Diez años del POM de Toledo: ¿tenemos ahora una oportunidad? [Tomás Marín Rubio]

Ilustración Javier R. Pinto

Estos días hemos conocido la penúltima noticia sobre nuestro desgraciado POM.  El TSJ de Castilla-La Mancha nos recuerda que no es nulo, como algunos querían pensar, sino que el Ayuntamiento tiene que exponerlo de nuevo al público y continuar con su tramitación. 

Una sentencia impecable desde el punto de jurídico porque lo que se discutía realmente en los tribunales no era el contenido del POM sino la legalidad de un trámite administrativo, pero que pone en un brete a nuestro Ayuntamiento porque le obliga a reconocer expresamente algo que a estas alturas ya sabemos todos: que la idea de ciudad que teníamos (o tenían) hace diez años se ha caído por los rodaderos de la historia. Si alguien respiraba tranquilo pensando que un tribunal nos iba a impedir la ejecución del disparate estaba equivocado. Será el Ayuntamiento el que tenga que asumir la grave decisión de tirar el POM a la basura.

El segundo corolario que se me ocurre para esta historia interminable puede que sea más abstracto, pero no menos preocupante: ¿Tiene sentido que la política urbanística de una ciudad se base sistemáticamente en la ejecución de un proyecto global diseñado unas décadas antes por los mejores profesionales del momento? ¿Qué pasaría si ahora estuviéramos obligados a ejecutar nuestro POM hasta nueva orden?

A mi modo de ver los españoles, y especialmente los castellano-manchegos, hemos levantado un inmenso artificio jurídico de leyes, planes, derechos, registros, concesiones, licencias…, cada vez más complejo y refinado, pero completamente absurdo si lo que pretendemos es intervenir de forma eficaz en la configuración del espacio urbanizado. Hemos dedicado tanto tiempo a estudiar vericuetos jurídicos y a ganar dinero manipulando artificialmente los derechos del suelo que ya no sabemos responder a preguntas fundamentales sobre el sentido del urbanismo, una cuestión nada baladí si tenemos en cuenta que en esta materia somos un bicho raro en el entorno político y cultural europeo, porque como ya he dicho en otras ocasiones, buena parte de los principios sacrosantos en los que se basa nuestra legislación urbanística y nuestro querido POM son imposibles de explicar por ahí fuera. ¿Están equivocados todos nuestros vecinos, o somos nosotros los que andamos descarriados?

Pero no son sólo los ingleses, los belgas, o los holandeses. Llevo más de 35 años intentando explicar estos mismos principios a muchos españoles, y puedo asegurar que aquí tampoco se entienden. Simplemente se acatan, o no, y a menudo se utilizan para objetivos muy alejados de los que justifican la existencia las leyes que se basan en ellos, lo que me lleva a pensar que un artificio tan rocoso tiene los pies de barro, y en un estado de derecho ninguna ley puede durar si no se basa en principios entendidos y asumidos por los ciudadanos

Llegados a este punto, y aprovechando un ínterin que preveo largo dadas las circunstancias políticas y socioeconómicas del momento, no estaría mal que dedicáramos unos meses a intentar responder entre todos a algunas preguntas existenciales sobre los objetivos del urbanismo y los instrumentos más adecuados para alcanzarlos. Sólo si somos capaces de encontrar respuestas adecuadas para este tipo de preguntas podremos estar en condiciones de diseñar políticas urbanísticas consistentes y eficaces en el futuro. ¿Alguien más está dispuesto a participar en esta aventura intelectual a la luz del día y de las nuevas tecnologías en forma de debate abierto?

Tomás Marín Rubio, arquitecto.


Primera colaboración de Javier R. Pinto: dibujante de cómic, diseñador gráfico e ilustrador. www.jrpinto.com.  Ilustración de portada “The city that never sleeps”. 

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