Alberto Sánchez, la dignidad de la pobreza [Jesús Fuentes Lázaro]

@ Javier Longobardo

Se suele decir que los principios y valores de lo que seremos en la edad adulta se fijan en el cerebro en los primeros años de la infancia. Sea cierto o sea falso, a partir de ahí, todo son variaciones, interpretaciones, vueltas y más vueltas sobre los mismos temas y los mismos asuntos. Alberto Sánchez nació y vivió en la pobreza, cercana a la miseria. Sintió la pobreza como una fuente de imaginación y creatividad. Nada que ver con los llamados artistas del hambre que proliferaron en los siglos XIX y XX que anunciaban como forma de arte una presencia despojada de todo, hasta del alimento. Las estrecheces económicas de los años de la infancia reaparecerán de diversas maneras en la vida adulta de Alberto hasta constituir una austeridad interior que condicionará su vida y su obra artística. Si no fue un escultor y pintor de más renombre se debió a esa austeridad que mantuvo durante toda su vida. No ambicionaba el dinero, no ambicionaba la fama, ahorraba en materiales y prefería la vida sencilla, casi primaria, a las complicaciones de la fama. Aunque de no haber nacido pobre no hubiera hecho la obra que hizo. Para pintar o esculpir le bastaba la imaginación que se había despertado en él desde pequeño, producto de las carencias. Su obra fue su forma de dignificar la pobreza de su vida y de la época. Resultó el antídoto que empleó en sí mismo para no vivir del rencor, no convertirse un artista permanentemente agraviado o combatir el narcisismo que se manifestaba en muchos personajes que conocía. Era el antidivo que terminaba ocupando el centro de las reuniones. Continuar leyendo

Ses Rotes, 1985 [Javier Vellés]

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Levantamiento de Ses Rotes en su estado original. Plano publicado en Federico Climent, F. J. Sáenz de Oíza, Mallorca 1960-2000, Palma de Mallorca, Govern Balear, 2001, pág. 100.

La llanura del Pla baja suavemente hasta las riberas del noreste de Mallorca, donde están los humedales de las bahías. Allí, en las inmediaciones de las lagunas litorales (la albufera de Alcudia y la albufereta de Pollensa), se dan el enebro (Juniperus oxycedrus macrocarpa) que fija las dunas,  y el tamariz o taray (Tamarix sp), capaz de vivir en estériles arenas salobres formando tarayales que van haciendo suelo orgánico. Desde estas planicies costeras y, especialmente, desde la de Puerto Pollensa, mirando hacia el norte, se ve el paisaje agreste de montes azulados, el macizo calcáreo (kárstico[1]) de la sierra de la Tramontana[2] que, recorriendo los noventa kilómetros de la costa noroeste de la isla, se estira, desde el acantilado (300 m. s. n. m.) del escarpado Cavall Bernat, hasta la punta abrupta y septentrional del cabo Formentor, penetrando en el mar. Ésta sierra ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2011. A Oíza, que ya había muerto, la había cautivado la belleza de la cultura tramontana milenaria, la de los muros de piedra en seco para formar bancales de cultivo, la de las cisternas y acequias para administrar el agua escasa. Continuar leyendo

La casa de Juan Huarte en Formentor, 1969 [Javier Vellés]

Párrafos del libro inedito Oiza, primera parte, a punto de termiarse.

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Elevación y planta de los pinos del terreno de los Huarte en Formentor. Dibujos publicados en Alberdi y Sáenz Guerra, Oiza, 1996, pág. 117 y en El Croquis nº 32/33, 1982, pág. 218

          La casa de Juan Huarte en Formentor, 1969

          Cuando se hizo esta casa, yo aún trabajaba en el estudio de Oíza. El maestro tenía unos buenos dibujos del terreno. Durante las vacaciones anteriores, había ido unos cuantos días a Formentor, y había tomado apuntes de la topografía, de la escollera de la ribera y, sobre todo, de la vegetación; en planta y en elevación. Así que contaba con dibujos de los hermosos pinos que pensaba respetar[1]. Tenía la intención de construir la casa, sin talar ni un árbol. Y lo logró. Continuar leyendo