La primera y más sublime obra inmaculada de arquitectura del mundo clásico, el Partenón en la Acrópolis, Atenas, Grecia, es una continua historia del ultraje y la villanía contra el saber.
El Partenón fue ordenado alzar por Pericles entre los años 448-438 a. C. como morada de la diosa de la sabiduría, Atenea. Atenea había nacido de la cabeza de Zeus al abrirsela el dios Hefesto de un certero hachazo; después de que Zeus hubiera yacido con Metis y la hubiera devorado por temor a un descendiente varón, más poderoso, que lo suplantara. Atenea hizo voto de castidad, razón por la que fue llamada parthenos, que significa virgen, dando así nombre al templo. Hefesto que había ayudado a alumbrarla, aunque fuera con un hacha, intentó violar a Atenea y de esa simiente esparcida por la Acrópolis nació Erictonio, mitad hombre y mitad serpiente, primer rey de Atenas. Así comenzó parte de la historia del Partenón: el saber hostigado por la barbarie. Continuar leyendo













“Iban a los bárbaros en busca de la humanidad romana, puesto que no podían soportar entre los romanos la inhumanidad bárbara. Aunque resultaban extraños por sus costumbres e idioma a los bárbaros, entre quienes se refugiaban, y aunque les chocaba su bajo nivel de vida, a pesar de todo, les resultaba más fácil acostumbrarse a las costumbres bárbaras que soportar la injusta crueldad de los romanos. Se ponían al servicio de los godos o de los bagaudas y no se arrepentían, pues preferían vivir libremente con el nombre de esclavos antes de ser esclavos manteniendo sólo el nombre de libres (Salviano, De gubernatione Dei, V)”