Diario alegre de un encierro triste. Día 48 [Quique J. Silva]

@Jesús Gómez-Escalonilla Sánchez-Infante. Diario alegre de un encierro triste. Día 48. La tía

La tía confinada

Esto del encierro involuntario ha sido un aprendizaje continuo.

En casa, por ejemplo, hemos tardado más de un mes en dar con la clave del aislamiento entre miembros de la unidad familiar.

Tenemos con nosotros a La Tía soltera, que ya era población de riesgo antes de que empezase todo esto. Con 92 años, salía casi todos los días a la calle, cruzando los pasos de cebra igual que los Beatles en Let it be; como diciendo “ya pararán”.

Aconsejados por todos los medios, públicos y privados, habidos y por haber, confinamos a La Tía en su cuarto, provista del baúl de los recuerdos, televisión, cestillo del punto de cruz y una foto del soldado que la dejó hace 70 años para irse a Sidi Ifni.

De todos los problemas, el de la alimentación parecía el más complicado. ¿Cómo pasar comida sin riesgo a contagiarla? Yo, que soy el listo de la casa, encontré la solución.

@Antonio Esteban Hernando / D48 del Diario alegre de un encierro triste. La tía.

La hemos hecho llegar lonchas de pavo, jamón, pan Bimbo (previamente prensado y sin corteza) y el mejor de los inventos: caldito a través de un tubo que hemos reciclado del acuario. (Es posible aplicando la teoría de los vasos comunicantes)

La lechuga en hojas, el arroz en fila de uno y los espaguetis reptando hacia el interior de su cuarto, entre el bajo de la puerta y el parquet.

¡Jamás una holgura dio tanto de sí!

Menos mal que come poco –pensábamos desde fuera, mientras empujábamos el lomo a la plancha sobre papel de aluminio-; lo primordial es que La Tía no enferme.

Para quitar hierro al asunto, lo llamábamos “la dieta del carpaccio”; pero en el fondo buscábamos una solución mejor. A veces, lo obvio, no es siempre lo mejor y me puse a buscar en YouTube.

Efectivamente, allí encontré la solución para La Tia. ¡Manos a la obra, que soy un manitas¡

Agujero en la pared, encastrar un cubo giratorio y ¡voila! (¡listo! en francés, que ahora todo el mundo es de inglés) Allí estaba la solución perfecta: el Torno.

Tres veces al día me acerco al cubo diciendo “Ave María purísima” y La Tía contesta “que soy vieja, pero no tonta” y se obra el milagro. Ahora come tajadas y sobre todo, no se tiene que agachar.

@Antonio Esteban Hernando / D48 del Diario alegre de un encierro triste. La tía.

Pronto abriremos la puerta y la Tía superviviente podrá bajar y cruzar los pasos de cebra en compañía de John Lennon, George Harrison, Paul McCartney y Ringo Starr.

Objetivo del día: No quitar el torno; por si hay marcha atrás.

Y mañana será otro día.

Quique J. Silva

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