Moda de Castilla-La Mancha; inventando región. [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 9 D17 Archivo VASIL


Es pura casualidad que la Moda en Castilla-La Mancha se haya mezclado en el tiempo con la celebración, esta semana, del Carnaval en algunas de las localidades de nuestra región más rezagadas. Pero la verdad es que, visto con la perspectiva que nos da el paso del tiempo, se aprecia que lo peor de la moda es “que se pasa”.

En los primeros años de la recién estrenada autonomía, la prioridad política de entonces era hacernos ver a los toledanos, albaceteños, conquenses, ciudadrealeños y guadalajareños, las bondades de una unión territorial en la que había que “imaginar” elementos comunes y liderazgos económicos, culturales y sociales.

Y así, de pronto, descubrimos una “cosa” que llamaron Moda de Castilla-La Mancha. El gobierno regional, debidamente documentado y provisto de toda su maquinaria propagandística, inició una serie de eventos a los que intentaba dar el mayor glamour posible bajo la marca “Salón Greco”.

Las imágenes del Archivo Vasil nos muestran el Primer Salón de la Moda en Castilla-La Mancha. Mezcla de Feria y Desfile, donde se dio cita la “gente guapa” de los primeros años noventa. Para este singular acontecimiento eligieron un lugar tan emblemático como San Pedro Mártir, y un reducido grupo de diseñadores de la región que mostraron sus mejores creaciones al amparo del apoyo institucional. 

Como se puede apreciar, eran los años de las hombreras, las espaldas anchas y las cinturas estrechas. Del busto triangular que, en el caso de los hombres, incorpora un bastón a juego (que dirían los cronistas).

El propio José Bono, adalid junto a su entonces esposa Ana de esta iniciativa, destaca en las fotografías en blanco y negro por su traje listado diplomático que, sin duda, aquella tarde ya causó la admiración de sus entonces numerosos seguidores.

Pero, sin lugar a dudas, lo más curioso de estas imágenes no es “el marco incomparable”; no lo es tampoco el numeroso público congregado ni la originalidad de los trajes. Lo más curioso es la cantidad de vigilantes jurados que flanqueaban la pasarela. Tal vez temerosos -los organizadores- de que los recién estrenados castellano-manchegos no se supieran comportar ante tanta belleza.

(Archivo VASIL: ver más entradas)

Quique J. Silva

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