Women at war. Spain is NOT different! La invisibilidad de la mujer en la Guerra Civil española [Jorge Morín]

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Afortunadamente en los últimos años se ha generado una nueva corriente historiográfica en la que se produce la “visibilización” de las mujeres en los conflictos bélicos de los siglos XX y XXI, no sólo como víctimas, sino en su participación activa en los diferentes conflictos, como observadoras o participantes en múltiples actividades, entre las que se encuentra la de combatiente. Por desgracia, nuestro país se va incorporando muy lentamente a esta corriente y son escasos los investigador@s, que se ocupan de estos aspectos, no sólo en el tema referido sino también en los patrimoniales de cualquier índole. Recientemente se han traducido libros como Una mujer en Berlín, publicado por Anagrama, que recoge el testimonio de una berlinesa sobre la caída de Berlín, donde se aborda el tabú de las violaciones masivas de los soviéticos a las mujeres alemanas: “¿Qué significa violación? Cuando escuché esa palabra en voz alta el viernes por la noche en el refugio, me recorrió un escalofrío por toda la espalda. Ahora ya puedo pensar en su significado, la puedo escribir sin que me tiemblen las manos. La pronuncio para mí, para acostumbrarme a su sonido. Suena a lo más extremo imaginable, pero no lo es sin embargo”. Violaciones masivas, que luego fueron sustituidas por el “sexo fácil” de las tropas aliadas –Violaciones y “sexo fácil”- que ahí siguen presentes en los conflictos contemporáneos, desde los Balcanes al Próximo Oriente. La utilización de las violaciones como un “ama de guerra” sigue siendo un tabú en la historiografía española y rara vez se menciona, atribuyéndolo esporádicamente a los combatientes norteafricanos del ejército de Franco –arengas radiofónicas de Quipo de Llano- o el de las religiosas en el republicano. A lo que habría que sumar la violencia sexual que se ejerció en la represión después de la guerra. En el año 2014, Cynthia Simmons y Nina Perlina editaron en Ed. La Uña Rota, Escritos de mujeres desde el sitio de Stalingrado, uno de los asedios más crueles de la historia que duró 872 días y donde las mujeres fueron las protagonistas del mismo. La concesión del Nobel de literatura a Svetlana Alexiévich en el año 2015 ha servido para que se traduzca al español su obra La guerra no tiene rostro de mujer, que recoge cientos de testimonios de mujeres que participaron en la SGM en los ejércitos de la URSS. Por citar algunos de los ejemplos más conocidos.

En este sentido, se puede visitar en el Museo Imperial de la Guerra la exposición Lee Miller. A Woman’s War. La norteamericana Elisabeth Miller, que primero fue modelo de fotografía; después ayudante de Man Ray en el París de los años 20 y corresponsal de guerra en la SGM. Entre los años 1939 a 1945 formó parte del London War Correspondents Corp  y fue corresponsal de Vogue. Recorrió diferentes frentes en Europa Occidental fotografiando entre otros los efectos de los bombardeos aliados en el asedio de Saint Malo, la liberación de París, la batalla de Alsacia y el horror en los campos de concentración de Buchenwald y Dachau. Tras regresar al Reino Unido no se repuso jamás de los efectos del trastorno por estrés postraumático, habitual entre los combatientes de la SGM y en otros conflictos contemporáneos, y habitual entre los corresponsales de guerra. En Alemania realizó su icónico autorretrato en la bañera de la casa de Hitler en Dachau, donde intentaba “limpiarse” del horror visto al fotografiar a las mujeres que “entretenían” a los nazis en el burdel del campo. De nuevo, otro “topic”, el de las “esclavas sexuales”, de este horrible conflicto, no sólo exclusivo de la guerra en Europa. Recuérdese también el “uso” dado por los japoneses a cientos de miles de mujeres chinas, coreanas, etc, que sirvieron como “mujeres de confort” para el “solaz” de los soldados nipones, siendo violadas más de 50 veces al día. Las que no murieron por las enfermedades, el suicidio, etc., sufrieron un regreso en el que fueron repudiadas por sus familias y conocidos, obligadas a mantener un silencio horrible…una muerte en vida, que sólo últimamente ha salido a la luz recogiendo los testimonios de las últimas supervivientes. Sin embargo, para el cartel de la exposición y portada del catálogo se ha elegido una fotografía más inocua, más “polite”, de la piloto polaca Anna Leska a los mandos de un Spitfire.

La guerra civil española fue en muchos aspectos un claro antecedente de lo que sucedió luego en la Segunda Guerra Mundial. Corresponsales como Lee Miller tuvieron sus predecesoras en los frentes de batalla de los campos de España. Mujeres como la alemana Gerta Pohorylle, más conocida como Gerda Taro, quien falleció en julio de 1937 aplastada por un carro de combate en la batalla de Brunete. Gerta, compañera sentimental de Robert Capa, fue una adelantada del fotoperiodismo y con una tendencia a fotografiar los acontecimientos de una forma más cruenta que Capa. Tiene el dudoso honor de ser la primera corresponsal muerta desarrollando su trabajo. En esas mismas fechas llegaba a España la húngara Kati Horna, quien se ocupó de documentar la vida cotidiana en los frentes de Aragón, que cuenta con una tesis de Lisa Pelizzon, Más allá de la foto: la mirada de Kati Horna, o la italiana Tina Modotti, y otras muchas más prácticamente desconocidas, a pesar de que su magníficos trabajos. También italiana la napolitana Ada Grossi, recientemente fallecida –agosto, 2015-, de familia socialista, recaló en España desde el exilio en Argentina. Fue locutora en Unión Radio Barcelona y Radio Spagna Libera. Después de la guerra civil española, pasó la SGM en los campos de concentración del sur de Francia como muchas republicanas españolas. Su historia y las de otras voluntarias italianas ha sido recogido en un libro de Augusto Cantaluppi y Marco Puppini. Estas mujeres, y muchas otras, fueron testigos libres para documentar el horror de una guerra en la que las mujeres tomaron parte activa y sufrieron sus desastrosas consecuencias.

En la mayoría de los casos la presencia femenina se suprime por parte de los historiadores que se obstinan en dar una visión del conflicto totalmente masculinizado, un nuevo falso histórico, donde mujeres y niños parecen haber sido trasladados a otros espacios. Sin embargo, los testimonios escritos están presentes, como las memorias de la argentina Mika Feldman, conocida por su apellido de casada Mika Etchebéhère o simplemente Mika “la Capitana”, combatiente en la Guerra Civil española al frente de una columna del POUM. Sus memorias, que acaban de reeditarse en Francia en el año 2015 -1ed. en París en 1975-, aunque su figura había sido objeto de una Memoria de Master de la Université d’Angers, realizada por Vanesa Auroy, Mémoires d’une femme dans la tourmente de la révolution espagnole: l’exemple de Mika Etchebéhère, Ma guerre d’Espagne à moi”. El libro, editado por Éditions Milena et Libertalia, Ma Guerre d’Espagne à moi. Une femme à la tête d’une colonne au combat, recoge además el documental realizado por los argentinos Fito Pochat y Javier Olivera. Hasta ahora no ha existido voluntad por parte de la mayoría de los historiadores que se han ocupado del conflicto de visibilizar estos documentos escritos y recoger los testimonios de las mujeres en la guerra civil española.

 

Lo mismo sucede en los archivos fotográficos conservados de la guerra civil española de los dos bandos, donde la presencia de la mujer es muy abundante, pero ha sido sistemáticamente silenciada y borrada, una auténtica damnatio memoriae. Como una pequeña muestra de lo dicho está el lote de fotografías que realizó el piloto sudafricano Vicent Doherty que se conserva en el Archivo Municipal de Toledo. Se trata de 42 fotografías realizadas entre los días 20 y 21 de septiembre de 1936 durante una visita para contemplar el asedio del Alcázar. En las mismas podemos ver a las mujeres combatiendo en primera línea, presentes en las barricadas o en los patios de Santa Cruz y en la retaguardia del Miradero. Sin embargo, siempre se seleccionan fotografías de hombres en primera línea de combate. En el bando franquista la desproporción es todavía mayor. En el interior del Alcázar se encontraban cerca de 600 mujeres y niñas, que no existen en los textos y de las que apenas queda iconografía, sencillamente no existen. Son escasas las imágenes en color de la guerra civil español y algunas de las pocas que se conservan están rodadas en el verano de 1936 durante el asedio del Alcázar, en la que se recurre al tópico de la madre sufriente. No sólo la guerra de España no tiene rostro de mujer, sino que las escasas veces que lo tiene siempre es siempre siguiendo clichés y estereotipos.

 

La arqueología, que es un registro que no es susceptible de ser manipulado en su génesis permite estudiar determinados contextos sin dejarse llevar por la dinámica existente en otras disciplinas como la Historia. Así, las primeras excavaciones de espacios relacionados con la guerra civil española, básicamente posiciones defensivas, que se comenzaron a excavar a principios de los años 90 del pasado siglo XX, han seguido esa misma tónica de “invisibilidad” de la mujer. Aquí, debemos entonar un mea culpa, ya que en la primera excavación que se realizó en nuestro país, la segunda línea de defensa de Madrid en el sector defendido por Enrique Líster en Casas de Murcia, no visibilizamos la presencia de la mujer en el frente, cuando debió ser masiva, sobre todo después de la batalla del Jarama y hasta el final de la Guerra. En trabajos más ambiciosos realizados a posteriori, como los del Frente Sur del Tajo, también hemos incurrido en la misma incapacidad siguiendo la tónica general, que debemos corregir de inmediato incorporando la visibilidad de la mujer en la guerra civil española. Poniendo rostro a todas esas mujeres que participaron activamente en los campos de batalla, frentes y en la retaguardia en múltiples tareas, sufriendo además por partida doble los efectos de la contienda. Por un lado, las consecuencias lógicas de cualquier conflicto y, por otro lado, como suele ser una constante en los conflictos modernos, las específicas de la mujer que es objeto de una violencia ad hoc –abusos, violaciones, represión, etc.-

Jorge Morín de PablosDoctor Arqueólogo

1a. Una mujer en Berlín. 2b. Escritos de mujeres desde el sitio de Stalingrado. 3c. La guerra no tiene rostro de mujer.

2a. Lee Miller en el baño de la cada de Hitler en Dachau. 2b. Ana Leska en la portada de “A Woman’s War”. 2c. Fotografía original. Ana Leska en un Spitfire. 2d. “Esclavas sexuales” en un campo de concentración alemán.

3a. Gerta Taro. Guerra civil española. 3b. Viñeta popular con la muerte de Gerta Taro aplastada por un T-26. 3c. Ada Grossi. 3d. Antifascistas italianas en la Guerra Civil española. 1936-1939.

4a-c. Kati Horna. Fotografías frente de Aragón.

5a. Mika Etchebéhère. 5b Mika en 1936. 5c. Ma guerre d’Espagne à moi, d. Mika. Documental.

6a-b. Vicent Doherty –AMTol-. Toledo, 20 y 21 de septiembre de 1936.

7a-d. Mujeres en el Alcázar de Toledo. a-b. Asedio. c. Niña con su padre Guardia Civil. d. Septiembre de 1936.

8a-b. Mujer en Toledo, 1936 (Julio-Septiembre).

 

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