El misterio de un Stradivarius en Toledo [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 3 D17 Archivo VASIL

 “No sabemos realmente como llegó a casa. Siempre lo hemos visto allí y nunca le hemos dado importancia. Ahora no es que se la demos nosotros, se la da la etiqueta que lleva dentro el propio violín. Antonius Stradivarius Cremonensis. Facieba anno 1747″. Las dos últimas cifras del año están retocadas, no llevan los mismos caracteres de la impresión. Seguido al año están estampados dos círculos, en cuyo interior aparece una cruz y debajo las iniciales “A.S.”.

Los hermanos Vadillo, en la imagen, son conocidos y recordados por los toledanos -de cierta edad- como los propietarios de la sala de máquinas recreativas que finalmente se transformó en el Bar “Alex” y que aun hoy existe en la plaza Amador de los Ríos (o de los Postes).

En 1978 sacaron a la luz un curioso violín que les dejó su padre, con una etiqueta de “Stradivarius”. La historia, cuanto menos curiosa, planteaba la posibilidad de que esta familia tuviera en su poder una de las famosas y especiales piezas del violero italiano nacido en Cremona.

¿Cómo llegó a sus manos? En la crónica del momento se narra que el padre de José y Leandro, don Leandro Vadillo, era un entusiasta de la música de cuerda llegando a fundar en Toledo, a finales de los años cincuenta, una rondalla de niños y niñas a los que enseñaba a tocar laudes, bandurrias y guitarras. Sus propios hijos formaban también parte de aquel grupo de cuerda. El patriarca, además de la enseñanza, se dedicaba a la restauración y arreglo de instrumentos de cuerda.

Esta tarea de restauración fue posiblemente la que hizo que el violín “Stradivarius” llegase hasta las manos y el taller de don Leandro Vadillo. Parece que lo arregló pero nunca llegó a entregarlo; permaneciendo en su casa hasta la muerte de este. Sus hijos lo recuerdan como un elemento más de la casa familiar y hasta ese momento no se habían planteado seriamente su historia y origen. Para ellos -declaran en la crónica de 1978- este violín era especial únicamente por razones sentimentales.

Casi cuarenta años después de aquella foto publicada por Vasil, no hemos vuelto a saber nada de la autenticidad o no del famoso violín. Puede que la discreción de la familia Vadillo haya prevalecido en esta historia y que, a fecha de hoy, el valiosísimo instrumento se encuentre a buen recaudo familiar o en alguno de los importantes museos dedicados al eminente constructor de violines italiano.

O puede, también, que la discreción de José y Leandro, hayan dejado la historia dentro del anecdotario familiar y que el hipotético Stradivarius sea únicamente el “recuerdo del abuelo Leandro”.

Lo cierto es que hay pistas para una cosa y para la contraria: ¿pondría una burda etiqueta tan importante en un violín grabado con la frase “made in germany” cuando casi todo el mundo sabe la procedencia italiana del violero? ¿Cómo podía fecharse en 1447, diez años después de la muerte de don Antonius?

Sin embargo, la historia de los grandes genios está llena de contradicciones y los herederos, en determinados casos, tienen mucho que decir. Que pregunten a Jorge Manuel Theotocopuli lo que hizo con algunos de los cuadros que su padre, El Greco, dejó sin terminar al producirse el fallecimiento.

Parece ser -cuentan los historiadores- que los hijos del famoso Antonius Stradivarius (Francesco y Homobono) encontraron a la muerte de su padre en 1737 unos noventa violines en el taller, sin terminar. Los hijos hicieron lo que su padre no había rematado y al fin colocaron en los instrumentos la etiqueta “Antonius Stradivarius”. De esta manera nacieron unos violines que eran al mismo tiempo auténticos y falsos.

A estas alturas, no sabemos si el violín de nuestra historia era de los auténticos, de los falsos o de los medio auténticos. Tampoco si los hermanos Vadillo recurrieron a expertos o prefiere la familia seguir manteniendo la incógnita. Nosotros, solo, nos limitamos a recordar este bonito relato del Stradivarius que, de pedigrí o no, forma parte de esta familia toledana.

…… y como siempre, si alguien allegado a don Leandro Vadillo y sus herederos conoce y quiere compartir el final de la historia, tiene nuestro blog a su disposición.

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Quique J. Silva

 

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