Eupalinos y la Flor [Diego Peris Sánchez]

Paul Valery escribió un texto titulado Eupalinos o el arquitecto que, a través de un diálogo entre Eupalinos y Sócrates, va acercándose a la realidad de la arquitectura. Sigo su camino en el estudio de la flor, su materia, su estructura, su calidad construida.

Materia, forma y función definen relaciones complejas capaces de conformar los espacios más bellos y los más terribles. Y en esa conjunción de elementos los procesos son importantes: cómo el barro y la paja hacen un material como el adobe, la arcilla conforma los ladrillos austeros y sencillos o los más terribles acabados, el hormigón moldea formas de especial belleza o edificios de la especulación más aberrante.

La harina, la leche y el huevo son capaces de producir maravillas gastronómicas. La masa necesita la magia del molde y el calor. Un molde metálico de formas entrelazadas introducido en el aceite caliente hasta alcanzar una alta temperatura logra que la masa se adhiera en capas delgadas a su superficie y, de nuevo, el calor del aceite de oliva y el golpe maestro para desprender la masa. El resultado de formas delgadas, de color miel habla de la calidad del producto. Formas delicadas, altas y de espesor reducido, de color tostado, son el resultado de la materia aliada con una forma singular. Una forma sin utilidad que encuentra en ello su grandeza, su destino, es el placer de los sentidos. La arquitectura de la vista, del olor especial de la masa, del tacto crujiente que se resiste a su destrucción, del sonido de sus formas que se dividen y del gusto de su función definitiva, la de ser demolida y disfrutada.

Cubierta del proyecto MAR Alimentación de TXP: Todo por la praxis.

“Destruir y construir son de pareja importancia, y hacen falta almas para lo uno y para lo otro; pero construir es más grato a mi espíritu ¡Oh afortunado Eupalinos¡ Nada hermoso es separable de la vida, y la vida es lo que muere.

Las soluciones estructurales masivas, de muros de carga, dejaron paso a las soluciones de elementos puntuales de soporte. Pilares y vigas se convierten en definidores de la arquitectura que se ocultan o se muestran como partes esenciales de la construcción.

Galería Serpentine. Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa.

Las nuevas soluciones recurren a estructuras orgánicas o a elementos ligeros que, repetidos, utilizados como formas internas conforman el espacio. Los planos ligeros, delgados, de la estructura consiguen inercias importantes, resistencias que no puede alcanzar la masa acumulada de las estructuras pesadas. Y el soporte ligero adquiere formas y diseños nuevos. Los planos se cruzan, se intersectan en un juego de recorridos que no solo busca el sustento sino la máxima expresión. El canto importante con espesores reducidos se refuerza en las intersecciones, en las formas que se curvan, en los encuentros de bordes interiores, en las piezas que se terminan en el vacío.

Toyo Ito. Mediateca de Sendai.

Y así la flor, con la referencia de la cruz de Calatrava construye su espacio, su estructura auto sustentante su forma que es soporte y expresión de su espacio curvado, de sus límites acotados y de su interior recorrido con planos delgados que dejan el vacío como ámbito de referencia, como lugar que afirma su presencia.

El artista debe conseguir una masa delgada sin rebordes, con la coloración que da el punto exacto de la sartén, color miel, ni demasiado claro ni demasiado tostado. La proporción, el tiempo, la escala son elementos esenciales para conseguir que la flor tenga su perfecta calidad, su forma y su atractivo que invite a tomarlo entre los dedos, a ir separando sus hojas y disfrutar su sabor.

A fuerza de construir, me dijo sonriente, me parece que me he construido a mí mismo.

No has observado al pasear esta ciudad que de entre los edificios que la pueblan algunos son mudos, que otros hablan; ¿y que otros, en fin, los más raros, cantan?

El resultado final

La materia, la forma, la estructura nos llevan al resultado final de esa forma sutil, delicada que es la flor, hecha para ser destruida para convertirse en manjar exquisito. “La tarea fundamental de la arquitectura estriba en sostener y celebrar la vida, además de proporcionarle un sentido de dignidad. Un espacio arquitectónico benevolente nos acaricia y calma, nos da energía y consuelo” dice Pallasmaa.

Pero todas esas cosas con miras a la duración del edificio eran poca cosa comparada con las que gastaba en elaborar las emociones y vibraciones del alma, de los futuros contempladores de su obra. Es preciso, decía este hombre de Megara, que mi templo mueva a los hombres como les mueve el objeto amado.

Diego Peris, doctor arquitecto.

El autor preside actualmente la Fundación Miguel Fisac

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