprendido por el investigador….El problema no radica en el medio empleado en la generación de la Fotogrametría (drone o cámara digital)…sino en el proceso de análisis.

  • No estoy de acuerdo. Me parece apropiado que el “dibujo” sea un apoyo a la reflexión del arqueólogo mientras hace su trabajo. Pero hay que entender cuál ha sido la lógica de su existencia. Su lógica como input de datos en el proceso de excavación. Hasta la llegada de los ordenadores era la única forma de obtener y almacenar datos georreferenciados. Estos datos, sin embargo y por su formato en papel, tenían evidentes limitaciones de cotejo y cuantificación a la hora de relacionarlos con otros contenidos en otros papeles. En este sentido conviene recordar que los datos “son” (afianzan su naturaleza) en la medida en que se pueden relacionar con otros. Esta es la gran aportación del mundo digital. Nuestra actual capacidad de captura, almacenamiento y análisis de datos (geométricos, radiométricos o de cualquier otra naturaleza) es abrumadora. Quizás el sentido crítico del artículo que da pie a mi comentario obedezca a cierta tendencia en los hábitos arqueológicos que fomenta la elaboración de impresionantes reconstrucciones tridimensionales elaboradas en momentos concretos de la actividad (normalmente al final de las campañas) pero que nada tienen que ver con los “tempos” reales de la arqueología. Es decir, aquellos que definen una sucesión continuada de períodos de documentación y de destrucción en cada jornada arqueológica. Cada vez con mayor asiduidad vemos restituciones 3D o de realidad virtual de yacimientos (hechas por empresas externalizadas) que, sin embargo, en el día a día, mantienen una documentación en papel. En papel milimetrado. Hoy por hoy, la informática nos permite establecer, sin embargo, un flujo continuado de datos geométricos desde su captura hasta la salida final de los resultados. En la estructura de este flujo de datos, el gráfico (expresión de un resultado; de un análisis) debe ser concebido como un output de salida. El actual escenario tecnológico nos permite ser eficientes, como nunca antes, en las tareas que lo estructuran. Sobre todo en las más críticas como la captura. Sin duda esto implica un esfuerzo de adaptación en las rutinas arqueológicas “tradicionales”. En este sentido hay que entender que, si tenemos un dato en papel (un plano, una referencia geométrica) y no pertenece a un análisis o a una explicación (output), ese dato está fuera del sistema. En algún momento habrá que digitalizarlo para que se encuentre con sus otros iguales: sus amiguitos, el resto de los datos. En la institución donde trabajo suelo mantener la actitud provocadora (porque la matizo en cuanto me explico) de decir que no hay que enseñar dibujo arqueológico a los alumnos (ni de áreas arqueológicas, ni de objetos). Hay que enseñarles a construir bases de datos geométricas coherentes que permitan soluciones gráficas eficientes. En efecto, en el campo tengo mi libreta metida en un hueco de la caja de la estación o de la bolsa con las cámaras calibradas. En ella dibujo mis esquemas y escribo mis reflexiones. Entiendo que el responsable de un área de excavación tenga la suya propia. A veces son muy chulas, con dibujos muy ilustrativos. Pero cada vez que voy al campo a trabajar (y, como técnico, voy mucho) mi “inner professional” tiene en cuenta tres circunstancias: a) El verdadero avance de la disciplina no deja de ser un dato estadístico bien contextualizado; b) Cuando excavo destruyo. Lo destruido tenía tres dimensiones euclideas c) El patrimonio arqueológico es finito.

    • maria hernández

      De acuerdo con el primero y también con el último comentario. El autor hace alusión a la falta interpretativa de muchos trabajos arqueológicos actuales que han creido encontrar en las últimas tecnologías una verdad tan absoluta que carece en gran medida de la parte interpretativa humana, razón del ser arqueólogo. No divagemos sobre terminologías (arqueometría, arqueografía o arqueología) que tantas veces enfrentan a los especialistas en eternas disputas de mero concepto. Por supuesto que la arqueología precisará siempre de los avances técnicos y serán siempre una herramienta fundamental de trabajo, pero la precisión en la interpretación que hace el ojo humano a la hora de medir, dibujar y explorar el territorio, nada tiene que ver con la técnica resolutiva e inmediata de una máquina.

  • Interesante controversia. Pareciera que hoy la virtud del arqueólogo se debate en el sano equilibrio entre la información que genera y su reflexiva interpretación.
    Yo me decanto, frente a los excesos visuales contemporáneos, por mirar con los ojos de la piel. Descubrir lo invisible, como Los Amantes de Magritte.

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