La Tourette [Paz+Cal]

Convento de la Tourette, tapia de la cubierta

Service dáccueil Couvent Le Corbusier

Intentamos entender Ronchamp sin tener ocasión de oír una misa allí. Pero, inesperadamente, en la Tourette era posible no solo una visita, sino una jornada completa de estancia con alojamiento en una de las celdas, con posibilidad de recorrer las estancias del convento que la orden permite y de compartir rezo y austera mesa con los monjes que lo habitan. Localizado el destino sobre el mapa, L’Arbresle a 25 km al noroeste de Lyon, en la confluencia de los ríos Brévenne y Turdine, el resto del camino hasta el convento preveíamos estuviera claramente señalizado. (La impaciencia por llegar se anteponía al espíritu de la orden que condicionó su implantación y recorrido de llegada). Continuar leyendo

Tavera, el enigma de las tejas negras: luto y cera [José Ramón de la Cal]

Ventana Tavera
Tavera desde el remonte Puerta de Galiana (2014)

La arquitectura es la memoria de la historia, un retrato vivo en el tiempo que aún sin pretenderlo se graba de forma indeleble con los hechos culturales, sociales y políticos de cada momento, es reveladora, acumula significados. La arquitectura en términos lingüísticos es equilibrio entre significante y significado, entre la materia transformada y su capacidad para evocar en la mente humana. Si digo la palabra “sal” por un lado va el signo s-a-l y por otro el pensamiento y sensaciones inmediatas que mi mente le ha asociado. Si combino varios signos, palabras, como el verso de Roberto Sosa: “la sal dulce de la palabra poesía”, el asunto se complica. La palabra es a la literatura como la materia a la arquitectura. La arquitectura es un equilibrio entre lo técnico y lo emocional, propio solo de la especie humana y su continua necesidad de habitar y representarse. Continuar leyendo

Vega Baja I, diagnóstico, once años de… reflexión [José Ramón de la Cal]

En la Vega Baja de Toledo hay un circo romano del siglo primero. A su espalda está el colegio Carlos III, por encima, atravesando la calle del mismo nombre, encaramada, la Venta de Aires; allí asoma el arco central del circo conviviendo con contenedores de basura y un centro de transformación, más abajo está la ermita del Cristo de la Vega, los restos de un camping abandonado, también el río Tajo, ahí al lado, oculto, pareciera esconderse de la vergüenza de ir sucio y desnudo de agua, una senda que lo recorre; la Fábrica de Armas, hoy campus universitario, un puente que cruza al parque de los Polvorines, los viveros forestales, un conjunto de viviendas con una clínica, San Pedro el Verde aislado en una península, el Poblado Obrero, la plaza de la Calera y una escuela de amplios porches; a oeste, la traseras del barrio de Santa Teresa, una iglesia de hormigón, aparcamientos tiznaos de negro que disuaden, el colegio de las Carmelitas sobre los restos de un teatro romano y terminada la vista de 360,º el Campo Escolar con sus pinos carrascos centenarios. Todos estos elementos rodean un espacio vacío que custodia en su suelo un suburbium, parte de la explicación a esa etapa oscura de la historia de la ciudad, el alto medievo, donde la cultura clásica fue reemplazada por la imposición y pugna de las dos grandes religiones monoteístas que acabarían dando forma a la ciudad. Continuar leyendo