Los Pelaos de San Pedro Mártir [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 13 D19 Archivo VASIL


Patio de San Pedro Mártir. Espacio común de juegos y deporte.

Un soporte como el Blog Hombre de Palo permite interactuar con los lectores y simpatizantes recogiendo sus comentarios e historias que, en nuestro caso, siempre están relacionados con las imágenes que se guardan en el Archivo Vasil.

El otro día, una persona -hasta entonces desconocida para mí- me sorprendió con un comentario directo y conciso “yo era muy pequeña, pero recuerdo a tu madre haciendo fotos por San Pedro Mártir.  Yo era una de las niñas del Asilo y siempre que había alguna fiesta o visita, allí estaba ella”……. esta nueva amiga, me volvió a sentar frente al Archivo Vasil en busca de las fotos que hubiera relacionadas con la Residencia de San Pedro Mártir.

Curiosamente, parte de la historia del “Asilo” es la historia de mi propio barrio. San Pedro Mártir, Padilla, Valdecaleros, las Bulas……. un área de la Toledo profunda que amanecía cada día entre el olor al pan de “Agapo”, la fruta “bandera” de la Seni y el polvo negro de Alfonso “el Carbonero”.

Sin ser alumnos de ninguno de los dos centros educativos, algunos niños pasábamos del patio de los “finos” Maristas, en la calle Alfonso XII, al claustro de San Pedro Mártir con “los pelaos del asilo”. En aquel momento, para nosotros era una suerte poder contar con un espacio de juegos lo suficientemente grande, lo suficientemente lleno de niños, contra los que poder jugar un partido de fútbol. Lo mismo nos daba “finos” que “pelaos”.

En el edificio de Alfonso XII un gran marco acristalado, en el portal de la entrada, exponía las fotos de los mejores de cada clase. “Los listos”, “los estudiosos”, los que tendrían un gran futuro profesional y de opulencia económica. Los Hermanos Maristas ocupaban el estrado de las aulas para difundir y compartir el conocimiento, los valores humanos y la doctrina cristiana.

El portal de San Pedro Mártir  también era grande, claro. Pero no había “cuadro de honor”. No era un “honor” estar allí. En la portería había un funcionario de la Diputación Provincial (bajo cuya labor de beneficencia se administraba el colegio). Junto a él, una monja que impartía las órdenes y como personaje invitado “un mayor” que se encargaba principalmente de que “nadie se escapara”.

Fiesta en el Asilo. Foto de Familia. Niños residentes, monjas y educadores.

Entre ambos colegios no había más de quinientos metros; no se tarda más de dos minutos caminando; pero la distancia económica y social era mucho mayor. Por aquel entonces, los niños del barrio no lo sabíamos; pasábamos de un patio a otro sin reparar en las diferencias. Bueno, no del todo; mientras en uno de los patios las porterías eran de madera y tenían red, en el otro los postes eran de puro granito con un “larguero” rematado en arco de medio punto.

Después de cincuenta años, la vida ha ido poniendo a cada uno en el lugar que le ha correspondido. Las posibilidades de unos y otros niños no han sido -ni mucho menos- las mismas. Con mayor o menor esfuerzo, “los finos” y “los asileros”  han labrado su futuro, viven el presente; mezclados, casados, juntados, divorciados…..

Por su origen, a “los pelaos” la vida les ha hecho más fuertes; más luchadores, más inconformistas; más preparados para valorar los logros personales y profesionales, por pequeños que estos sean.

Comedor de la Residencia, actual “teatrillo” de la UCLM

A “los finos” la vida les ha dado duro. Les ha enseñado que el triunfo requiere esfuerzo, que la “cuna” y “el apellido” no lo son todo. Que el dinero se acaba y que “el cariño verdadero ni se compra ni se vende” (como dice la canción).

Los niños y niñas del Asilo supieron sobreponerse a las circunstancias en las que les tocó criarse. Hemos oído historias espeluznantes. Todo lo que puede dar de si la mezcla explosiva de un internado, chicos, chicas, educadores, monjas,  premio, castigo……

Pero esto no es exclusivo de la beneficencia. Los de pago también tenían su “penitencia”. Igualmente fueron victimas del internado masculino, educadores, curas, premio y castigo.

Al final, en ambos casos, se ha utilizado la misma columna vertebral para promover el desarrollo humano. Por eso no es raro que, una vez liberados, unos y otros, de los traumas y complejos educacionales, hayan sido capaces de mezclarse, unirse y conciliar lo que en aquellos momentos, siendo niños, no eramos capaces de identificar como las “Dos Españas”.

En la Residencia de la Beneficencia de la Diputación Provincial, los “Reyes Magos” no eran los padres

Enhorabuena a todos; a los que habéis sido capaces de sobrevivir al perfil de “niño malcriado por la Tata”. A los que no habéis podido conocer a vuestros padres. A los que cada domingo ibais a casa de la abuela a recoger la paga; a los que salisteis de vuestro pueblo para poder comer todos los días.

Enhorabuena a todos, porque todos sois supervivientes. Bienvenidos a este mundo.

Ahora, que unos y otros ya tenéis vuestra vida resuelta, que ocupáis cargos públicos, que sois educadores….solo pensad que, ni nadie se merece “todo”, ni nadie se merece “nada”.

 

Quique J. Silva

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15 Comments

  • Beita

    Tuve un compañero de colegio que vivía o vivió allí pero yo no lo sabía y un día comentaba sobre algo e su residencia ( no recuerdo bien) y pregunté que donde era eso a lo que una compañera soltó de sopetón : ” el asilo” y yo me quedé parada no por mí sino por él . Hay cuestiones que son merecedoras de cierta delicadeza y esta lo era. Hace muchos años que no les he vuelto a ver . Espero que la vida le haya sido agradable.

  • prado

    Gracias Quique por tus palabras y por traernos a la memoria más imágenes de nuestras vidas, malas o buenas, es lo que nos tocó vivir. Lo más importante es el presente y como bien dices, las circunstancias nos han ido poniendo en el sitio que ahora ocupa cada uno, con mayor o menor esfuerzo pero, en la mayoría de los casos, orgullosos de haber salido adelante a pesar de que muchos no lo tuvimos fácil. Gracias por tu sensibilidad y ver a los “pelaos” como unos niños más, porque por desgracia no siempre fue así y bueno, cada uno ha ido depurando la memoria como ha podido, en mi caso tratando de que lo negativo de aquellos años ya no te haga daño y mantener en el recuerdo los buenos momentos vividos sobre todo con tus compañeros. ¡Ah! Por cierto, yo me case con uno de maristas, cosas de la vida. Gracias de nuevo.

  • Prado

    Se me olvidaba. En el departamento de la niñas si había “cuadro de honor”, pero solamente ponían las fotos de las que se portaban bien, yo era rebelde y que yo recuerde solo salí una vez.

  • Prado

    BEITA. Yo soy “asilera” y es cierto que nos daba miedo de que la gente se enterara donde estábamos, pero mayoritariamente era porque luego se utilizaba el “asilero/a” como descalificativo, por eso si podías evitarlo mejor, de ahí que en general dijéramos “residencia” que quedaba más fino.

      • Prado

        Mari yo era asilera no robada, pero yo era una entre 150 niñas aproximadamente, cada una con su historia, en muchos casos delicada. Se que se cuentan casos de niños/as robados pero no voy a opinar sobre ello, es un tema muy delicado.

        • Jose Antonio

          Hola Prados, no crees que la palabra en sí suena fatal?Los que por circunstancias de la vida tuvimos que pasar por ese colegio sabíamos por qué era. Y cuando así nos llamaban no era por decir que perteneciéramos a ese sitio, era por la forma en que se decía “despectivamente,descalificando, etc”.Un saludo

          • Prado

            Hola José Antonio creo q no has leído todos mis comentarios porque has dicho lo mismo q ya dije, vamos q estamos de acuerdo en eso. Un abrazo

  • Paco Carvajal.

    Magnífica crónica. No le sobra ni le falta nada. Me acuerdo de ver pasear por la calle a los niños del asilo. Me impresionaban mucho.

  • Juanjose

    Hola, me llamo Juanjo, estuve en el colegio,decirte que el relato está muy bien,solamente que los educadores no eran tal, los llamamos celadores y cómo tal se portaban

  • Jose Antonio

    Pedazo de reflexión, siendo uno de esos tantos niños que pasamos por ese Colegio “porque era eso un colegio”, dar las gracias, sí dar las gracias a las monjas y algún que otro celador (porque no todos eran buenos). Lo que sí me enseñaron y se aprendía “vaya si se aprendía” a valorar lo que uno tiene.

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