Arquitecturas españolas del siglo XX [Diego Peris Sánchez]

Croquis de Rafael Moneo: Kursaal.

Escribir sobre la historia cercana es, en muchas ocasiones, más difícil que hacerlo sobre la historia de momentos más lejanos. La distancia, la posibilidad de contrastar las opiniones con las de otros historiadores que han estudiado y escrito sobre el tema permite visiones diferentes. La cercanía de los acontecimientos tiene la riqueza de poder contrastar lo que se estudia con realidades aún vigentes, con personas que han participado en los procesos y con vivencias en las que el historiador ha sido partícipe. Pero con sus elementos a favor y en contra no es fácil acercarse a la realidad próxima con el equilibrio y la documentación que permita un análisis completo y equilibrado.

Arquitecturas españolas en el siglo XX

El libro de Antón Capitel ya anuncia en su título que no pretende ser un libro enciclopédico, pero sí un libro analítico y crítico. Y para ello se seleccionan, nombres, actuaciones y procesos que han sido especialmente significativos en la arquitectura española del siglo XX. “Este libro no es exactamente la historia de la arquitectura española del siglo XX… Se trata, en cambio, de una reseña analítica y crítica de algunos autores y episodios de dicha historia que el autor ha considerado interesantes y adecuados para representarla de modo conveniente, y con carácter tan sintético como relativamente completo” dice la Introducción del libro.

Antón Capitel. Fotografía @fundación Arquia

Y para realizar este acercamiento ordena el contenido del libro en cuatro grandes bloques: El primero de ellos se titula Modernismo, eclecticismo y primeras arquitecturas modernas, la segunda parte: la arquitectura durante el franquismo, la tercera parte: la arquitectura española en los últimos treinta años del siglo XX y la cuarta parte: los últimos arquitectos del siglo XX. Una ordenación que quiere establecer un marco general de acercamiento siguiendo un orden cronológico en el que va encuadrando los análisis y la presencia de diferentes arquitectos. Continuar leyendo

Síntesis, integración y fusión de las artes en la arquitectura de los 50 (5) [José Rivero Serrano]

Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu. Entrada a la basílica, 1968.

Fernández del Amo, Fisac y Saénz de Oiza.

Que el debate sobre la Integración de las Artes, no fuera exclusivo del ámbito religioso[1] puede deducirse de algunos textos elaborados por los arquitectos señalados páginas atrás. Serían los casos de Fernández del Amo,  de Fisac y de Saénz de Oiza. La relación del primero con el mundo de las Artes Plásticas es de sobra conocida y desarrollada desde su puesto de director del Museo de Arte Contemporáneo, desde 1952, lo que le permitiría un contacto continuado con muy diversos creadores, como se desprende de alguna antología de sus escritos[2]. Creadores como Pablo Serrano, Ángel Ferrant, Manuel Millares o José Guerrero, merecieron la atención crítica de Fernández del Amo.  Por el contrario el volumen antológico de escritos diversos de Fisac[3], sólo contempla tres textos generales producidos entre 1953 y 1969. Por ello, revisten singular interés los dos comentarios críticos realizados sobre artistas individualizados, como fueran los producidos en los Cuadernos del Arte del Ateneo de Madrid: Labra en 1953 [4] y Farreras en 1959[5]. Similar es el caso de Sáenz de Oiza, que sostuvo diversos trabajos en el ámbito religioso, como Aranzazu, la basílica Hispanoamericana de la Merced y la capilla del Camino de Santiago; pero que rara vez realizó una incursión reflexiva sobre las artes plásticas. Lo que no es óbice para que en 1958 realizara en el texto de la exposición de Lucio Muñoz[6], un interesante y sugestivo trabajo en pro de la Abstracción. “La pintura como abstracción abandona la repetición del paisaje físico y se aproxima a las otras artes hermanas, música y arquitectura que, como artes, no han sido nunca directamente imitativas de la Naturaleza…El abandono del objeto directo, no significa, entendámonos, renuncia del hombre ni de la humanidad del hombre, como muy bien plantea Venturi. Si esto fuera así, la otra de las artes abstractas por antonomasia, la arquitectura, resultaría que después de tanto años de existencia sobre una misma trayectoria no era un arte humano, puesto que nunca representa del hombre su imagen perfecta”. Continuar leyendo