Toledo, La Espada Histórica y la Verdadera Destreza de las armas (I) [Pablo González Collado]

1. Vista de Toledo desde El Valle. Foto del autor

[…] espada tengo, lo demás Dios lo remedie […]

“El Casamiento Engañoso”. Cervantes

Existen pocos objetos tan evocadores como una espada.

Existen pocas ciudades tan evocadoras como Toledo.

Desde esta perspectiva, no es de extrañar que en la ciudad del Tajo los aficionados a muros viejos y filos resplandecientes temblemos emocionados con la explosión sugestiva asociada a la combinación semántica entre ambas palabras (“espada” y “Toledo”) comprendiendo que el mundo de la espada en nuestra ciudad haya alcanzado tan altos niveles de prestigio histórico y reconocimiento mundial.               

Está claro que Toledo es la ciudad de las espadas por antonomasia. Binomios como “acero toledano” y palabras de nuestro acervo cultural como “toledana” (vocablo que se emplea para definir un tipo de espada ropera concreta: la que posee taza o cazoleta semiesférica para proteger la mano), topónimos dentro del casco histórico como calle de “las Armas”, leyendas de nuestro imaginario colectivo en las que hechos asombrosos tienen lugar entre el cantarino entrechocar de las hojas de sendas espadas, museos, fabricantes y coleccionistas privados que mantienen vivo el recuerdo de tan heroico implemento, nos hablan de la tradición y el arraigo con que la cultura de la espada impregna nuestra ciudad.

La recordada Fábrica de Armas de Toledo, desde su construcción por Carlos III, deja su huella en generaciones de toledanos con la espada como idea de fondo (cualquier toledano tiene un miembro en su familia o una amistad que trabajó en “la Fábrica”). Hoy día, la espada sigue presente en nuestras calles (a través de la multitud de tiendas que comercializan sus versiones decorativas), en nuestras casas (pocas casas de toledano viejo hay que no luzcan en una pared el escudo de Toledo tallado en madera con una Colada y una Tizona cruzadas en él),en nuestros poemas y leyendas (cuyo máximo exponente es Gustavo Adolfo Bécquer), en nuestros actos oficiales (los actos señalados de la vida de los toledanos, tanto a nivel administrativo, deportivo, cultural, como a nivel particular, suelen cerrarse con la entrega de una espada conmemorativa –nótense las jubilaciones en la docencia o la entrega de premios en las carreras populares, por ejemplarizar-).

2. Hoja con el sello de la Fábrica de Armas de Toledo. Foto del autor

La espada está presente en nuestro devenir cotidiano como en ninguna otra ciudad de Europa (nadie se extraña de observar por las calles de la ciudad histórica a multitud de turistas con sus inmensos paralelepípedos de cartón con una espada en su interior recién adquirida, paseando orgullos por la ciudad) pero, sin embargo, ¿qué sabemos realmente de ella? No poco a nivel histórico-artístico, morfológico, físico-químico o legendario, conocimiento aportado por historiadores, conservadores de museos o restauradores de bienes muebles, pero todo este saber siempre está dirigido al objeto en sí, a la pieza como elemento inerte, inanimado, quieto, carente de función. Una espada en movimiento (su funcionalidad y arte de manejo) es algo que, tradicionalmente, sólo el cine nos ha podido ofrecer (y con pobres experiencias en la mayoría de los casos desde el punto de vista de la historicidad de la esgrima desplegada) y que constituye un patrimonio inmaterial que los dedicados al estudio de la esgrima antigua tratamos de preservar como un tesoro cultural de primer orden.

La espada fue concebida allá por la Edad del Bronce para la terrible función de matar personas. Así de duro. Así de verdadero. En la Antigüedad, todas las armas que se han llevado a la guerra (hasta la aparición de las armas de fuego) han sido adaptaciones de los utensilios profesionales de los hombres que acudían a ella (el martillo del herrero, el pico del minero, la lanza y el arco del cazador, el hacha del leñador, etc.), sin embargo, la espada no procede del ámbito profesional de un oficio concreto que no sea otro que el de las armas. Es un objeto creado para representar un estatus de la persona que lo porta: el de hombre libre (subyace la siguiente idea: si tengo espada y sé utilizarla, puedo defenderme por mí mismo de mis enemigos, que no me podrán someter), convirtiéndose en el símbolo de una casta guerrera que desde el origen de los tiempos ha existido en todas las culturas occidentales. Por tanto, si un objeto tan antiguo ha pervivido tanto tiempo con una morfología básica poco modificada con el paso de los siglos, es porque el diseño del objeto está verdaderamente ajustado para la función que se le pide. Una espada no deja de ser un objeto morfológicamente sencillo esencialmente construido con una hoja metálica de un filo cortante o dos, relativamente larga, con una punta aguda hiriente en un extremo y una empuñadura para su asimiento en el otro. Pero… ¿sabemos realmente cómo se maneja una espada?

03_fotografía cortesía de Rubén Calderón

Durante siglos existieron instructores capaces de enseñar el manejo de espadas que, a modo de profesores, transmitían el conocimiento a los interesados: “doctore” los llamaban los romanos (“Campeador” o “Campi-doctore” llamamos al Cid Rodrigo Díaz de Vivar, por lo que le presuponemos maestría en el manejo de las armas) y “maestros de armas” en tiempos medievales y posteriores. Estos hombres se encargaban de instruir en el arte de la autodefensa a los hombres de armas y a partir de la Baja Edad Media también a los súbditos que deseaban aprender a defenderse con una espada y que se lo podían permitir. Más tarde, sobre el Siglo de Oro, no hay hidalgo que se precie de serlo que no porte espada al cinto e intente aprender a manejarla. Algunos de estos maestros, normalmente dedicados a reyes o nobleza, pusieron por escrito sus conocimientos en doctos tratados de los cuales, una parte los conservamos en bibliotecas y archivos. Es ésta la fuente primaria de estudio para aprender las técnicas que empleaban nuestros antepasados en un duelo a espada. Son los tratados los que, unidos a la práctica seria de la esgrima antigua entendida como arte marcial, con reproducciones seguras de espadas históricas, permiten acercarnos al conocimiento sobre cómo se empleaban las espadas en el pasado.

Primeramente, y en sucesivas entregas, explicaremos qué se entiende por esgrima antigua o histórica y qué otros tipos de esgrima existen. Después y, sin ánimo de ser exhaustivo, hablaremos sobre los tratados de esgrima antigua que han llegado hasta nuestros días y que constituyen un corpus teórico valiosísimo acerca de cómo entendían nuestros antepasados el manejo de espadas. Intercalaremos nociones sobre morfología de las espadas históricas según épocas. Por último, expondremos el enfoque actual para el estudio y la práctica de la esgrima histórica que seguimos en la Asociación Cultural de Esgrima Antigua de Toledo (ACEAT).

 (continuará)

Pablo González Collado

07_Escudo panoplia_fondo blanco_dibujo de Pablo González Collado

Asociación Cultural de Esgrima Antigua de Toledo

Asociación Española de Esgrima Antigua

www.esgrimaantigua.com

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Contacto: toletvm@gmail.com

 

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