Orden natural, desurbanizar como progreso [José Ramón Cal]

Apropiación alterada sobre una obra de Beruete (jrcal)

Tan solo el 2% del suelo de la Tierra son ciudades. De los dos millones de habitantes (2.121.888 hb) que residen en Castilla-La Mancha, la mitad (901.946 hb) vive en poblaciones de menos de 10.000 hb. En términos absolutos los núcleos urbanos densos hoy ya superan en población a los núcleos rurales. Nuestra comunidad es tan grande y extensa como el Benelux (Bélgica, Países Bajos -Holanda- y Luxemburgo juntas).

Frente a los 833 hb/km2 de Madrid, el resto de Castilla tiene una densidad media de 26 hb/km2. Los números son taxativos para explicar el orden y las consecuencias de los fenómenos urbanos. Castilla -excluida Madrid por razones burocráticas contemporáneas- es un territorio que aún conserva “bolsas de aire” limpio y sin deteriorar. Hoy lo no urbano tiene un gran potencial.

La España rural, principalmente en las dos Castillas, miró a finales del s.XX a las grandes ciudades como quimera de progreso y desarrollo; a mediados de s.XX con las migraciones a las grandes ciudades como mano de obra barata, después a final de siglo implementando en su propio territorio virgen modelos de crecimiento exacerbado que copiaban las formas urbanas de la periferia de estas grandes ciudades. La Sagra llegó a ser el territorio urbanístico “más caliente” de toda Europa, allí crecieron POMs y PAUs como champiñones, que resultaron ser amanitas phallloides.

Fueron modelos de desarrollo alentados por el urbanismo del despilfarro, el individualismo y el hiperconsumo que contaminó suelos, economía, ayuntamientos y personas. Raro era el pueblo que no aprobaba un plan para cuatriplicar su población en menos de diez años con el beneplácito de sesudos informes y estudios ininteligibles. Imagínese la gran fiesta carnal para incrementar la natalidad, para cumplir los objetivos todos los hogares serían familia numerosa de “categoría especial”, porque así lo decían los “planes”.

Un devenir ficticio que acabó destruyendo en parte el tejido urbano, y humano, rural de nuestros pueblos. Donde el crecimiento natural: las dos plantas de la casa patio, la plaza del pueblo, con su iglesia, el ayuntamiento, las calles anchas, el campo peinado por arados, vides, olivos, mujeres y hombres asoleados… eran un paradigma de identidad. Valores únicos que los visionarios Benjamín Palencia y Alberto Sánchez aprehendieron en la Escuela de Vallecas. Exquisitez a camino entre lo real y lo imaginario que el urbanismo, mejor dicho, el planeamiento urbano “democrático”, no supo cuidar. Por más que he buscado y rastreado en informes y publicaciones especializadas no he encontrado ni un solo pequeño ejemplo de crecimiento urbano construido en nuestro entorno en el período autonómico digno de elogiar, ni uno solo tras miles de expedientes y millones de metros cuadrados de suelo desfigurado. Un período que se resume y conoce en foros científicos como el “Modelo Seseña”. 

Julia Schulz-Dornburg: Ruinas modernas, una topografía de lucro

En el caso de lo rural la economía de la abundancia de las grandes urbes prometía un paraíso nuevo alejado del estigma de la pobreza de postguerra, que pasado casi ya un siglo, aún late en la memoria subconsciente de quienes allí habitan. Frente al abandono del campo surgió el modelo de la hiperurbanización, los sembrados intensivos de viviendas apiñadas. Como si los planes tuvieran la capacidad de hacer el milagro de multiplicar panes y peces, habitantes y casas. Cuando en realidad se trataba de la economía piramidal de hipotecas apiladas.

El espacio urbano, la ciudad, también los pueblos, se fueron deteriorando, tan rápido como evolucionaron las diferentes leyes generales y autonómicas del suelo. Una simple operación de cambio de color en un mapa era suficiente para generar plusvalías artificiosas. Bastaba trazar una línea y poner una clasificación ficticia de color sobre un plano para que el resultado positivista que imponía un mercado artificial fuera el abandono de actividades milenarias agropecuarias. Usos milenarios que a fuerza de tiempo habían construido ecosistemas a camino entro lo natural y lo artificial. Destruyendo territorios de equilibrio natural que hoy son símbolo de calidad de vida; simplemente por la calidad y cantidad de aire limpio que destilan frente a la insalubridad de los grandes núcleos urbanos. Hoy hay que decir que los planeamientos desmedidos alentaron el éxodo rural. Parece lógico desandar el camino y comenzar a desurbanizar, aunque sea solo jurídicamente, para que la naturaleza encuentre el equilibrio que una antropización ficticia y abstracta basada en las plusvalías y los valores catastrales alteró.

Nuestros pueblos llegaron a sentirse marginados, extranjeros dentro de su propio territorio. Una población envejecida y sin ilusión en una nueva periferia, la España olvidada se vació. El urbanismo tardocapitalista alentó centros y periferias, élites y vulgo, riqueza y abandono, prosperidad y desilusión. Curiosamente también en esos centros urbanos opulentos de las grandes urbes se repitió el modelo centro-periferia. Así los habitantes infortunados de la periferia rural, solo podían acceder a otra periferia también desilusionante, la de los grandes centros urbanos, del pueblo al extrarradio o en el mejor de los casos a la infravienda. Como si el acompañamiento en la pobreza de muchos frente a la soledad del aislamiento rural fuera al menos consoladora.

Sin pensarlo, o quizás sí, se construyó una estructura urbana y territorial alejada de lo que es una verdadera democracia social, de lo que fueron las conquistas ciudadanas después de los desastres bélicos y hambrunas del siglo pasado.

Alberto Sánchez, “Pueblo manchego”

Fenómenos como el cambio climático y los nuevos modelos urbanos que se derivarán de necesidades higiénicas sanitarias y sobre todo de pensamiento, como las purgas urbanas sucesivas en la historia del urbanismo, empiezan a revelar que los lugares y su calidad ambiental son fuente también de riqueza, y ahí las grandes ciudades hiperdensas -hipertensas, muy acertadamente me sugiere el corrector ortográfico- pierden.

El campo, lo rural, también lo natural de la pequeña ciudad cuidada con esmero, comienza a mostrarse con un enorme potencial para cambiar nuestra forma de vida, que debería ser más austera, respetuosa con la naturaleza, solidaria, social y sensata. Recuperar y mantener el genius loci, los ecosistemas urbanos, humanos, donde lo innato se manifiesta sorprendente, identitario y alejado de la globalización, es parte del cometido de un nuevo urbanismo. ¡Ahí está el progreso! Frente a seguir haciendo lo mismo, frente a los modelos ya ensayados y errados, hay otro camino: desurbanizar y cuidar del orden natural. Es una gran opción, al menos diferente, optimista, más barata y lo más importante e indiscutible, ¡más sana!

José Ramón de la Calarquitecto


Orden Natural, es el enunciado de curso 2020-2021 del Taller VIII de Proyectos y Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Toledo.

[En Instagram] @orden.natural_eat 

 

(Visited 255 times, 1 visits today)

6 Comments

    • José Ramón González de la Cal

      En mi opinión hay que apuntarse al día a día, a todo lo que uno en su entorno, por pequeño que sea, puede cambiar.

  • Acertado análisis José Ramón, ya era hora de que se denuncien los informes de base de los Planeamientos de los noventa y dosmil, con ese crecimiento demografico basado en una gran fiesta carnal, (me ha gustado, esa lechosa abundancia de la fertil Mantxa, (tierra Txeca según los almorávides), aun nos falta levantar templos de Afrodita, coronando los grandes bloques de doce plantas setenteros que salpican los llanos manchegos, ansias caciquiles de parar la sangria migratoria a las urbes). Planteas el nuevo modelo de desurbanizacion, basado en el orden natural de los pueblos vacios. Habría primero que aprender de ellos, sin las lentes del urbanismo del siglo XX, recogiendo su acervo que se va decantando en el fondo de sus grandes pilas de agua, no es facil analizar el lento y pausado crecimiento de estas villas Y recogido ese nectar, deberiamos ofrecerlo a la diosa Fauna, para aplacar su ira, pero puede que nos pida algun sacrificio ritual, demografos, geografos, socilogos de los noventa, o algun pleno municipal. Interesante tu idea de las bolsas de aire puro castellano-manchego, hoy se embotella y se vende, una idea sencilla sería la tasa o peaje O2 CLM, que deberían abonar quien pase a nuestra región, asi se financiaría facilmente el mantenimiento de la fauna que nos reclama la diosa. Buen provecho

    • José Ramón González de la Cal

      Tú si que sabes amigo Teo. No es difícil adivinar que eres, conoces y quieres a tu tierra. Lo de embotellar aire, a lo Duchamp en “Air de Paris”, es una idea fantástica.

  • En 1926, Jean Cocteau publicaba Le rappel a l`ordre, como un toque de atención a todos los excesos artísticos y vanguardísticos producidos en esos primeros y atribulados años del siglo XX. Ahora casi cien años más tarde, en febrero de 2020 Rem Koolhas, inauguraba –como otro toque de atención sobre el misterio de lo urbano y sus cambios de estrategia– otro Orden Nuevo con la exposición del MoMA The Countryside de future. Olvidando su propia posición (¿arrepentida?) de 1996 en su trabajo ¿Qué fue del urbanismo? (Revista de Occidente nº 185, octubre 1996. Donde dejaba ver el inexorable sino de la organización imparable de las ciudades y del territorio mismo: superconcentración humana, subrayada por los fenómenos poblacionales del lejano Oriente como paradigma y tecnología del transporte. Hecho que se prolongaba aún en 2003 en la exposición de Berlín sobre las ideas de la ciudad de OMA. Y así fijaba que la nueva caracterización de lo urbano radicaba en sus valores descollantes: velocidad y consumo. De igual forma que había fijado años atrás, que los dos factores determinantes de la Arquitectura del siglo XX habían sido el ascensor y el aire acondicionado. La ciudad veloz que se disuelve en el espacio y la ciudad como consumo que se agota y extingue, debería de dar paso al futuro-presente del campo y de lo rural. Y así llegaremos a lo afirmado este mismo año por Koolhaas: “En las últimas décadas, me di cuenta de que, si bien gran parte de nuestras energías e inteligencia se han centrado en las áreas urbanas del mundo, bajo la influencia del calentamiento global, la economía de mercado, las compañías tecnológicas estadounidenses, las iniciativas africanas y europeas, la política china y otras fuerzas: el campo ha cambiado casi sin reconocimiento”. Más aún: “Si miras todo el análisis, todos los libros, la gran mayoría son sobre la ciudad…Este enfoque nos ha dejado ciegos a lo que está sucediendo en el campo. Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, no es una coincidencia que allí es donde votaron los votantes de Trump”. Hoy, a lo visto, algo ha cambiado. Mañana, donde hubo pueblos, aldeas, caseríos, sólo habrá campo abierto y ciudades cerradas. Por eso, como contenía el prólogo del trabajo Perder ciudades. Dos viajes en el siglo XXI, en afirmación del cineasta Robert Bresson: “Que extraño camino he tenido que recorre para llegar aquí”.

    • José Ramón González de la Cal

      Remment Lucas, catapultado, por el fántástico dibujo de Madelon Vriesendorp portada del ensayo Delirius New York, al star system de la arquitectura hechicera, como Rem Koolhaas; fundador de OMA – “Oportunistic Metropolitan Architect”-, dice una cosa y hace otra. Basta con ver su última chufla en Gwanggyo, frente a los posicionamientos expuestos en la 5ª avenida. Como si de un acto de contrición calvinista en “Conuntryside, The Future”, se nos muestra en su faceta más rural, pero no nos engañemos a Koolhas lo pequeño le trae al “pairo”, su encefalitis arquitectónica no tiene cura.

      A poco que nos descuidemos nos vuelve aplicar, ahora revestido de rústico, la terapia de su EXODUS setentero: “Prisioneros voluntarios de la arquitectura”.

      Koolhass ha muerto. ¡Viva la arquitectura!

Deja un comentario