El Corpus en “La Celestina” [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 23 D17 Archivo VASIL


El Corpus da para mucho. Historia, capítulos, arzobispos, normalización procesional, entornos y adornos…….. Esta vez vamos a referirnos a su aspecto cinematográfico.

Ahora, el sueño de cualquier director de cine es poder contar con un gran equipo digital que le permita reproducir decorados, ambientes y luces que, de otra forma, resultaría prácticamente imposible o excesivamente costoso. 

Son muchos los creadores de todo tipo -incluso cinematográficos- que se han quedado impresionados con la plástica, la estética y la escenografía del Corpus Christi de Toledo. Dejando al margen (pero no aparte) las consideraciones religiosas de esta liturgia cristiana, desde el punto de vista puramente expositivo, la procesión del “Santísimo” reúne en sí misma tal cantidad de vestuario, atrezo, decorado y guión que, de siempre, ha sido la envidia de los productores, sobre todo, de películas históricas.

Hoy traemos dos tomas del Archivo Vasil para certificar el atractivo del Corpus en el celuloide. Las imágenes, como siempre, nos dan pie al análisis.

Corre el año 1969, a alguien se le ocurre aprovechar la propia procesión del Jueves para rodar unas singulares y espectaculares secuencias procesionales. Hay que bloquear parte del recorrido para convertirlo en plató. Se elige el tramo entre el final de la Puerta Llana y el principio de Sixto Ramón Parro, justo el esquinazo que conocemos como “los Cuatro Tiempos”. 

Lo primero que llama la atención es el cambio de toldos. Estos, los del cine, no son una lona lisa y sin adornos. Deducimos que los asesores históricos aconsejan cubrir ese tramo con unos toldos decorados con los símbolos reales del León y el Castillo más acordes a la época que narra la película. Durante algunos años después, los toldos arlequinados continuaron instalándose en este tramo del recorrido. Luego desaparecieron, no sabemos si por deterioro de la propia tela o por decisión  de la autoridad competente.

En ambas tomas, observamos una serie de personajes ataviados con ropaje medieval, banderas en mano, que cubren la carrera procesional como habitualmente lo hacen en nuestros tiempos los miembros del ejercito de tierra.

También llama poderosamente la atención que, con este motivo cinematográfico, se alterasen detalles del orden procesional. Si nos fijamos, no son los alumnos de la Academia de Infantería los que forman la guardia de honores a la Custodia; en esta ocasión tan especial, este honor les corresponde a los “maceros” o “alguacilillos”, que sí llevan los ropajes adecuados.

A pesar de la facilidad de la estética procesional, mucho tuvieron que “cerrar el plano” porque, como se aprecia también en la foto de Maite, inmediatamente a la izquierda ya aparece el público congregado para ver la procesión en la bajada del Barco.

Pero con todo, lo que en estos momentos nos llama poderosamente la atención es entender como se las arregló la productora para convencer al Cabildo Catedralicio y alterar algunos aspectos de su procesión. Aunque es cierto que ello no afecta al culto (motivo y objetivo fundamental) debemos suponer que en el seno del gobierno de la Santa Iglesia Catedral Primada habría sus más y sus menos a favor y en contra de esta puesta en escena.

Tal vez no les dijeron que la película en cuestión para la que se estaban rodando las imágenes era “La Celestina”. O sí.

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Quique J. Silva

La escena relatada en el artículo sobre la película La Celestina, dirigida por César Fernández Ardavin, se puede ver desde el 0:58´ hasta el 5:00, pulsando aquí.

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