Reconstrucción: tipismo y tradicionalismo versus funcionalismo y modernidad (y IV) [José Rivero Serrano]

3 LA LÓGICA INTERNACIONAL

Frente a la lógica oficial e institucional, desplegada con insistencia por Regiones Devastadas, a propósito de la vía operativa de la teoría de la Reconstrucción en curso, a veces emergen visiones contrapuestas y aún enfrentadas con los argumentos centrales. Visiones contrapuestas que, en ocasiones tienen orígenes exteriores como veremos.

Así los comentarios relativos a la exposición antológica de la DGRD, celebrada en San Sebastián en septiembre de 1945, dan cuenta de la filosofía central de esa teoría de la Reconstrucción, en sus primeros aspectos económicos. Aspectos económicos que ya fueron anotados con anterioridad: “Reconstrucción cuyos aspectos cuantitativos emanados de Regiones Devastadas, no son irrelevantes para la economía de la época; toda vez que en palabras de Manuel Blanco `constituye uno de los programas de construcción más amplios que se hayan realizado en España en este siglo`. La misma conclusión sostiene Giner de los Ríos: `esta obra (la de la DGRD), por su calidad y por su cantidad, es una de las más importantes del decenio`; quien llega a aportar los datos de la Exposición de la DGRD de 1948, con una inversión de 221 millones y fijando la inversión final en 1.385 millones de pesetas[1]. Centralidad económica que se refleja ya en las palabras de 1945.  “Están representados los diversos pueblos en los que la guerra dejó su huella devastadora, y que ha sido borrada por los importantes trabajos de reconstrucción realizada; obras en las que se han invertido más de 800 millones de pesetas, aparte de las cantidades que el Instituto de Crédito ha facilitado a los particulares para reconstruir sus inmuebles[2].

Es decir, una primera llamada se centrará en las valencias económicas desplegadas en la Reconstrucción; y por ello se hace ver que “quizás el campo en que la victoria era más difícil después de la Cruzada fue el de la reconstrucción, el dejar a España curada de las heridas profundas de la Guerra Civil[3]. Como si la victoria militar sólo fuera el primer peldaño de una larga escalera de la naciente organización económica y social que las fuerzas vencedoras se avenían a desarrollar. Desarrollo material y contenido económico que había que aderezar y revestir con diferentes argumentos que apelan a las tradiciones genuinas y a un mundo de esencias eclipsadas; como si el severo contenido económico, inherente a la Reconstrucción material, hubiera de ser travestido y revestido de otras bazas argumentales.

Heridas, por otra parte, similares y coetáneas a las abiertas en la Europa entera salida de la Segunda Guerra mundial, que salvadas las dimensiones económicas más directas, formularon diferentes visiones e interpretaciones operativas, que no ocultaban las matrices económicas. “Ciertos espíritus no ven en la reconstrucción sino una ocasión de concretar sueños de futuro, aplicar nuevos principios de urbanismo y realizar una  arquitectura completamente moderna. Otros, sin embargo muestran preocupaciones muy distintas[4]. Es decir la visión francesa, coetánea de la española, abría el debate sobre las herramientas instrumentales a desarrollar en la reconstrucción del patrimonio inmobiliario, entre las vías de un posibilismo económico y de un utopismo formal. Una oportunidad, por tanto, para sentar bases nuevas de la ordenación urbana con nuevos lenguajes, o una tentación museográfica de preservación de las ruinas heredadas, pero siempre contando con los límites de una economía en reconstrucción. “Por enormes que hayan sido en esta guerra las destrucciones, no han hecho tabla rasa ni mucho menos, de lo que el hombre desde hace varios siglos había construido; en realidad únicamente afectan a una parte del total de ciudades, pueblos y aldeas. Por otro lado es evidente que no se puede destruir todo para rehacerlo de nuevo: en primer lugar, porque de lo que queda no todo es malo y además, porque la enormidad misma del desastre acarrea como primera consecuencia la obligación de utilizar todo lo que a él escapara, sin desperdiciar nada[5]. Faltaría advertir que en el primero de los casos, los límites de la reconstrucción severa quedaban acantonados por la escasez de recursos económicos disponibles.

Enfrentamiento, que en las palabras de Roux-Spitz, anotadas por Gallotti, se resume como el de “dos escuelas igualmente peligrosas, la de los quiméricos y la de los arqueólogos[6]; es decir las ciudades nuevas frente a las ciudades reconstruidas. Enfrentamientos, no sólo conceptuales, sino instrumentales de la propia lógica ordenadora. Si Roux-Spitz, en la reconstrucción de Nantes, “no se muestra propicio al trazado de calles con intersección en ángulo recto y prefiere un tipo de trazado urbano muy difundido en Estados Unidos, conocido con el nombre de hojas de helecho…tampoco es partidario de las casas ‘fabricadas’, aunque recomienda el empleo de elementos de detalle producidos en serie[7]; Perret, por el contrario, en la reconstrucción del Havre, opta “por un plano estrictamente ortogonal. [ya que] El ángulo recto representa una economía del 50 por 100 en la construcción[8]. Planteando, cómo bajo las aparentes divergencias formales adoptadas, laten no sólo cuestiones estilísticas de la ordenación, sino cuestiones de índole económica; cuestiones relativas a la estandarización industrial, a la serialidad productiva y a las economías implícitas en determinados gestos formales. Incluso cuestiones vinculadas a los olvidados, entre nosotros, principios de la Carta de Atenas, como reflejaba el trabajo de ‘Urbanización de la ciudad de Edimburgo’, realizado bajo las propuestas desarrolladas por Abercrombie. “La reforma de la ciudad encierra cinco problemas: redistribución de los habitantes; vías de comunicación; emplazamiento de las industrias; desarrollo del centro de la población y rehabilitación del barrio de Portobello; y por último parques y otros espacios abiertos[9].   

Por el contrario, en España, el discurso aparente de las propuestas formales y arquitectónicas aparece jalonado de argumentos visuales, casi en exclusiva. “Se ha seguido el criterio de adaptar en todas las obras los materiales de la región, así como hacer que preponderase el respectivo estilo en las líneas…Regiones Devastadas no construye masas informe de viviendas, sino que les da la gracia del estilo peculiar que ha merecido denominarse con el nombre de la Dirección[10]. Es decir frente a las posibilidades de la producción industrial –quiméricas, por otra parte, para la estructura productiva del momento español– se opta por la vana estilización espectacular. Haciendo ver, o intentándolo, que uno de los más crudos problemas de los años cuarenta –el del alojamiento de masas– no era en esencia un problema productivo sino formal. Aunque luego, y líneas más abajo, se asuma contradictoriamente el lenguaje del fordismo productivo y se enseñoreen con la máxima mecánica: “cada cincuenta y tres minutos, una casa…; una iglesia cada catorce horas; un edificio religioso de beneficencia cada mes; un ayuntamiento cada mes y medio y un cuartel de la Guardia Civil cada cincuenta días[11]. Exponiendo los logros de la proeza productiva y la ferviente temporalidad de sus sucesos, no menos productivos: “Si la guerra –con sus inevitables destrucciones– y la bestialidad del enemigo –practicando de un modo criminal la táctica de la tierra quemada– llenaron España de ruinas, en la hora de la victoria y de la paz el Estado se exigió así mismo velocidad y el interés en alzar sobre las incontables ruinas los edificios que hablasen de una España hermosa, unida y fuerte[12]. Sucesos productivos que, nuevamente parecen opacarse, pese a la velocidad exigida al Estado, para dar cabida a la vieja retórica: “No ha construido [Regiones Devastadas] en serie viviendas sin gracia y sin estilo, bloques de casa sin alma, al estilo de arquitecturas masivas y colosales. Casi con ternura se ha procurado dar a cada casa su tono, meterla en su paisaje, acondicionarla a su labor[13].

Frente a las artesanías esgrimidas por Regiones Devastadas, inhábiles para solventar el acuciante problema del alojamiento de masas, se despliegan otras lógicas exteriores; aunque éstas se formulen sin rubor, desde valencias estrictamente económicas y productivas. Así la presentación de la  nueva ciudad de Midwest, se verifica en claves exclusivamente económicas. “W.P. Atkhinson…concibió la idea de que la construcción de una colonia en los terrenos circundantes contribuiría al esfuerzo de guerra por el ahorro de tiempo invertido en el desplazamiento del personal del a fábrica[14]. De igual forma que el problema sueco de la habitación, en la exposición de Goteburgo, se verifica desde la estandarización y la serialidad, que no oculta su lema ‘Espacio suficiente a un precio razonable[15]. Razones parecidas son las comentadas para el caso inglés, incluso en el medio rural. “El Gobierno inglés está dando pruebas evidentes de su decidido propósito y firme resolución de proporcionar vivienda adecuada a todos los súbditos del Reino Unido, cuestión de capital interés y erizada de dificultades, por el gran número de destrucciones a que la guerra dio lugar[16]. ¿Reconstrucciones o casas nuevas?, se interrogaba el texto; para dar respuesta de que “el obrero agrícola joven preferirá para él y los suyos, una casa de campo proyectada y equipada a la moderna a cualquier reconstrucción de un edificio semiarruinado, aunque sea muy pintoresco[17]. Dejando en evidencia, esa preferencia mostrada, algunos de los argumentos del  ideario central de Regiones Devastadas, volcados en el Pintoresquismo[18] y de espaldas a la Moderna Producción. Un pintoresquismo tributario y genuino, como el expuesto por Gonzalo de Cárdenas al fijar: “La reconstrucción de nuestros pueblos, hemos de basarla únicamente en los trazados genuinamente españoles, hechos con arreglo a nuestro temperamento y a nuestra manera de vivir, y en la que no nos sirven, sino que nos estorban, todas las técnicas que puedan venir de otro país[19].

Frente a la paralización espectacular esgrimida en aras de lo autóctono y lo genuino, se anotaban indirectamente otras actitudes, por ejemplo en los Estados Unidos, donde se vinculaban abiertamente las ciudades con la industria y con la técnica. “Sobre el fondo brillante y ruidoso de sus ciudades, a las que la industrias de guerra han prestado todavía mayor animación, los norteamericanos están preparando las medidas que, ya terminado el conflicto bélico, darán realidad a una idea. La idea es un nuevo tipo de vida urbana en el complejo siglo XX, tan adelantado en el orden técnico. La realidad futura serán ciudades replanteadas científicamente[20]. Orden técnico subrayado con énfasis, por el propagandista del regionalismo geográfico y edilicio, Antonio Cámara en su trabajo sobre los poblados  estadounidenses, Stuyvesant y Peter Cooper, que llega a formular el dicho, casi castizo, de que: “En realidad, sobre la técnica no tenemos nada que aprender”[21].

Cuando bien ciertas son las diferencias advertidas en la parte gráfica del trabajo mencionado: maquinaria auxiliar, medios técnicos avanzados, estructuras en acero y sistematización constructiva; que hacían patente la identificación de la solvencia productiva y el desarrollo tecnológico con la resolución de “un problema tan grave de viviendas, como el de las poblaciones europeas destruidas[22]. Por ello, y más allá de las limitaciones tecnológicas de la construcción española de los años cuarenta,  habrá que preguntarse por las razones de ese desdén técnico y de esos prejuicios productivos. Un desdén y unos prejuicios, que ocultando las razones esenciales de su ausencia en el presente español, se transmutan en una reivindicación  de las prácticas artesanas y en una deriva estilística que se acuña como propia. Cuando bien cierto es que la economía autárquica sólo era capaz de generar una construcción preindustrial, más propia del siglo XIX que de los avances que son ya visibles en esos años. Y por ello, ocultando lo esencial de la incapacidad económica para acometer ciertas transformaciones profundas, se opta por la ensoñación de las “casas con alma”, frente  a “las arquitecturas masivas y colosales”.

Esa doble mirada, y ese consecuente estrabismo de la mirada son visibles aún, cuando se acometen otros temas de la arquitectura de los Estado Unidos. Así es posible elaborar una información sobre el ’Renacimiento de la arquitectura griega’[23], en donde se informa de “que constituye un ensayo para crear una arquitectura norteamericana adecuada”. Tratando de homologar, por otra parte, los esfuerzos y empeños propios por idear una ‘arquitectura nacional[24] asentada en los lenguajes del pasado. En paralelo con lo anterior, puede producirse la inserción de un trabajo de características bien diversas y hasta encontradas con el anterior: “Una de las últimas novedades que nos llegan de Estados Unidos son estas casas prefabricadas de acero, que se han expuesto en Chicago y cuyo coste total es de siete mil dólares…La Administración Nacional de la Vivienda ha dado un excelente informe sobre estas nuevas viviendas de acero y ha ofrecido su apoyo a las casas constructoras de Chicago para que una de las mayores fábricas de la ciudad, que en tiempos de guerra fabricaba material bélico, sea dedicada exclusivamente a la fabricación de este tipo de viviendas, y se calcula que en los primeros meses de 1948 se podrá llegar a la cifra de 1.500 viviendas diarias[25].

Logro productivo evidente, que fija cómo las economías de guerra se transforman en tiempo de paz, en el desarrollo de producciones sociales eficientes, aprovechando las innovaciones técnicas de los sectores bélicos. Circunstancias, por otra parte, inexistentes en el caso español, donde el impulso de las industrias militares sólo se aplicó tardíamente de la mano del Instituto Nacional de Industria[26], en una industrialización civil incipiente, pero rara vez aplicada al mundo de la construcción. Industrialización, que en proximidad de esos años de retórica formal y de atraso constructivo, es promovida por Eduardo Torroja en 1949 desde la revista ‘Informes de la construcción’, con la pretensión de producir 50.000 viviendas anuales. Opción industrial de la vivienda que en palabras de Carlos Sambricio: “nada tenía en común con la cultura oficial del momento. Frente a las bóvedas tabicadas propugnadas  por Moya (aprovechando la existencia de una abundante mano de obra barata) ‘Informes de la construcción’ reseñaba las patentes de prefabricación aplicadas en los países nórdicos[27]. Y opción, que dejaba en nada, las 14.400 viviendas levantadas por Regiones Devastadas en un quinquenio. Habrá que esperar a 1954, en  que de manera oficial ya, se produzca el Concurso de Vivienda Experimental de Villaverde, promovido por el INV y la OSHA[28]. Y un año más tarde en diciembre de 1955, nuevamente se producirá el concurso de Viviendas Experimentales de 1956[29], en que se asuma el vínculo productivo de vivienda e industrialización, como declaraban las palabras de su presentación en la revista ‘Hogar y Arquitectura’. “Destacar la importancia del ensayo emprendido para abrir a la arquitectura de la vivienda y a la industria  de la construcción nuevos horizontes, mediante la experimentación de materiales, maquinaria, técnicas y sistemas cuya instauración aquí, por las ventajas en calidad, rapidez y economía que su empleo represente, pueda servir para acelerar el ritmo de construcción de viviendas de carácter económico o multiplicar su número[30]. Concurso que en palabras de Fonseca, padre inspirador del mismo a lo largo de ocho años, “a última hora se malogró, porque se desvirtuó el enfoque de pura investigación sobre sistemas…para convertirlo en una cosa híbrida entre concurso de Arquitectura, construcción de un gran grupo con finalidad política y finalidad social de construcción de viviendas…”[31].

Logro productivo el reseñado en las páginas del número citado de ‘Reconstrucción’ sobre la industrialización de la viviendas en Estados Unidos, que contrasta con lo aireado, pero raquítico, del ritmo desplegado en tareas similares desde Regiones Devastadas de:  “cada cincuenta y tres minutos, una casa”[32] o con la pretensión de Torroja y su concurso de 1949. Ratio empequeñecido con la estadística americana, capaz de producir 188 viviendas por la misma fracción de tiempo. O si se quiere, en sólo diez días de trabajo de la industria de la ciudad Chicago, se habrían cubierto los resultados que aquí, Regiones Devastadas había mantenido durante cinco años en todo el país. Tal vez no se pudo, desde las limitaciones estructurales de la economía autárquica, acometer el proceso de industrialización de la vivienda a la americana.

Tal vez no se supo, asumir los desafíos técnicos del momento, desde la creencia de que “la industrialización parece conducir a la arquitectura hacia un plan de inferioridad[33], o incluso la formulación de que “¿será posible luchar contra la serie?… ¿se verá el arquitecto reducido a la repetición y a la monotonía?[34]. En un extraño vínculo de contraposición de la serialidad industrial con los anhelos identitarios de “casas con alma”, aunque tal vez  fueran “casas sin cuerpos”. Pero es posible que tampoco se quisiera reducir y reconducir el clima ideológico y político de la Reconstrucción y sus significados sociales. Reducir un tiempo de cicatrices y reconducir un espacio de posguerra;  abreviando, con ello, su contenido y optando por dilatar su vigencia. En aras de la prolongación de una ideología autárquica que compone la mirada de la larga posguerra.

José Rivero Serrano, arquitecto


[1]  RIVERO SERRANO J. Regiones Devastadas: figuración, morfología y tipología. Op. cit. Página 76.

[2] S/A. La exposición de la reconstrucción de España. “Reconstrucción”, nº 55. VIII-IX, 1945. Páginas 237-252.

[3] Ibídem. Pagina 244.

[4] GALLOTTI J. Un aspecto del problema estético de la Reconstrucción en Francia. “Reconstrucción”, nº 56, X, 1945. Páginas 345-348.

[5] Ibídem. Página 345.

[6] Ibídem. Página 346.

[7] Ibídem. Página 347.

[8] VAILLAT L. Una ciudad que renace: el Havre. “Reconstrucción” nº 61, III, 1946. Páginas 113-118.

[9] S/A. Urbanización de la ciudad de Edimburgo. “Reconstrucción” nº 85, VIII-IX, 1948. Páginas 245-250.

[10] S/A. La exposición de la reconstrucción de España. Art. Cit.  Paginas 245 y 247.

[11] Ibídem. Páginas 247 y 248.

[12] Ibídem. Página 251.

[13] Ibídem. Páginas 251 y 252.

[14] S/A. Construcción de una ciudad para la industria aeronáutica americana. “Reconstrucción”, nº 55, VIII-IX, 1945. Páginas 253-254.

[15] S/A. Exposición de la vivienda sueca. Ciudad colectiva moderna, en Gotemburgo. “Reconstrucción”, nº 57, XI, 1945. Páginas 285-292.

[16] S/A. La vivienda rural en Inglaterra. “Reconstrucción” nº 59, I, 1946. Páginas 13-16.

[17] Ibídem. Página 13.

[18] VAQUERO J. Arquitectura popular española. Pintoresquismo en la reconstrucción. “Reconstrucción”, nº 16, noviembre 1941. Página 13.

[19] GARCÍA UYARRA A., GONZÁLEZ BENITO J. Mª. y JUSTO MORENO A.  La casa en España I. Antecedentes. Op. cit. Página 117.

[20] HERNÁNDEZ P.C. La urbanización norteamericana. “Reconstrucción” nº 63, V, 1946. Páginas 185-188.

[21] CÁMARA A. Reconstrucción de viviendas en la ciudad de Nueva York. “Reconstrucción”. Art. Cit. Página 14.

[22] Ibídem. Página 1.

[23] S/A. Renacimiento de la arquitectura griega en los Estados Unidos. “Reconstrucción”, nº 83, V, 1948. Páginas 185-188.

[24] CAMÓN AZNAR J. Un posible estilo nacional en arquitectura. Art. Cit.

FISAC M. Lo clásico y lo español. Op. Cit.

BERMÚDEZ DE CASTRO L. El estilo es el hombre. La arquitectura es el país. Art. Cit.

CAMÓN AZNAR J. Hacia una arquitectura nacional. Art. Cit.

[25] S/A. Casas prefabricadas de acero en los Estados Unidos. “Reconstrucción” nº 84, VI-VII, 1948. Páginas 231-236.

[26] SAN ROMÁN E. Ejército e industria: El nacimiento del INI. Crítica, Barcelona, 1999.

[27] SAMBRICIO C. Torroja y el concurso internacional de vivienda prefabricada de 1949. En SAMBRICIO C. (Editor) Un siglo de vivienda social (1903-2003). Tomo II, EMV, Ministerio de Fomento y CES, Madrid, 2003. Páginas 34-37.

[28] LASSO DE LA VEGA M. El Instituto Nacional de la Vivienda de Federico Mayo y José Fonseca. En SAMBRICIO C. (Editor) 100 años de historia de la intervención pública en la vivienda y en la ciudad. Op. Cit. Páginas 49-71.

BERGERA SERRANO I. Obra Sindical del Hogar: tres décadas de vivienda social.  En SAMBRICIO C. (Editor) 100 años de historia de la intervención pública en la vivienda y en la ciudad. Op. Cit. Páginas 121-143.

[29] HURTADO TORÁN E. El concurso de vivienda experimental. En SAMBRICIO C. (Editor) Un siglo de vivienda social (1903-2003). Tomo II. Op. Cit. Páginas 65-67.

[30] S/A. Concurso de viviendas experimentales. “Hogar y Arquitectura”, nº 8, 1956. Página 3.

[31] FONSECA J. La investigación en el campo de la vivienda social. Instituto Técnico de la Construcción y el Cemento, nº 195. Madrid, 1958. Página 16.

[32] S/A. La exposición de la reconstrucción de España. Art. Cit.  Paginas 247.

[33] HART-TERRÉ E. Los congresos internacionales de Arquitectura y Urbanismo. “Reconstrucción” nº 85, VIII-IX, 1948. Páginas 263-265.

[34] Ibídem. Página 264.

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