Sithon´s ¿Bailas? [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 23 D20 Archivo VASIL


Tras un cristal ovalado la cabina del entonces denominado Disc-jockey

En 1969 abre sus puertas en Toledo la discoteca Sithon’s, uno de los pocos lugares de “ocio y desenfreno” permitidos en aquellos tiempos por la autoridad competente. Junto a Tiffal y la “Boite Garcilaso” constituían la modernidad de los setenta en una ciudad donde no terminábamos de encajar aquello del rock and roll y minifaldas iluminadas por los reflejos de una bola de espejos.

Cualquier toledana o toledano ha pasado por Sithon’s. Primero con el miedo de que te pidieran el carnet de identidad, porque tu incipiente pelusa no engañaba al portero. Luego a la caza y captura de las extranjeras liberadas, más proclives al roce y el achuchón, sin más compromiso que pasar una buena tarde. En términos coloquiales aquello lo denominábamos “buitrear”, y lógicamente los que lo practicaban eran bien conocidos como “buitres”.

Los lectores más jóvenes, clientes actuales del local remodelado, no podrán entender jamás el protocolo que había que seguir desde que se bajaba aquella escalera hacia la oscuridad. Ya solo el hecho de estar con la mínima luz, representaba un nivel de excitación extra a la hora de ponerse “manos a la obra”.

Pasábamos del baile parroquial, pulcro, casto y vigilado a lo más profundo del libertinaje (o al menos eso esperábamos animados por nuestras fantasías tras una adolescencia dura, muy dura, en materia sexual).

Tras la oscuridad, la noche terminaba con “pachanga” a plena luz. Era el fin de fiesta.

Existían, incluso, unos “reservados”. ¿Para los vip? No. En aquellos sillones, generalmente tapizados de terciopelo granate, la total oscuridad te hacía invisible para el resto de los clientes del local. Si conseguías llegar a esa zona, la noche se ponía bien;  “habías triunfao”.

Ya se cuidaban mucho “ellas” de que no se las viera para no dañar su reputación y pasar por “facilonas”. Atravesar el umbral granate era una lucha psicológica y una técnica depurada desde que, a primera hora, empezabas con aquella frase tan efectiva de “estudias o trabajas”, a la espera de que terminara la música “suelta” y empezara “lo lento”.

Si esto fuera un artículo sociológico, de esos que buscan la profundidad del comportamiento humano, diríamos que locales como Sithon’s representaron la liberación de una juventud atada a los usos y costumbres de una sociedad católica, apostólica y romana. Se decía, entonces, que para poder abrir la primera discoteca en Toledo tuvo que morir el Cardenal Plá y Deniel (pobre hombre, qué culpa tendría).

Aquí, desde esta sección fotográfica, solo pretendemos remover la memoria. Ayudar a recordar lo mucho que sufríamos para poder soltarnos la melena que, obligatoriamente, debía dejar el pelo por encima de la oreja. Pensábamos que nos estábamos liberando, que por fin llegaba el momento de ser europeos…… pero aún faltaba mucho camino por recorrer.

Nos movíamos como locos al son de unos ritmos trepidantes con unas letras generalmente ininteligibles para la generación del francés (me refiero al idioma, claro). Daba igual, la potencia musical de Beatles, Stones, Dylan, Janis y otros muchos, estaba por encima del entendimiento puramente lingüístico.

Toda nuestra obsesión era estar en la pista, cerca de la chica o el chico “que nos gustaba”; saltando y moviendo todos los músculos de nuestra cuerpo con la vista puesta en “la bola de espejos”. Cuando esta empezaba a girar lentamente, era la señal. Nos lanzábamos sobre la “presa” para hacer la pregunta obligada: ¿bailas? Y si no había inconveniente, iniciabas todo un ritual de apretones, brazos y manos, a la espera del ansiado “consentimiento”. ¿A que sí?

Si las paredes de Sithon’s hablarán, darían seguro para más de un libro; podríamos grabar toda una serie de capítulos bajo el título “Toledanos en la Disco: buitres y leyendas”.

Hace poco, después de 50 años tuve la ocasión de volver para rematar una fiesta de empresa. En la puerta, decenas de adolescentes guardaban una ordenada fila para entrar. Mi sorpresa fue cuando, al acercarme para preguntar, el segurata con pinganillo directamente me dijo: “pase usted señor”…..y yo me percaté de que ya no era mi sitio, por mucha nostalgia que tuviera.

Cuando te llaman “señor” en al puerta de una discoteca como Sithon’s ves pasar toda tu vida por delante. Aquella noche tardé mucho en dormirme recordando todo lo que había vivido entre aquellas paredes negras y luces intermitentes de colores, mientras volvía a tararear “Samba pa ti”.

Quique J. Silva

 

 

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