El moderno enraizado [Teodoro Sánchez-Migallón]

El moderno enraizado, Teodoro Sánchez-Migallón

En el número 86 de la revista arquitectura de febrero de 1966, en un artículo de Ramírez de Lucas, titulado “Una misión para todos los españoles”, con respecto a la restauración, enumera los artistas españoles que han rehabilitado casas en la ciudad de Cuenca, culminando con la instalación del Museo de Arte Contemporáneo en las Casas Colgadas. Es notorio como la modernidad hispana gira su mirada hacia lo más íntimo del vernáculo castellano, y como asimila y se nutre de la limpieza, sinceridad, ruralidad, rugosidad y rusticidad encalada y embarrada, de la arquitectura tradicional, como valora estos materiales y como se transforman en templos de silencio para la abstracción (tan unida a la naturaleza pura).

Goñi, Saura, Zobel, Torner, Gerardo Rueda, Antonio Lorenzo, Millares, Sempere, José Guerrero y Amadeo Gabino. Pero no sólo Cuenca es testigo del interés por la restauración en estos años. En Toledo el palacio de Galiana es reformado por Chueca, el Cigarral del Santo Angel frente a la Fábrica de Armas, restaurado por el compositor Gutiérrez-Calderón, la casa-palacio de los Condes de Añover, del propio Chueca Goitia, el Cigarral interior del Jardín del Moro, restaurado por Valcárcel.

Artistas y restauradores se fusionan por todo el país, Joaquín Vaquero interviene en una casa sobre la muralla de Segovia, el pintor valdepeñero Gregorio Prieto reforma un molino de viento manchego, Manuel Pertegaz, rehabilita la torre de San Jaime en una masía del Vallés catalán, Gustavo Gili una casa de Santillana del Mar, o la importante reforma del castillo de Ampudia en Palencia que Arenillas Álvarez realiza para la familia Fontaneda, rematan este listado, en el que se destaca la importancia de las arquitecturas históricas, ya sean monumentales o menores, como habitación, alejándose del modelo de nueva planta. Como el iris sensible del creativo se encandila con los espacios y materiales, lugares y volúmenes de lo vernáculo. Esa mano del artífice se acomoda en austeros cuartos, de líneas artesanas, de mínimos y naturales trazos, arraigados con la vecindad, entre la villa y el domus, entre espacios semipúblicos, laberintos de historia, paisajes domesticados donde las musas habitan.

Teodoro Sánchez-Migallón Jiménez, arquitecto.

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