San Lázaro: las heridas de guerra de un gimnasio centenario [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 16 D18 Archivo VASIL


El gimnasio de la Escuela, donde se celebraban entre otras las practicas de Judo y Defensa Personal

Desde que en 1919 el General Villalba Riquelme promulgara la orden de construir la Escuela de Gimnasia en Toledo, y su hijo Ricardo Villalba Rubio (que también llegó a alcanzar el grado de General) ejerciera como uno de sus primeros profesores, han pasado muchas cosas en aquel recinto levantado con medios y disciplina militar, pero con espíritu y formación deportiva.

Una vida paralela a la ciudad de Toledo que vivió, junto a esta, todos los aconteceres históricos marcados por el desarrollo de la contienda civil en 1936, la dictadura del general Franco hasta 1975, la restauración de la democracia en España y, más recientemente, la permuta de los terrenos y desaparición de la Escuela por integración orgánica y funcional en la Academia de Infantería. De toda esa larga e intensa historia militar y deportiva prácticamente solo quedan, a nivel humano los recuerdos y, a nivel literario, los libros escritos por autores como Manuel e Ignacio Vinuesa.

Ellos ya citan que, en el extenso conglomerado de edificios, pabellones, pistas y campos de deporte, la Escuela de Gimnasia albergaba lo que muchos identifican como el primer gimnasio de España y de Europa. Una significativa nave donde se desarrollaban principalmente las enseñanzas practicas de los ejercicios y aparatos gimnásticos y deportes de sala como el esgrima o judo. Esta edificación estuvo a punto de ser demolida junto a sus edificios contiguos; pero se salvó gracias a la llamada de atención y presión mediática que ejercieron en su momento los “pocos” que realmente conocían la importancia histórica y patrimonial de aquel gimnasio pionero en nuestro país.

Y efectivamente no se demolió en su momento pero, la desidia, la falta de medios y la discrepancia en las prioridades urbanísticas de la zona, han convertido el gimnasio, centenario, en una ruina de muros y cubiertas abandonadas a su suerte.

El general Villalba Rubio

En estos días, en los que se está reescribiendo la historia de la Escuela de Gimnasia / Escuela Central de Educación Física, preparando para 2019 su centenario, merece la pena reflexionar (de momento solo reflexionar) sobre ciertos aspectos relacionados con el desarrollo de la vida militar y la civil entorno a este centro de enseñanza y practica deportiva.

Uno de ellos es el alto precio pagado por Toledo en términos de suelo publico. Según algunos investigadores, “la generosa Ciudad Imperial, cedió, sin compensación económica alguna, los terrenos extramuros en los que se levantarían las instalaciones militares de enseñanza deportiva”. Desde lo que hoy es la calle Duque de Lerma hasta el final del parque de las Tres Culturas, edificios, pistas polideportivas, pista de atletismo, piscina, pista americana y campo de fútbol eran coronados por el famoso “paredón de tiro” que muchos hemos conocido. Miles de metros cuadrados “regalados” al glorioso Ejercito Español.

En 1969 el alcalde Angel Vivar, en presencia del director de la E.C.E.F. descubrió una placa conmemorativa del 50 aniversario.

En los años ochenta, cuando la normativa sobre acuartelamientos militares en núcleos urbanos se empieza a adaptar a las características y crecimientos urbanos donde están instalados, el Ministerio de Defensa decide que esas instalaciones ya no son prioritarias para los fines y objetivos en los términos que se fundó. Sin mucha aparente negociación se llega a un acuerdo con el Ayuntamiento de Toledo para la venta de prácticamente la totalidad de los terrenos ocupados. Es decir, nuestro Ayuntamiento, compra  -a los mismos usuarios- el terreno que previamente había regalado. Un gran negocio, sin duda; pero solo para una de las partes.

Sobre aquella transacción económica se escribió poco. Incluso con opiniones encontradas. Era el primer desembarco de un gobierno de izquierdas en un país temeroso, en aquel momento, de las relaciones entre civiles y militares. Probablemente también la presencia de una corporación del mismo signo político facilitase el entendimiento y, cómo no, fuera lógicamente comprensivo con las prioridades y los problemas “de Estado”.

Con independencia de las interioridades que algún historiador seguro se encargará de matizar, documentar y rubricar, el resultado es que Toledo a partir de ese momento se hace con unos terrenos e instalaciones que ya sí, de manera general, puede poner a disposición de toda la ciudadanía sin necesidad de tener que “raparse” la cabeza.

Y de todo aquello, de aquellos campos que muchos soldados segaron, hoz en mano, como una función más del Servicio Militar obligatorio, prácticamente solo queda el gimnasio. Parece que ahora las autoridades correspondientes si tienen la voluntad política de respetar y mantener ese patrimonio. Ya solo nos falta conocer si se tiene la voluntad intelectual y económica de darle un destino y unos fondos adecuados para su “reinserción social y arquitectónica”.

Quedan atrás las aglomeraciones de miles de soldados, jefes, oficiales y suboficiales, que anualmente llegaban a la Escuela para participar en los Campeonatos Deportivos Militares. Cada Región Militar elegía lo mejor de su acuartelamiento para demostrar los buenos oficios deportivos de nuestros ejércitos de tierra, mar y aire.

….. pero eso, ya, es otra historia.

(Archivo VASIL: ver más entradas)

Quique J. Silva

(Visited 233 times, 1 visits today)

Deja un comentario