¿Es el castillo de Matrera el nuevo Ecce Homo? [Morín; Fuentes; Peris; Cal; López; Gómez-E; Caballero y Juan S.]

Restauración
Fotografía 1

Desde hace un tiempo la intervención en el castillo de Matrera, situado en el cerro de Pajarete de Villamartín en Cádiz, se ha convertido en un suceso mediático. La obra, concretamente la restauración torre del homenaje, ha sufrido numerosas críticas y una presencia en los medios de comunicación poco habitual en este tipo de intervenciones. Acompañamos aquí varios enlaces con críticas que han llegado hasta de las islas británicas: El País, El Mundo, Abc y The Guardian. Mención especial es la negativa atención dedicada desde Hispania Nostra. Sin embargo, en un sentido diametralmente opuesto, la obra ha merecido recientemente una distinción internacional en la categoría de restauración: Architizer A+.

Acompañamos aquí el enlace a la página de su autor:  Carlos Quevedo Rojasy otro a la página de la Fundación Arquia donde se dispone de una interesante información complementaria.

Este artículo es un formato novedoso en el blog, y pretende recabar la opinión y las reflexiones de algunos colaboradores habituales y editores. Jorge Morín, Jesús Fuentes, Diego Peris, José Ramón de la Cal, Joaquín López, Jesús Gómez-Escalonilla, Rafael Caballero y Benjamín Juan han prestado su tiempo para este artículo. Lo que pretendía ser breve se ha alargado; pero creemos que es interesante mostrar diferentes enfoques. Esperamos que la iniciativa se complete con comentarios de los lectores.      


matrera participantesC Jorge Morín de Pablos, arqueólogo

La restauración del castillo de Matrera ha vuelto a levantar la polémica en el mundo de la restauración arquitectónica, en un debate que de tan manido resulta absurdo, la defensa ruskiniana de la “ruina”, muy parecido al que sufrieron los arquitectos italianos Giorgio Grassi y Manuel Portacieli en el teatro de Sagunto en los años noventa. Ésta en su día se considero “abusiva”, aunque lo cierto que no fue más desproporcionada de las que se han realizado en otros teatros hispanos, donde el 90% de lo que se contempla es pura invención, eso sí con criterios decimonónicos. Lo que parece molestar al “integrista patrimonial” es el uso de materiales “contemporáneos” –hormigón en Sagunto y mortero de cal en Matrera, siendo materiales no tan modernos y más veraces que la piedra-. En el caso del celebérrimo teatro de Mérida es la “invención” de un edificio, en el que el visitante medio actual es incapaz de distinguir el original de lo reconstruido, generándose un falso histórico. Como arqueólogo me preocupa más la simple destrucción del patrimonio, como la operación Canalejas en Madrid, siguiendo el estúpido argumento conservacionista de preservar sólo las fachadas, que lo realizado en Matrera, que supone la recuperación del volumen original y la garantía de conservación del bien en su conjunto.  matrera publicación

Izquierda – Teatro de Mérida en el transcurso de sus excavaciones. Derecha – Estado actual con la escena reconstruida.


matrera participantesC

Jesús Fuentes Lázaro

Las cuestiones a responder, cuando de rehabilitaciones de obras antiguas se trata, serían, entre otras, las siguientes: para quién se hacen las rehabilitaciones, es decir, los destinatarios últimos; para qué se hacen y, también, quién establece los criterios de rehabilitación.

Por supuesto, las rehabilitaciones se hacen para los ciudadanos. No se hacen para arquitectos, ni para eruditos locales o no, ni para historiadores ni arqueólogos ni para guías turísticos. Con lo cual, ya dispondríamos de una primera aproximación, si se contesta – con debate incluido – a esta primera cuestión. Así que algunas discusiones sobre diversas rehabilitaciones no dejarán de ser, en bastantes casos, disquisiciones escolásticas y, sí se tecnifican demasiado, hasta bizantinas.

En segundo lugar, habría que responder para qué se rehabilita. Se supone que se efectúa para que no desaparezcan los vestigios de una época. En España disponemos de una larga tradición de abandono del patrimonio, desde conventos (algunos,  trasladados piedra a piedra a Estados Unidos) hasta los antiguos edificios de defensa: castillos, torres de vigía o de acuartelamiento. En Toledo, sin ir más lejos,  estamos siendo testigos de cómo se va destruyendo lentamente el castillo de Almonacid o el espectacular de Escalona. No son los únicos, desde luego, ni de la provincia ni de España. Mantener en pie una torre de defensa como la de Matrera parece que aspira a conservar la fábrica del edificio. Siempre es preferible la rehabilitación al abandono y a la desaparición.

Y, por último, habría que responder a quienes establecen los criterios de rehabilitación. ¿Los establecen los Consejeros de las Comunidades Autónomas, los concejales de Corporaciones Locales, los eruditos de la ciudad, los arquitectos, los funcionarios y otros técnicos de Ministerios y Consejerías? Depende de cómo se respondan las cuestiones primera y segunda, así obtendremos las pistas de cuales debieran ser los criterios para las rehabilitaciones. Considerando, que una gran parte de la Historia (española y de cualquier otro país) es inventada, inventar rehabilitaciones no desentonaría con esa ilustre la tradición de recrear la Historia. La arquitectura ayuda.

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Fotografía 2

matrera participantesCDiego Peris Sánchez, arquitecto

LA INVASIÓN DE LOS TORREONES RESTAURADOS.

Los torreones restaurados nos invaden en estas últimas décadas especialmente en el sur de la península. Hay, por desgracia numerosos ejemplos y modelos (más malos que buenos).

Propuestas de restauración: 1. Restaurar la ruina y consolidarla (se puede acompañar de dibujo o maqueta), 2º Reconstruir el torreón con materiales similares a los existentes y tamaño y proporción a definir por el restaurador, 3º Construir un volumen nuevo con nuevos materiales (hormigón preferentemente) y texturas y colores diversos (blanco, hormigón coloreado…) e insertar los restos en este nuevo volumen. 4º Construir un volumen independiente del resto arqueológico que simule el volumen de la estructura.

Preferencias: Prefiero la primera opción, con los años estoy entendiendo más a Ruskin. La segunda está prohibida por ley y debería castigarse con pena de demolición. La tercera (opción adoptada en el proyecto de Matrera tiene un protagonismo excesivo de la actuación que anula lo importante que es el resto arqueológico (¿Reversibilidad?). La cuarta es buena pero requiere calidad de diseño que no suele ser demasiado frecuente.


matrera participantesCJosé Ramón González de la Cal, arquitecto

Hace 4.500 años la arquitectura nació en Stonehenge, unas simples piedras alzadas en pie, las más osadas en horizontal apoyadas en sus extremos sobre otras a modo de columnas, el dintel; todas formando un círculo y atravesadas por la luz del sol definen un recinto. Hoy como hace 4.500 años seguimos venerando este lugar, por distintos motivos. Unos se emocionan solo pensando en su antigüedad -todas las piedras son milenarias- a otros nos conmueve esa primera operación mental, humana, de plantar y alzar una piedra en vertical, establecer un orden y cargar de significados un lugar.

Consolidación, restauración, rehabilitación, son palabras con las que se describen y matizan los diferentes modos que tiene la arquitectura de tratar la conservación de las construcciones viejas. A mí me gusta hablar de re-habitar, de poco vale la ruina si no somos capaces de albergar en ella un uso que le dé sentido. He de confesar que cuando soy obligado a visitar ruinas, a pesar de mi formación, me cuesta mucho imaginar todo aquello que los esforzados guías se empeñan en explicar, odio las ruinas. Las ruinas no son arquitectura y quizás mi vocación de arquitecto, de construir, me lleva a que cada vez que veo una ruina sienta la necesidad inmediata de levantar la arquitectura que albergó, de arreglar el desastre. Si supiera y pudiera reconstruiría Villa Adriana. Comprendo mejor la Arena de Verona oyendo un aria de Verdi que el Coloseo de Roma atestado de turistas. La arquitectura no está en la materia, en las piedras, está en el aire, entre la materia.

La “consolidación” del Castillo de Matrera cumple según sus responsables todos los requisitos legales, ha pasado todos los filtros técnicos y administrativos; en los criterios de intervención se distingue perfectamente lo nuevo de lo viejo; las técnicas constructivas son las mismas que antaño; se recompone la volumetría inicial; se distinguen las diferentes fases constructivas; se ha garantizado la estabilidad estructural… Vamos es indiscutible desde el punto de vista jurídico. Y sin embargo, ¡pufff!, eso que es difícil de explicar, ese “no sé qué” que decía Fisac, lo inefable según Le Corbusier.

Hoy la rehabilitación aún se debate entre un tardo romanticismo de veneración a la ruina decadente y el rechazo a la anastilosis de figuración clásica como negación del Postmodern y entre estas dos actitudes intenta colarse la abstracción heredada de las vanguardias como otro camino posible. Es en el camino de la abstracción donde quiere situarse la intervención en el Castillo de Matrera, sin conseguirlo. Lo más difícil en rehabilitación es saber administrar la cantidad de arquitectura justa y en el Castillo de Matrera hay un exceso de arquitectura, de impostura de arquitecto. Admiro a aquellos arquitectos que también saben dar un paso atrás. En el transformado Castillo de Matrera lo nuevo es el actor principal y lo viejo ha pasado a ser secundario. La masa de la torre descarnada, el peso de la materia, ha desaparecido desfigurándose en dibujo anecdótico de geometrías precisas en el contorno. La intervención evoca más al purismo del Estilo Internacional que a una fortaleza andalusí. Como titula Goya uno de sus Caprichos: “El sueño de la razón produce monstruos”.

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Alzados

matrera participantesCJoaquín López López, arquitecto

Me genera dudas la rotundidad

El objetivo principal se consigue. No es otro que dar estabilidad al conjunto y proteger y consolidar los restos existentes.

Pero como he tenido tentaciones, y el lenguaje arquitectónico a veces no le entiendo, me pregunto y digo:

Si desconozco la altura real de los muros… mejor la ignoro; en lugar de mostrarla con tanta rotundidad geométrica. ¿Por qué no un palmo más o menos? ¿Por qué los dos muros han de tener distinta altura?

El muro de nueva ejecución no mantiene la cara del existente, debo suponer que recreo el sistema constructivo: muro construido a dos caras con mampostería semi-concertada y relleno interior de argamasa con mortero de cal.

Si lo que pretendo es dar volumen al conjunto reconstruyendo el relleno… ¿por qué? No reproduzco el sistema constructivo para luego retirar el encofrado (la piedra); así el color lo mantengo ya que el conglomerante es cal y la textura no se mostraría con tanta rotundidad.


matrera participantesCJesús Gómez-Escalonilla Sánchez-Infante

La polémica suscitada por la restauración del castillo de Matrera es una situación ya vivida en España. El Teatro Romano de Sagunto suscito un arduo debate incluso en la sentencia del Tribunal Supremo que ordenaba su demolición. El concurso internacional promovido por la Generalitad Valenciana, que ganaron los arquitectos italianos Gregotti y Portichelli, puso en pie de guerra a los colegios de arquitectos y a numerosos miembros de la cultura española en defensa de la intervención. También hubo voces en contra, aunque he de decir que fueron menos sonoras.

Salvando las distancias, que son grandes, en el fondo estamos ante la confrontación de las dos tendencias decimonónicas sobre la forma de intervenir en el patrimonio: la inglesa partidaria de dejar las ruinas sin restaurar y la francesa partidaria de imitar el estilo original. Hoy en día la reconstrucción alejada del falso historicismo se impone y se refleja muy bien en un articulo del diario El País de 27 de Enero de 2008, poniendo como ejemplo a Rafael Moneo y su intervención en el Teatro Romano de Mérida.

Sin entrar en los pormenores de los controles y permisos administrativos, necesarios para la realización de toda obra, muy importantes y que debían ser objeto de otro tipo de análisis y en otro momento, la restauración de la Torre del Castillo de Matrera sugiere alguna reflexión.

Creo que el traslado de esta intervención arquitectonica a dos ámbitos distintos, el literario y el pictórico, aclaran lo que me propongo decir.

Cualquier profano entendería que no es posible ni se debe reescribir El Quijote, pero de la misma manera ante la ausencia de algún capitulo si se comprendería que alguien estudioso con conocimiento de la materia, pudiera completar en el lenguaje de su época y en “cursiva”, ( explícitamente y de forma reconocible), un texto que ayudara a comprender lo e interpretarlo. No se entendería que esta situación se llevara más allá de lo estrictamente necesario.

En el ámbito pictórico la actuación, ante un cuadro dañado, tiende a ubicar los elementos originales milimétricamente en su posición original, dejando de forma neutra el resto por desconocido.

Quizás La restauración del Castillo de Matrera adolece de un exceso de palabras, cometiendo algunos errores de lenguaje y de escala muy sensibles y apreciables; la introducción del lienzo revestido como soporte y sustituto de elementos estructurales de fabrica mampuesta, desvirtúa la fuerza, la morfología de los elementos y los convierte en azulejería, una situación muy alejada de su realidad en el origen de los mismos.

La arquitectura es un arte tridimensional en su ejecución y en su concepción, cualquier actuación que simplifique a dos dimensiones la visión de la misma, despreciando la morfología, el orden, la geometría, la función de los elementos constructivos y su formalización es posiblemente un error.


matrera participantesCRafael Caballero García, arqueólogo

La verdad es que al no existir un criterio único para las intervenciones en los diferentes Bienes de Interés Cultural, cualquier punto de vista en la “restauración”, “consolidación” o en la “reconstrucción” es válido, aunque a la postre algunas más que beneficiar al Bien, a la larga, lo perjudican.

Desde muestro modesto punto de vista, “reconstrucción”, “consolidación” y “restauración” no son lo mismo, aunque algunos opinen que la acción de uno lleva al otro. Verdaderamente, lo primordial en la conservación de un Bien Patrimonial que ha llegado hasta nuestros días, sea castillo, convento, muralla, vivienda, calzada, etc., es la “consolidación” de las partes más sensibles a perderse para que, ese Bien, no desaparezca definitivamente de la faz del paisaje. Independientemente de las “buenas o malas” ideas que se tracen o esbocen en hojas y pantallas de ordenadores, siempre debe primar el Bien Patrimonial y, por consiguiente, la detención de su deterioro.

Teniendo en cuenta esta línea argumental en el lenguaje visual del Bien Patrimonial, lo fundamental en cualquier intervención es la “consolidación”, pero siempre que sea neutra, una “consolidación” no debe primar sobre el propio Bien Patrimonial. De esta forma, se puede frenar el deterioro del mismo, pero sin perder de vista su esencia misma; aunque en cierta medida, algunas “consolidaciones” requieren ciertas “reconstrucciones” -como por ejemplo, los grandes huecos originados en las partes bajas de murallas, que para evitar el hundimiento del resto de la muralla, se debe rellenar el hueco para volver a dar estabilidad- pero siempre respetando los restos que se han conservado. Verdad es, que no todos los Bienes Patrimoniales son iguales, cada uno tiene sus propias particularidades y, lo que para uno puede ser bueno, no necesariamente para otro lo es.

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La torre antes de su restauración

Posiblemente en el caso del castillo de Matrera, el lenguaje sensorial empleado no ha sido el más idóneo, fundamentalmente por la carencia de una neutralidad visual entre las partes antiguas y contemporáneas. Según comenta la dirección facultativa del proyecto: “Con esta intervención, por tanto, se consolida estructuralmente los elementos emergentes cuya estabilidad corría peligro tras el colapso sufrido, principalmente la esbelta coronación con riesgo de vuelco, así como la protección de los núcleos internos, diferenciando el añadido respecto al original bajo el criterio de autenticidad (…) recuperando la volumetría, textura y tonalidad que tenía la Torre en su origen. Siendo, por tanto, una realidad aparentemente antagónica, la esencia del proyecto no pretende ser, por tanto, una imagen del futuro, sino más bien un reflejo de su propio pasado, de su propio origen. La propuesta pretende evitar el mimetismo estético que conlleva la falsificación o pérdida del valor de la autenticidad y, en paralelo a la praxis en intervención de bienes muebles, se potencia su valor histórico, afrontando su recuperación volumétrica original mediante un revestimiento continuo (mortero de cal) retranqueado similar al que originalmente la cubría, que colmata la laguna existente y permite la lectura de la unidad arquitectónica. De la misma forma, el cajeado superior delimita sus fases constructivas, realzando los remates almenados originales que permanecían ocultos tras su superposición estratigráfica”.  Ver portfolio de la obra en la web del autor.

En una intervención de “restauración” o “consolidación”, si prima más la parte efectuada respecto de la original es que algo no ha salido como se creía en un principio. En cuanto a lo que comenta la dirección facultativa, la esencia del proyecto es acertada, pero falla en la ejecución. En cuanto a la recuperación de “volumetría, textura y tonalidad original de la Torre”, a nuestro entender no se ha conseguido, ni tampoco el que sea reflejo de su pasado ni de su origen. Para que dicha afirmación sea verdadera, el reflejo de su pasado y origen, estaría ligada al empleo de la mampostería; lo mismo ocurre con “la textura y tonalidad original”, serían las caras mismas de esos mampuestos.

Si en el día de mañana una de las torres de la catedral de Burgos o León colapsara en parte, o la coronación de la Giralda se viniera abajo, ¿qué criterio se seguiría? … hormigón… revestimiento de mortero de cal… piedra… maestreado… nada…


matrera participantesCBenjamín Juan Santágueda, arquitecto

En primer lugar, sin perder más tiempo, indicar que es llamativo el chaparrón que sobre la obra ha caído, mientras otras cosas más cuestionables, desde todo punto de vista, escapan a este aquelarre. No ha destruido irremediablemente el torreón y se ha consolidado, evitando su ruina. Hasta aquí la de cal; pero hay varias cuestiones que surgen del planteamiento y que evidencian discrepancias entre lo propuesto y lo realizado.

El autor utiliza para ejemplificar su intervención una vasija restaurada volumétricamente donde se insertan los restos que de ella se conservan, y así debería ser el torreón; esa parece ser  la premisa (fotografía a del artículo de la Fundación Arquia). Esta hipótesis de reconstrucción volumétrica anunciada no se sigue, ya que se conoce un estado previo al del último derrumbe (fotografía b). Esta configuración, sin duda alguna, era más cercana a su volumetría original y debería resultar más presente en el desarrollo del proyecto anunciado. Sin embargo, se elige como punto de partida el estado ruinoso, lógicamente casual, resultante de que el encargo de restauración resultó algo tardío y la ruina avanzó. Hay aquí un primer roce entre lo anunciado y lo realizado.

En segundo lugar escapamos de nuevo de la “vasija” como hipótesis de reconstrucción volumétrica, de cara a obtener una esquina formal, conceptual y moderna, más cercana a las imágenes de Emilio Ambasz que a una torre defensiva medieval (fotografía c). El resultado de la elección es, obviamente, el elegido; no debería extrañar esa confusión en el espectador que quiere reconocer un torreón que ya no está: hay solo una esquina. ¿Y dónde hay esquinas solitarias en medio de un cerro? Es evidentemente un campo atractivo, poético y sugerente.

¿Qué es lo importante en la fotografía de la “vasija” restaurada? Lo reconstruido, en este caso, nos ofrece una imagen neutra del volumen, mientras que lo conservado –lo original o la ruina- se sirve de la neutralidad de la envolvente, apareciendo por contraste texturas, materiales, color, técnicas; información en resumen. La tentación está aquí: ¿y si se invierte ese orden y lo importante es lo primero? Pues el resultado se amplifica, ya que es novedoso y distinto. Esa decisión, en contra de la hipótesis que nos ofrece el autor, se toma decididamente: en la esquina blanca hay unos trozos de mampostería. No hay torre. Además, para que haya volumen prismático, para que haya sólido, tiene que existir una esquina; y aquí la esquina es importada.   

Y para terminar el color: un mortero níveo de cal, blanco sin paliativos, que se utiliza con el pretexto de acompañar a lo antiguo; pero esto no es cierto, tiene mucha más fuerza que la piedra que queda expuesta y definida por un perímetro irregular: un roto casi inventado. El criterio lleva a un punto absolutamente singular de la estructura. Vemos con inquietud cómo queda un trozo suspendido de mampostería como un “bocadillo” de cómic (fotografía 2). Que se cayeran media docena de piedras de la hoja exterior no justifica esta imagen inquietante e inexplicable.

El camino, los conceptos y las hipótesis no son criticables, son más bien conservadoras y por supuesto legales. Que el autor ha escapado de sus propios supuestos es evidente, o al menos de lo que ha escrito. Que este tipo de intervenciones son muy complicadas también es cierto. Y para terminar, decir que el tiempo y la climatología dotarán de una pátina que oscurecerá el revestimiento del siglo XXI, acercándose naturalmente a los muros del IX (fotografías d y e, restauración del Castillo Sforzesco, de David Chipperfield, donde se comprobamos que el color es trascendental en la percepción).

Castillo Sforzesco
cy d) David Chipperfield , Castillo Sforzesco, Milán.

 


 

Las fotografías 1,2 y 3 son de la web del autor

 

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2 Comments

  • Como conservador-restaurador, opino que en esta intervención la aplicación de las teorías de restauración que se han elegido no han sido las más acertadas, ya que el camino de la restauración monumental difiere en “volumen” de la que se pueda aplicar a una pieza arqueológica. A mi juicio y con la experiencia del tiempo, la mejor intervención es la que mas pase desapercibida, la mas inocua y la que el protagonismo lo tenga el Bien Cultural por sí mismo; y esa doctrina de que “menos es más” en la mayoría de los casos funciona, ya que el excesivo intervencionismo nos hace llegar a abandonar el objetivo primordial de una restauración equilibrada.

  • Juan María García Otero

    Soy Juan María García Otero y durante más de veinte años he escuchado chorradas sobre restauración arquitectónica por parte de arquitectos vanguardistas que no merecen perder más tiempo.

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