Toledo en Venecia, RE-HABITAR Menores 12 [José Ramón de la Cal]

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@ J Longobardo

El próximo jueves se inaugura la 15a Exposición Internacional de Arquitectura, Bienal de Venecia, comisariada por el último Pritzker, el arquitecto chileno Alejandro Aravena, allí estará la obra de Menores 12, allí estará representada Toledo. Toledo y Venecia tienen mucho en común.

Menores 12 es una obra sin fachada, sin pieles, toda estructura, que recupera un espacio en ruina, transformándolo, sin demoler nada, para ser re-habitado y apropiable por la vida doméstica. Construida con escasez de medios y con la curiosidad y entusiasmo de los estudiantes y profesores de la Escuela de Arquitectura de Toledo, bordeando y poniendo en crisis los límites de la rehabilitación convencional.

Nuestro trabajo ha consistido en poner las condiciones para que de nuevo la casa y sus medidas vuelvan a albergar la vida, una vida descrita por Le Corbusier en la visita que hizo a Toledo en 1928.

“De todo Toledo, sólo esto: una casita con un patio limpio y cuidado; me permiten entrar, subir a los pisos minúsculos; está lleno de mujeres y niños; las medidas de esas galerías, de esas alturas de ventanas deliciosas de vieja casa hispano-árabe son las que llevo diez años buscando para construir nuestras casas: la escala humana. Me siento reconfortado.”  

Le Corbusier. Fragmento del artículo «Espagne».

En febrero de 2012 entramos por primera vez a la casa del callejón de Menores 12, una casa patio con abundantes elementos de interés, datados desde el s.I al s.XX, con nivel de protección P en el catálogo del Plan Especial del Casco Histórico de Toledo. La casa había conservado sus trazas romanas de muros de opus caementicium del s.I en los cimientos del sótano; fábricas, aljibe y pozo medievales; alfarjes policromados, yeserías, pinturas y pilares ochavados, de los s. XVI-XVII; también suelos hidráulicos y de olambrillas, más recientes. Es un ejemplo paradigmático de todos los elementos de identidad propios de una casa toledana y un fiel testigo de las diferentes etapas históricas que han dado forma y carácter a Toledo.

 

La casa estaba en ruina, con la cubierta y parte del primer piso arrumbados, amenazaba con venirse abajo más pronto que tarde. El propietario acuciado por la crisis apenas podía mantener ya la casa en pie y mucho menos hacer los trabajos de rehabilitación necesarios. Esta obra ha sido posible gracias al Consorcio de Toledo, quien propuso la colaboración con una incipiente Escuela de Arquitectura de Toledo, que apenas tenía un año de vida, para estudiar el problema y proyectar de forma experimental, en un trabajo de investigación, una solución que consiguiera evitar la pérdida de este patrimonio. El proyecto se convierte en una obra real. Las ideas y criterios del plano teórico se confrontan con las circunstancias de la realidad, de forma que la investigación adquiere una dimensión más cercana a la verosimilitud que si se hubiera quedado en el plano de las reflexiones. La casa patio del pasado es una oportunidad para la investigación y la verificación de otras pautas posibles de intervención en la ciudad histórica. Garantizar la supervivencia del tejido alveolar de Toledo nos lleva a indagar sobre las los procesos de rehabilitación más viables desde la racionalidad constructiva.

Después de estudiar a fondo los daños de la casa, propusimos una rehabilitación diferente al modo de proceder habitual. La obra de Menores es de cirugía poco invasiva. Es una obra alzada con los elementos constructivos que la rehabilitación académica desecha. Demostrando que la belleza también reside en otros lugares inexplorados. Los medios auxiliares, los apeos, las huellas del pasado y sus cicatrices, fracturas, cuarteados, parches, desplomes, las carpinterías humildes, el trazado visto de las nuevas instalaciones de confort, la ausencia de diseño, el “non finito”… son la materia constructiva de este proyecto.

En primer lugar, se asegura la estabilidad resolviendo la sustentación de la casa. No se desmonta ningún elemento preexistente, un exoesqueleto proporciona sostén físico y perceptivo a la casa y asume las deformaciones que el tiempo ha depositado en la estructura original. El esqueleto de madera conífera nace de los cuatro pilares ochavados del patio y se va adaptando, como un árbol, según las necesidades de la obra y los imprevistos a lo que va surgiendo, hasta llegar a la cubierta. No había en los planos una forma predeterminada y rígida de la estructura, habíamos definido un método de trabajo, la estructura final es el resultado de la racionalidad de un proceso constructivo abierto, sin prejuicios.

 

Se conservan la forma y texturas de los elementos constructivos existentes, manteniendo así́ la posibilidad de una lectura de cada momento de la historia de la casa. No se discrimina en la selección, todo en su medida tiene valor y éste es cambiante a lo largo del tiempo. Quizás sean más de 10 las generaciones que la habían habitado en los últimos 400 años. La vida doméstica tiene esa virtud de contaminar a la materia: los muros con sus pátinas, la madera y sus deformaciones, los usos abriendo y cegando huecos, las reformas, los repintados, etc. Nos pareció́ interesante su incorporación manteniendo todo ese cúmulo de uso y vida en la piel de la casa. Son texturas y huellas que la rehabilitación convencional obvia y ciega, en búsqueda de una belleza rejuvenecida falsa, como una cara acartonada sin arrugas. Los nuevos cerramientos garantizan el confort y se supeditan a la organización centrípeta de cuatro crujías espaciales independientes alrededor del patio.

 

De la experiencia emergen nuevos métodos de proyecto en el patrimonio histórico, y otras formas de abordar la rehabilitación, desde la gestión hasta la ejecución real, que puedan ser exportables como modelo a otras situaciones de la ciudad. Esta obra no pretende responder de forma universal a las cuestiones cruciales de la conservación y regeneración del tejido urbano residencial de Toledo, más bien pretende ser un laboratorio en el que se ensayan algunas cuestiones relacionadas con el re-habitar, una experiencia seguramente exportable de otra forma a otras situaciones en la ciudad. Hoy es necesario un re-escalado de cómo el urbanismo debe afrontar el crecimiento de la ciudad. Frente al urbanismo devorador de suelo, este proyecto apuesta por la transformación de lo ya existente.

Menores 12 es una obra de un continuo diálogo con lo existente, la casa hablaba y nosotros escuchábamos, nos fue guiando y corrigiendo hasta llegar un momento en que la arquitectura ya es por sí misma, está lista y espera ser de nuevo re-habitada, coincidiendo con la graduación de la primera promoción de arquitectos de la Escuela de Arquitectura de Toledo. Arquitectos formados en el ingenio frente a la escasez, en pensar más y hacer menos, sólo lo imprescindible.

José Ramón González de la Cal, arquitecto


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