No more POM, POM, POM! Please [Lope González Palomeque]

Espacio público de Toledo: patios, zaguanes y calles
Espacio público de Toledo: patios, zaguanes y calles

Patio, zaguán, adarve, recodo, callejón, plazoleta, plaza, zoco… el lenguaje dice de la riqueza de los espacios públicos de la ciudad vieja. Matices hoy perdidos en la ciudad planeada con acrónimos como LOTAU, POM, POT, PAU, PP, PERI, etc. ¡Buf! Qué pereza da la ciudad así nombrada, así pensada.

El urbanismo, el pensar y construir la ciudad, en las últimas décadas ha mutado en planeamiento, una disciplina eminentemente legal. La ciudad ideada ha sido sustituida por la ciudad reglada. Si miramos nuestras ciudades comprobamos que los crecimientos urbanos más recientes no son actuaciones modélicas. El deterioro de la ciudad ha aumentado al mismo tiempo que se aprobaban leyes para regular su crecimiento.

Por tanto surge la duda: ¿garantiza el estricto cumplimiento de las leyes urbanísticas la mejor de las ciudades posibles? Y enseguida vienen a nuestra memoria ejemplos de crecimientos urbanos que nada tienen que ver con la ciudad deseada y sin embargo devoran el territorio al amparo de la ley.

El urbanismo, la arquitectura, que son lo mismo, tiene como fin poner orden al habitar del ser humano. La interacción de dos elementos opuestos: el hombre y el mundo natural, para unirlos al servicio de las necesidades humanas pero sin anular su dualidad. El hombre, gracias a la técnica, es el único ser vivo capaz de habitar en cualquier parte de la Tierra; desde los Inuit en el Ártico a los Masái en el Serengueti.

La ciudad es el gran invento colectivo de la civilización, una amalgama humana de acciones materiales y mentales diversas. Necesita para su comprensión de una mirada transversal: física, cultural, histórica, sociológica, estadística, económica, ambiental, participativa, etc. Complejidad que se estudia y se explica en el arte y la técnica de la Arquitectura. Esta idea de la ciudad humanística ha sido relegada en el urbanismo contemporáneo a un segundo plano, meramente informativo, en favor de los procedimientos administrativos al servicio de la resolución de conflictos especulativos. Arquitectura, complejidad y humanismo frente a conflicto y derecho. No puede ser el urbanismo una simple suma ponderada de volúmenes, porcentajes, alturas, aprovechamientos, etc. de los elementos constructivos que ocupan el espacio urbano al servicio del provecho de unos pocos. Hay preguntas a las que una buena ciudad debe responder, más allá del cumplimiento estricto de la legislación urbanística.

¿Debe ampararse el crecimiento urbano en factores fundamentalmente lucrativos? ¿Quién decide cómo será la ciudad? ¿Qúe queremos calidad o cantidad? ¿Cuánto debe crecer la ciudad? ¿Para quién se proyecta la ciudad? ¿Cómo participa la sociedad en el planeamiento de la ciudad? ¿Cuáles son los procedimientos de gestión que permitan a los ciudadanos ser partícipes en el proceso de ideación y materialización de la ciudad? ¿Es el desarrollo urbano una amenaza para el territorio? ¿Existe otro patrimonio más allá del recinto histórico?  ¿Se puede compatibilizar el medio urbano y el medio natural, la arquitectura y el paisaje de cada lugar sobre el que se asienta?  ¿Son las ciudades contemporáneas genéricas o específicas? ¿Qué ciudad queremos habitar la genérica o la específica?  ¿Qué nos define la vacuidad o la identidad, la similitud o la diversidad? ¿Es la diversidad una cualidad contemporánea de la nueva ciudad? ¿Está la ciudad pensada para todos, resuelve el mayor número de necesidades posibles? ¿El desequilibrio existente entre desarrollo y sostenibilidad se manifiesta con más crueldad en los más frágiles? ¿Pueden los jóvenes acceder a una vivienda digna proporcionada a su capacidad adquisitiva? ¿Quién queremos que sea prioritario en el ámbito urbano al proyectar, los coches o el hombre? ¿Entendemos que el habitar trasciende el ámbito residencial privado y se extiende al espacio urbano?

Montonera viviendas bn

Estas y otras muchas preguntas deberían estar muy presentes en el proceso de ideación y construcción de nuestra ciudad. Reflexionar y tener un buen plan aportaría al menos optimismo y frenaría las ocurrencias. Pensar que es posible una ciudad contemporánea que deje de ser una extensa masa de construcción repetitiva y genérica donde rara vez conseguimos encontrar arquitectura. Abandonemos los crecimientos de ciudad degradada, los barrios sin urbanidad, montoneras de hipotecas apiladas, generadas por un proceso de crecimiento asentado en la adición y el lucro, carente de la necesaria reflexión humanística.

Necesitamos más ciudad y más arquitectura. Menos normas y procedimientos y más personas que valoren otros parámetros diferentes, que nos permitan construir la mejor de las ciudades posibles. Que sin renunciar al proceso de homogeneización occidental como medio consciente que nos acerca a la igualdad de oportunidades, podamos elegir aquella parte de nuestro pasado sobre la que construir nuestro futuro y contribuir mejor a este proyecto colectivo que es el hombre.

Dice José Saramago: “Que no se ponga ni una piedra más sin preguntar por qué”.

Lope González Palomeque

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2 Comments

  • Efectivamente, la legislación urbanística no garantiza la calidad urbana. Es más, es posible que esa forma de intervenir en la ciudad que se inagura en España en 1956 con la primera Ley del Suelo solo siga vigente porque está siendo utilizada para otros fines, como la financiación de los ayuntamientos y de paso la de algunos amiguetes que pasaban por allí, porque ha demostrado sobradamente su ineficacia para su finalidad original.
    El problema es que el diseño de los arquitectos tampoco es la solución mas alla de los límites temporales, espaciales y presupuestarios de una actuación puntual concreta. En realidad, esta pesadilla empezó cuando algunos arquitectos pensarón que los problemas de la ciudad solo podían resolverse con un diseño vinculante previo a afectara a toda la ciudad, es decir a todo el espacio humanizado, y consiquieron convencer a algunos políticos bienintencionados. Al final el diseño previo obligatorio del espacio humanizado se ha conviertido inevitablemente en una máquina infernal que solo sirve para producir plusvalias de forma artificial. Por eso nos hemos arruinado, por eso tenemos la ciudad que tenemos, y por eso siguen vigentes algunas leyes.

  • noia

    Vamos a hablar más claro. ¿Quién redacta las leyes que modelan la ciudad?
    ¿Quién decide los parámetros a tener en cuenta? ¿Quién ha diseñado los instrumentos del planeamiento? ¿Por qué no son más ágiles? En mi opinión, por ese camino nos podemos acercar a la raíz del problema. Otro camino pudiera ser cómo se han redactado los POMs y PAUs sin pies, ni cabeza, ni interés urbano, ni que contribuyen a enriquecer el espacio de la ciudad.

    Discrepo del comentario anterior en un aspecto: hay diseños vinculantes previos que han generado formidables fragmentos de ciudad, por lo que no creo que resida ahí el problema.
    Los barrios de Bruno Taut y la Siemenstadt, en Berlín, por ejemplo. Cuando se analizan esos casos uno se da cuenta que son cuestiones muy sencillas las que hacen que sean buenos barrios. No es un problema de diseño. Es cuestión de señalar a qué intereses obedece la creación de la ciudad.

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