Tomelloso, a propósito de una foto de Masats [José Ramón de la Cal]

Relacionar con medidas humanas y trazar líneas rectas, paralelas, formando ángulos, perpendiculares, diagonales… sobre el papel en blanco, son los códigos de los que nos valemos para delimitar los contornos del habitar en un proceso de abstracción que comienza en el mundo del pensamiento, se materializa en la realidad construida y toma vida en el transcurso del tiempo adaptándose a las diferentes miradas de cada uno de sus habitantes.

Sobre las paredes enjalbegadas la “Mujer pintando el suelo” (Ramón Masats. Tomelloso 1959) redefine con una línea negra un ámbito real construido, que imaginamos doméstico y privado, frente a lo circundante, el suelo salpicado de blanco. Una línea como límite entre la luz exterior y la supuesta sombra interior de la casa, protegida del exterior por gruesos muros ciegos, y trazada por la figura humana, recordando el ideal de la casa como extensión del cuerpo.  Una línea entre la materia y el vacío que nos trae a la memoria las palabras de Chillida:

“En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide, dibujar es hermoso y tremendo.” (Discurso de entrada en la Academia de Bellas Artes)

Sin embargo, sobrecoge el hecho de que un contorno que en el pensamiento racional sin duda tendría una representación universal: abstracta, euclídea y cartesiana, al entrar en contacto con la materia se torna quebradizo, vibrante y único. Se humaniza para recordarnos que  las convenciones de los sistemas de representación resultan limitadas para las necesidades expresivas y la descripción de la ocupación del espacio. Y también para constatar la idea de la ambigüedad y complejidad del espacio.

Pero no debemos olvidar que es la mirada del fotógrafo  la que transforma el proceso de una tarea doméstica, un ángulo recto dibujado en el suelo con trazos simples, en una metáfora de la Arquitectura que nos recuerda que la primera prueba de la existencia del hombre es ocupar un espacio y es en este acto donde surge el límite.

Dice también Chillida:

“¿No es el límite el verdadero protagonista del espacio, como el presente, otro límite, es el protagonista del tiempo? Yo no represento, pregunto.”

La mujer contornea un límite, de un lado la materia de otro el vacío, sin que podamos afirmar de que lado se encuentra la Arquitectura. ¿Podemos afirmar con seguridad si la mujer se encuentra dentro o fuera del límite? Parece lógico que la delimitación se haga siempre desde el interior del espacio ocupado. Lo que nos lleva a pensar, si aceptamos el punto de partida del binomio espacio privado espacio público, que con su acción ocupa y delimita desde el vacío, actúa desde afuera. Configura su mundo interior oculto rompiendo la continuidad del espacio de todos. Ambos son complementarios, uno explica al otro y viceversa.

Además del contorno, la foto de Masats revela otro elemento fundamental de la metáfora, el orden manifestado a través del ángulo recto, base de la geometría, que a un tiempo representan la línea quebrada y su inmediata relación antropomórfica con el cuerpo encorvado del que nace el límite como prolongación del mismo. La geometría sirve a la necesidad humana  de entender el medio en el que habita a través del orden. La geometría representa el intento de establecer un orden racional sobre el aparente desorden de la naturaleza, encargada de manchar, corroer, fundir, ablandar y triturar las obras humanas. El ángulo dibujado, como la línea también goza de una cierta imperfección, reafirmando que además de la insuficiencia de los sistemas de representación, la belleza se encuentra a medio camino entre el orden y la imperfección.

Continúa Chillida diciendo:

“Creo que el ángulo de 90º admite con dificultad el diálogo con otros ángulos, sólo dialoga con ángulos rectos. Por el contrario los ángulos entre los 88º y 93º son más tolerantes, y su uso enriquece el diálogo espacial. ¿No son por otra parte los 90º una simplificación de algo muy serio y muy vivo, nuestra propia verticalidad?”

La definición de nuestros límites y contornos, va más allá de una reducción a un modelo, existen otra serie de parámetros, difíciles de atrapar por el dibujo, que hacen que no todo aquello dibujado y construido acabe siendo Arquitectura.

La suma ordenada de longitudes, anchuras y alturas de elementos constructivos no es suficiente para explicar el espacio, tan solo a veces el ser humano que lo habita, que con su mirada lo mide, que con sus sentidos se lo apropia, percibe la presencia intangible de la Arquitectura.

José Ramón de la Cal, arquitecto

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