Fúcares 45 años: Galerista, Alpinista, Marinero, Relojero, Equilibrista [José Rivero Serrano]

Cartel de la exposición: 5 de octubre a 31 de diciembre de 2019. Almagro.

Norberto Dotor, director de la Galería Fúcares bien merecería un relato biográfico e historiográfico. Incluso de un anecdotario del Arte y sus periferias complejas y plurales. Como este encabezado de Galerista, Alpinista, Marinero, Relojero, Equilibrista, que indudablemente bebe de John Le Carré y su Calderero, Sastre, Soldado, Espía. Aunque aquí no haya ni espías ni Guerra Fría, pero sí movimientos reales y movimientos ilusorios. Sí que hay ya un cúmulo de entrevistas desperdigadas en revistas diversas que han dando cuenta de su trayectoria personal y  expositiva. Que todo ello, supone en parte, un recuento veraz aunque sin perspectiva. Y digo sin perspectiva, porque buena parte de los entrevistadores recogen lo vertido por N.D. y nada más. Habría que buscar pues otras elaboraciones de terceros, que cuentan y cuenten lo que van viendo y lo que hemos visto los demás.

Almagro, va a ser tanto el lugar de nacimiento biológico de N.D., como del nacimiento de la Galería Fúcares en 1974. Un año atormentado, como relata Luís Francisco Pérez en otro texto más, el del 45 aniversario, que denomina Contra viento y marea. Como si Norberto fuera un marinero en tierra o un pescador de nubes de bajura, y la  Galería su chalupa de captura. Y no es mala comparativa la del Arte y la Pesca, para poder hablar al unísono de la Pesca del Arte y del Arte de la Pesca. Que son cosas, en parte insondable y en parte imprevisible. Ese año atormentado del nacimiento galerístico esta recorrido por los coletazos del franquismo (ahora que lo tenemos siempre en la boca), por la aventura portuguesa del 25 de abril y, sobre todo –aunque no lo supiéramos entonces– por una retrospectiva de Marcel Duchamp en el MOMA. Aunque yo retuviera ya el homenaje de 1971, al mismo Duchamp, en la Galería Juana de Aizpuru de Sevilla, cuyo cartel asemejaba un tablero de ajedrez, de igual forma que el de Fúcares del 45 aniversario, simula ser una página de un calendario, con un raro mes de 45 días.

Y aquí viene la primera extrañeza del nombre adoptado por Norberto. Si hoy tocara bautizar tal empresa, con toda seguridad se haría con su nombre y apellido: Galería Norberto Dotor. Como ha ocurrido en los últimos tiempos con Galerías con nombres y apellidos de sus titulares, Juana, Soledad, Luís o Fernando. ¿Por qué no Galería Norberto Dotor? En 1974, las tendencias eran otras y se titulaban las Galerías de Arte con otras advocaciones emblemáticas y metafóricas. Así ‘La Pasarela’, ‘Clan’, ‘Val i treinta’. O entre nosotros y en proximidad ‘Mancha’, ‘Arjana’, ‘Archeles’. Habría sido creíble también que la Galería de 1974 hubiera tenido por nombre advocaciones más terreras y castizas: ‘Calatrava’, ‘Almagra’, ‘Tierra llana’, ‘Gran Maestre’ o ‘Gran Prior’. Pero todo eso hoy podría confundir y pensarse en quesos, vinos, paradores, encajes o berenjenas.

Y Norberto optó por un nombre propio de resonancia extranjera. Como si ya quisiera despegarse de cierto polvo provinciano, y por ello optó por recoger el nombre de unos vecinos foráneos, que vivieron en Almagro en el siglo XVI, Fugger o Fúcares si se quiere y que dotaron al pueblo del XVI de un aire internacional y extranjero. Podría haber optado por otros nombres similares de extranjeros prestamistas relacionados con Almagro. Como Xedler/Jedler (banqueros como los Fúcares) o Rita Lambert, la introductora del encaje, y todo ello habría encajado en ese raro encaje de las denominaciones y nombradías. Yo no sé si conocen un texto tremendo sobre los Fúcares, derivado del llamado ‘Informe secreto de Mateo Alemán’ y fechado en 1593. Es decir seis años antes de la publicación del ‘Guzmán Alfarache’, modelo en varias cuestiones de ‘El Quijote’. La particularidad del ‘Informe secreto’ es su desconocimiento, hasta que German Bleigber lo rescata en el II Congreso Internacional de Hispanistas de Nijmegen en 1965, y lo publica en 1966 en ‘Revista de Occidente’. Puede que si Norberto hubiera sabido, en 1974, lo anotado por Mateo Alemán, habría optado por darle otro nombre a la Galería. A la que además, dotó con dos flores de lis (no sé hasta cuando duraron), como armas de los Fúcares.

Otra cuestión que querría señalar tiene que ver con la evolución advertida en la trayectoria expositiva de Norberto. Aunque el nombre dado a la Galería, pudiera haber condicionado ese recorrido, bien cierto es y ha sido su contraria. La infatigable curiosidad de Norberto Dotor le lleva a apadrinar de forma indirecta la reunión plástica que se celebra en septiembre de 1975. Reunión en donde junto a Miguel Navarro, se sientan hombres tan dispares en sus obras como Peiro Coronado, Fibla o Santiago Serrano. Reunión en la que rebotan cuestiones tan peculiares de sociología de la cultura como la participación de los más frente a los menos, el temor de la masificación y la advertencia de Diego Bedia: “!Procurad que no se convierta Almagro en una ciudad turística ¡”.

José María Guijarro

Bastaría un ligero recorrido por los primeros años, para advertir cierta celeridad del aprendizaje, visible ya en 1976 y 1977, con las exposiciones de Cañadas, Nino Velasco y Prior, sobre todo Prior que vuelve y comparece en otros momentos. Piénsese que en 1976 se produjo la revisión del panorama artístico en la Bienal de Venecia y la consiguiente polémica, tras la muestra ‘Vanguardia artística y realidad social 1936-1976’; con Bozal, Llorens, Corazón, Renau y Saura entre sus responsables. Que tuvo luego su prolongación española con la exposición de La Caixa.  Polémica equiparable en muchos aspectos a la sostenida en 1951 con motivo de la Primera Bienal Hispanoamericana del Arte. En 1978 expone Joaquín Sáenz y el año se abría con una muestra colectiva ‘La especulación del suelo y el medio urbano’, dando a entender la existencia de otros intereses más pegados al suelo. Hay una muestra gráfica de Zabaleta, Solana y, Muriedes; y de los pintores provinciales Guijarro, Villaseñor y Navarro. Aunque el golpe de efecto llegaría en septiembre con la exposición ‘Miró, Tapies, Guinovart’. Golpe de efecto que se prolongaría con el cierre del ejercicio de la mano de Zobel, un mes más tarde de la inauguración de la ampliación del Museo de Cuenca.  1979 nos permite asistir a la muestra de Santiago Serrano, de Rosa Torres, de Manuel Salamanca, para colmatarse en octubre con José Guerrero. De ese año serán las muestras de los Crónica en Juana Mordó (‘La lluvia’), la de Pérez Villalta en Vandrés y, finalmente, como cierre y parada ‘1980’ en Juana Mordó. Esa primavera había visto la aparición del primer número de la revista sevillana ‘Separata’, con portada de Gerardo Delgado y trabajos, en el interior, de Gordillo, Teixidor, Saénz y Chema Cobo.

Y en  1980, el diluvio que llegaría con Pepe Ortega y la clausura del espacio expositivo de San Agustín, aguantando el de San Francisco. Creo que hay, que hubo, un antes y un después de la muestra de Ortega, que concedió una larga entrevista por aquellos días, publicaba en la revista desaparecida ‘Almud’, ‘Un color es bello, cuando es verdadero’. Que curiosamente resume uno de los principios desplegados por Norberto hace pocas semanas: “Me interesa la pintura –el arte en general – cuando es verdadero”. Y creo, que esa verdad comienza a desparramarse en ese año, con exposiciones de Valentín Zapata, Prior, Vera Cañizares, Mon Montoya, Eduardo Sanz, Frederic Amat y José María Mezquita. ‘Separata’ publicaba su número 4, con portada de Guerrero, y textos y obras de Eva Lootz, Rafols Casamada, Pérez Villalta, Salinas y Navarro Baldeweg. Y el año se cerraba con otra exposición referencia como ‘Madrid DF’ en el Museo Municipal. Norberto proseguía con la publicación de sus ‘periódicos de arte’, de los que hablaremos luego.

Miquel Barceló. Fúcares 1982.

1981 abría con ‘Obra gráfica de Picasso’, proseguía con ‘4PM’, Javier Pereda, José María Jiro, Oscar Benedí, Joaquín Saénz, Úbeda, Guinovart y Washington Barcala. Veían la luz los número 5 y 6 de ‘Separata’ y en La Caixa se exponía, comisariada por Juan Manuel Bonet ‘Nuevas Figuraciones’. Para 1982 nos reservaba Norberto, la ‘Utopía sobre Gutenberg’ de Vargas, en el primer Arco de la Castellana; y las muestras de  Ricardo Fernández, Gerardo Aparicio, Cañadas y Evaristo Belloti en abril. En cuyo periódico Norberto anotaba. “Es la primera vez que tengo la osadía de escribir en un catálogo y no soy crítico…”. En mayo expone Miquel Barceló, todo un descubrimiento y un anticipo antes de viajar a la Documenta de Kassel. Rematan el año Mariscal en octubre y la colectiva ‘Espacios compartidos’ con Arturo Aguilar, Enric Pladevall y Enjoji. En otoño, aparecía la revista ‘Caja del agua’ con un gran trabajo de Kiko Rivas, llamado ‘La carrera y la pintura’. Y en diciembre sale al mercado la revista de Arte ‘Lápiz’.

1983 prosiguió la andadura con Vargas, Molina, Eloísa Sanz, Julio Juste, Sánchez Calderón, Miguel Condé, Pablo Sycet, Claudio Díaz, Ernst Lem y Antonio Belmonte. En ARCO-83 Norberto apareció con Barceló, y en febrero comisaría en colaboración con el grupo ‘Abrego’ una muestra en Alcázar de San Juan. Este papel de comisario, se prolongaría el año siguiente con la muestra ‘Benjamín Palencia surrealista. Obra sobre papel 1917-1939’ primero, y luego con ‘Otra pintura  de Castilla-La Mancha’.

Los mencionados ‘Periódicos de arte’ que circularon con tiradas de 1.000 ejemplares entre 1980 y 1982, dan cuenta del carácter reflexivo de la trayectoria expositiva de Norberto. Bastaría revisar las firmas que interviene y colaboran en ellos, para visualizar un mapa de intereses relevantes. Así encontramos a Fernando Arrabal, a Francesc Vicens, a Nuria Amat, a Eduardo Alaminos, a Antonio Bestard, a Concha Kindelán, a Juan Manuel Bonet hasta tres veces, a Antonio Gamoneda, a Enrique Gómez Acebo, a Victoriano Cremer, a Alberto González Troyano, a Félix Guisasola, a Margarita Paz, a Martín Bartolomé dos veces, a Kiko Rivas, a José Ramón Danvila, a Fernando Ortiz, a Alberto García Ulecia, a Fortunata Prieto, a José Corredor Matheos, a Daniel Giral Miracle, a Miguel Logroño, a José de Castro Arines, a José María Iglesias, a Mercedes Lazo, a Mario Antolín, a Miguel Ángel Mila y a Víctor Pérez Escolano.

Jorge Julve

Una diversidad de miradas, de opiniones y de asuntos que tejen la tela de los intereses que van desfilando en estos años que, en alguna ocasión he denominado como los de la Remonta, casi en un ejercicio arriesgado de alpinismo o de Alta Montaña. Antes Norberto aparecía como marinero/pescador y ahora de montañero. La obcecación de Norberto, era en esos momentos similar a la del alpinista que se obsesiona por escalar la cima a toda costa y aún a pesar de perder contacto con la cordada que le acompaña. Todo eso se refleja ya en la entrevista que le realiza Ana Moyano en marzo de 1978.

“–Tú estás corriendo la aventura de traer a una tierra tradicional, más bien lenta en el progreso una pintura de vanguardia.

–No estoy de acuerdo, lo que pasa es que se está viendo una pintura de hace 70 años que es la pintura que se degusta y que gusta en esta provincia.  Aunque trajésemos una exposición antológica de Saura –de hace 20 años– a la gente seguiría sin gustarle”.

Desde aquí y desde su compromiso cultural, estaba claro que el reino de Norberto Dotor, no era de este mundo, sino de las cimas montaraces y solitarias donde se respira un aire mejor, más fresco y más libre. En la entrevista que realizara Nino Velasco en enero de 1981, se produjeron varios desplazamientos significativos. Norberto que “se adentra en las sombras caprichosas de la noche” y que “habla con muchos silencios”, relata las dificultades y angustias y apuros económicos de los años de ruta. Dificultades y apuros que sobreviven, pese a lo ancho de la andadura. Para fijar, finalmente, que “en realidad la Galería no tiene aún, después de siete años de existencia, esa uniformidad de línea que toda Galería persigue”; de igual forma que advierte que “son necesarios quince años para consolidar una galería y aún quedan otros siete”.

Por todo ello y aún en el XV aniversario, en 1999, se pudo fijar que: “Como prueba de ello, de la ascensión y de la soledad de la cima, se pudo ver la exposición del XV aniversario de la mano de Marcelo Expósito, presentada bajo un trabajo enigmático y riguroso: ‘Hambre de época’. XV aniversario que ya no suscitaría las pasiones encontradas de años anteriores, sumida toda la información general en las vicisitudes de las elecciones generales y la información provincial en el evento de una nueva galería Arjana, que venía a situarse donde Fúcares estuvo hace quince años, en los orígenes de la cuestión y del problema”.

La otra acepción de la marinería y del montañismo citada antes, casa bien con lo manifestado por Norberto en el año 2000 con motivo de la imposición de la ‘Encomienda de Alfonso X’. “A lo largo de mi vida, mi pasión más intensa ha sido el arte y lo que con el arte mantiene vínculos de vida. Pero otras han sido y son, también, pasiones igualmente personales y si se me permite lo excesivo de la comparación, devoradoras y a la vez nutrientes de cuanto en mi sensibilidad soy: el cante flamenco, la fiesta del toro y una devoción pagana por los ritos de la Semana Santa andaluza”.  

Norberto Dotor y José Rivero en Almagro.

La razón de ese apego, explicaba Norberto, tiene que ver con lo que denominaba tiempo cero, como si fuera un raro y potencial relojero: “El arte, el cante, el toreo y el aroma y sonido de los pasos coinciden todos en su abolición del tiempo. Cuando brota lo grande, lo que vemos, lo que oímos, lo que nos atropella o nos empuja a seguirlo, pertenecemos tanto a los momentos de origen de esa belleza como a la belleza que se cita justamente en la hora que marca el reloj que llevamos. La estética no es intemporal, sino que  le concede valor de calidad y cualidad propias a cada minuto. Una intemporalidad que plasmaba en el segundo de los deseos expresado en esa mañana de marzo en la ‘Casa de siete chimeneas’; “El segundo y último, [de los deseos] que, sin dudarlo ni un solo momento, puedo asegurarles a todos ustedes que si me fuera dada esa oportunidad, repetiría, sino uno por uno, sí en suma más que elevada, estos 25 años que ahora celebra la Galería, con todo lo que conlleva, con todo. De verdad.

Repetir los años, como celebración de esa intemporalidad. Vivir de nuevo. Circunstancia que volvió a repetir, quince años después, y  a los cuarenta  años del comienzo del extraordinario viaje: “Sólo sabría decir que cuarenta años no son nada, que se me ha hecho demasiado corto y que aunque algunas circunstancias de mi vida han cambiado, no pienso alejarme un ápice de todo lo que ha sido el principal sustento de mi existencia. Razones que se prolongan hoy, cinco años más tarde, donde Norberto ha hecho un ‘más difícil todavía’, como si habláramos de un equilibrista circense, que opta por mantenerse contra todo principio gravitatorio, no sólo contra el viento agitado anterior del mar. Dedicando la exposición del 45 Aniversario ‘45 artistas, 45 museos, 45 maletas’ como homenaje a Marcel Duchamp, de quien el pasado año celebramos el cincuentenario de su muerte. Una exposición del 45 Aniversario como un emblema tanto de la andadura del Arte como de Fúcares, y por eso se ha llenado la sala de la calle San Francisco de una serie de boîte-en-valise. Como si se narrara un viaje o como si fuéramos a emprenderlo al salir a la calle, tras la observación de la muestra.

Y es que en Marcel Duchamp se dan muchas encrucijadas en forma concatenada, como una partida de ajedrez que abre movimientos y alternativas nunca coincidentes y siempre divergentes. Encrucijadas que van desde la invención del Ready-made, hasta el abandono de la pintura misma a favor del ajedrez como ‘cosa mental’. Mostrando cierto paralelismo entre la serialidad maquinista e industrial de los Ready-made y el automatismo inconsciente y antimaquinista de los juegos surrealistas. Unos Ready-made, que reflejan la inmediatez de lo seriable industrial, subvertido por otras posibilidades y otros usos, que alteran su origen formal, por una deriva de sinsentidos, en conexión con flecos del primer Surrealismo que muestra al mismo tiempo que esconde. Un Surrealismo doble y dual donde, pese a todo, se dan la mano Modernos y Antimodernos, es decir pintores No-retinianos con otros retinianos. De aquí la pregunta de Delgado-Gal. “Magritte, Dalí o Delvaux son y no son modernos”. Como Duchamp y como Dalí, ambos hijos de notario y por ello hijos de quienes notifican legados materiales del pasado y los transforman en legados materiales del futuro. Pues eso, Legados del futuro: como Fúcares y  Norberto Dotor.

José Rivero Serrano, arquitecto

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