La pandemia. [Antonio Sánchez-Horneros]

Aquella noche la preocupación por el futuro de la humanidad no le permitió conciliar el sueño. Él debería encontrar una solución para sus criaturas. Pensó dios durante siete días con sus noches, desayunando un día sí y otro no —pues en la mortificación se aguza el ingenio, lo dijo San Simeón el estilita al que tenía bastante aprecio— en la confianza que ayudado por el espíritu santo, al que por ser una paloma no le afectaba la pandemia, encontraría una divina solución  para salvar al género humano dado que los otros géneros, salvo algún gato, no corrían peligro.

El otro problema a resolver era la manera de comunicar su decisión. No parecía razonable hacerlo él en persona —hay que proteger el misterio— ni con un divino enviado pues ya lo hizo en otra ocasión con un resultado más que discutible. Se creó una división de opiniones peor que la pandemia. La paloma era la respuesta. Esa sí que tenía en su haber una hoja de servicios  brillante. Dicho y hecho.

Ahora tenía que elegir el destinatario de su mensaje de entre los seres afectados. El asunto es muy delicado, todos son mis hijos. Hay que encontrar al que comparta sin duda la solución y la ejecute sin dilación. El mundo afectado por la pandemia está dividido en países, agrupándose unos por lazos inveterados de religión, creencias políticas, razas o lenguas, otros porque sí, y andan a la greña los unos con los otros. Para mayor dificultad los habitantes de cada país sostienen diferentes anhelos. Comenzaré informándome de las diferentes sensibilidades y seleccionaré la más adecuada a la solución.

Un cristiano es poco adecuado pues no se comunicará con la paloma mensajera. Quizá un católico; pero que tenga cuidado con el Papa, el boato, las dudas sobre la homosexualidad…vamos un católico que no sea católico. ¿Un demócrata? Esta es una decisión tomada, es indecoroso someter las decisiones de dios a votación …es decir un demócrata que no sea demócrata.¿Un comunista? ¡Imposible!, la solución no cumple con sus principios internacionalistas. ¡Proletarios del mundo uníos!…salvo que sea populista o lo que es igual un comunista que no sea comunista.

Empezó la nueva semana sin que dios mandara a su mensajera…o mensajero, esto de sexar es cosa de humanos, la dificultad estribaba en la elección del destinatario. Decidió, para iniciar la búsqueda, crear un consejo de sabios, para lo que no tenía ninguna dificultad pues los tenía a todos consigo, aunque en diferentes niveles como los pantocrátor románicos. Se reunieron en su entorno Pitágoras, Thales, Pacioli, Fibonacci, Leibniz, Newton; pero prescindió de Erastótenes, que se empeñó en medir el diámetro de la tierra y su distancia a la luna. Omitió a Leonardo que no se demostró, pero dudas hubo, y de Ada Lovelace programadora de máquinas, que le venía de perlas, porque pudiendo tener un cuerpo entero por qué tener una costilla.

Tras días de deliberaciones el consejo de sabios no vislumbró el método para elegir el destinatario. Dios decidió hacer una convocatoria abierta sin límite de cumplimiento, en breve espacio de tiempo llegó ascendiendo desde el mismísimo sótano un personaje, que no divulgaré su nombre pues ha pedido a cambio mantener el anonimato, del que solo diré que fue poeta, de figura poco graciable, de carácter mordaz y ácida pluma.

Se hizo un silencio en el consejo de sabios, el hombre pequeño de estatura, beodo y contrahecho se irguió, si es que esto era posible, y con solemnidad discurrió de esta manera: Solo hay un país en el mundo en el que los católicos no sean católicos, los demócratas no sean demócratas y los comunistas no sean comunistas.

Decid —dijo dios visiblemente alterado.

España.


Retrato de Luca Pacioli, atribuido a Jacopo de’Barbari. c. 1495-1500. Museo de Capodimonte, Nápoles.

Pacioli, contemporáneo y amigo de Leonardo con el que compartía conocimientos y la arábiga costumbre de escribir de derecha a izquierda, era especialmente valorado por dios por su conocimiento de la divina geometría, extremo en el que él era lego, esto no es un aserto gratuito, no hay más que ver lo mal que le salían las esferas, unas chatas y otras ovaladas. No hubiera jamás aprobado para maestro cantero cuyo examen era precisamente eso, hacer una esfera en piedra berroqueña. El barro se le daba algo mejor, aunque, de vez en cuando le salía cada bodrio…

He encontrado al español perfecto —dijo Luca Pacioli a quien por las razones antedichas dios le había encargado la búsqueda del destinatario.

Es  católico, demócrata y populista a la manera acordada —añadió.

Quiere como condición mantener el anonimato.

Sea —dijo dios.

Hemos acordado una identificación oculta a tal efecto. Lo digo por orientar a la paloma.

Luca, a ver si se va a perder —dijo dios.

Pacioli escribió en un papel la identificación. La LXXX+XX saba, y le dijo que tras su lectura habría que eliminarlo.

— ¿Cómo?—dijo dios.

Por ingestión señor —dijo Luca.

Toda la humanidad se encontraba confinada en sus casas, por lo que fue fácil para el espíritu santo localizar al destinatario. Aquello no le pareció extraño pues venía preparándose para este advenimiento, para ser el elegido. La paloma se posó en la barandilla de la terraza exhibiendo en su pata derecha un minúsculo rollo de papel. Alertado por un intenso zurreo, el destinatario salió, recogió con delicadeza el rollo. La paloma inició el vuelo de regreso y el elegido paso un paño impregnado en lejía por la barandilla. Leyó el contenido e ingirió inmediatamente el mensaje.

Hoy en la mañana enormes grupos de personas y grandes máquinas, sin respetar las leyes del confinamiento, han inundado todas las ciudades del achatado planeta, haciendo excavaciones y colocando postes. De seguir este ritmo en pocas semanas el mundo quedará dividido en dos por un gran muro.

Mientras tanto el elegido con su estado mayor estudiaba como dar cumplimiento al mandato divino para lo que tenía que distinguir entre los infectados y los no infectados.

El especialista en historia del género humano rememoró otros tiempos en los que dios nos puso a prueba para que pudieran tomarse como referencia.

Teniendo necesidad de distinguir y separar judíos de cristianos conforme venía de la tradición visigoda en los tiempos medievales y siguiendo las instrucciones papales de antiguo en el IV Concilio Lateranense 1215 y en el Canon 68 se estableció que los judíos portaran una señal distintiva consistente en una rodela bermeja sobre el pecho, esta rodela cambió al color amarillo en las Cortes de Palencia de 1313. Sugiero una medida similar para poder distinguir y separar a los contagiados poniendo de relieve mi preferencia por el color amarillo pues es más fácilmente visible.

Así habló el especialista en historia del género humano, a lo que el especialista en marketing y sicología del color apostilló:

La rodela es una tenue señal no suficientemente visible en la distancia, siendo el color amarillo de mi conformidad, sugiero se vista de ese color en su totalidad. En relación con los sanos, bien se pudieran vestir de azul en su totalidad. Este color es la expresión más ajustada y conforme a lo física y espiritualmente saludable.

Portada de “Donde viven las cosas” de Luis Alfredo Béjar. @ Antonio Sánchez-Horneros

Quedó visto para sentencia por el elegido el método de segregación.

Inmediatamente se dio curso a una Orden para que todos los infectados se vistieran de amarillo mientras que los sanos se vistieran de azul. En el vertiginoso plazo de una semana el mundo quedo impregnado de dos colores lo que facilitó enormemente la  segregación en dos grupos de toda la humanidad.

Este era el plan de dios, de manera que el grupo infectado fuera incrementando su letalidad hasta desaparecer mientras que el otro grupo, representando algo así como la mitad, consiguiera sobrevivir saludablemente y sin riesgos. Claro está que para ello se hacía necesario segregar y confinar. El sacrificio de una mitad salvaría así a la otra mitad. La regla de los grandes números, que para las personas no sirve porque es su único número pero para los personajes sí.

A partir de ese día las fotos satelitales del achatado planeta cambiaron de aspecto pues se veía a un lado una gran mancha amarilla rodeado de una línea sinuosa y al otro una gran mancha azul que añadido al azul de los océanos ocupaban la mayor parte del achatado planeta. El amarillo iría desapareciendo lentamente mientras que el azul iría avanzando a su costa y el futuro se abriría venturoso en una nueva normalidad en el achatado planeta.


Se creó un comité de seguimiento de la pandemia que, como era de prever, estaba formado por los especialistas y el estado mayor presidido por el elegido, dada la genial idea del color bastaba con hacer el seguimiento de las manchas vía satélite mediante fotos periódicas y comprobar así la evolución del plan de dios.

Quedaban de esta manera liberados la mayor parte del tiempo para poder atender sus despachos particulares, cerrados desde el inicio de la pandemia, con la justificación de su presencia en el comité de seguimiento.

Pasados los primeros seis meses, saltó la alarma, en lugar de crecer la mancha azul de acuerdo al plan, creció, y de qué manera, la mancha amarilla. En efecto, murieron muchos infectados. Otros muchos produjeron anticuerpos que les inmunizaba de por vida, con lo que la función reproductora se encargó de hacer incrementar la población en términos habituales en tiempos de desesperación, pues su destino era desaparecer.

La mancha azul fue decreciendo al mismo ritmo que la amarilla crecía. Algo había fallado.

La convocatoria urgente del comité de seguimiento no se hizo esperar. Allí pudieron comprobar que la mancha amarilla estaba formada por millones de individuos ahora resistentes a la pandemia mientras que la mancha azul empezaba a ser poco perceptible. Tenían que encontrar una explicación.

A esto se arrojó el elegido y dijo:

Solo hay una explicación: elementos del pueblo han incumplido las normas vistiéndose de azul cuando eran infectados, han producido masivos contagios que, dada la supresión de los hospitales en la zona azul por creerlos innecesarios, han colapsado las infraestructuras sanitarias. Ha quedado desprotegida la población y entregada a una letalidad masiva.

El resto del comité guardó silencio mientras amortiguaban el batiburrillo neuronal en que se habían convertido sus cerebros. La lucha por acallar sus conciencias se establecía entre la descarga de la culpa sobre la parte de la población rebelde a las normas y la credulidad ciega. La fe. ¿Cómo se puede tener fe en un dios cuyo enviado sembró la discordia entre comunidades por miles de años y las esferas le salen achatadas?

Antonio Sánchez-Horneros, arquitecto


Ilustración de portada del propio autor.

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  • JESÚS FUENTES

    Una historia apasionante, moderna y original sobre los tiempos que nos han tocado vivir. Realidad y ficción se junta con el dominio de la técnica de la composición arquitectónica y la creación de escenarios y personajes que no explica la realidad desde la irrealidad, al estilo de Buñuel.

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