Diario alegre de un encierro triste. Día 43 [Quique J. Silva]

@Jesús Gómez-Escalonilla Sánchez-Infante. Diario alegre de un encierro triste. Día 43.

Entre tu ropa y la mía

Desde el principio del “encierro” mi Santa y un servidor (de ayudante) hemos echado abajo todos los baúles, armarios, perchas y cajones de la casa.

Hasta aquí, nada original. Cualquier familia que se precie está aprovechando estos días para compartir la alegría de “limpiar la casita”, como “La ratita presumida”, de Charles Perrault (Lo he mirado en google).

Pero ahora llega la segunda vuelta antes de la “desescalada”. Una vez que ya hemos echado al contenedor las prendas viejas, baratas y anticuadas, aún nos queda mucho.

Trajes de dos puestas, blusas entalladas, pantalones pitillo (de cuando fumábamos) y una legión de zapatos que combinaban con la ropa que tiramos al principio del encierro.

¡Valor! –me digo-. Hay que hacerlo.

Y empiezo a sacar trajes de cuando iba al trabajo uniformado. La mayoría, de los denominados “fondo de armario”.

El azul, el gris, el más moderno con coderas, la chaqueta de pana (sí, aún conservo una chaqueta de pana) y la joya de la corona: el traje de la boda.

@Antonio Esteban Hernando / D43 del Diario alegre de un encierro triste.

Pruébatelos –dice mi seño- con esa cara de “veras” que no es preciso ni describir.

Efectivamente, en el mejor de los casos podía subirme la cremallera hasta la mitad.

Era de esperar; pero yo me auto convenzo, no estoy gordo; lo que ocurre es que, con la edad, los cuerpos van cambiando. Los músculos se distribuyen de otra manera.

Por ejemplo, hay que almohadillar el culo porque pasamos muchas horas sentados o hay que reforzar la grasa en la tripa porque es donde nos apoyamos cuando la columna ya no nos sujeta. La naturaleza es sabia y nos ofrece ramas rectas de madera que denominamos bastón; pero hay que tener la tripa bien formada para apoyarnos. 

Con estos argumentos, tan firmes y convincentes y unas ansias de venganza dignas de telenovela, invité a “mi seño” a que se probara su “fondo de armario”.

No abrió la boca. Me miró fijamente, “y su mirar se me clavó en el alma como una espá” que cantaban Lole y Manuel.

…. Y me fui corriendo a poner la olla, esperando tranquilamente a que la pesa empezara a dar vueltas.

Objetivo del día: En estos momentos, discusiones, las justas.

Y mañana será otro día.

Quique J. Silva

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