De la Caja de Toledo a Uni-Liberbank: La historia interminable [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 05 D19 Archivo VASIL


Juan Molero Pintado el director general  que capitaneó todo el crecimiento de la Caja de Ahorro de Toledo desde su nombramiento en 1970 hasta su fallecimiento en un accidente de tráfico en 1991

“El ahorro de los toledanos queda en la provincia de Toledo”. “Ahorre, ahorrar es querer”. “Trabajamos por nuestra tierra”. “Tu Caja”. “La nuestra”.

Estas frases y muchas más, forman parte de la historia de la Caja de Ahorro Provincial de Toledo, fundada por la Diputación Provincial en 1956 y diluida a lo largo de su vida financiera; primero en Caja Castilla-La Mancha, luego Liberbank y próximamente en lo que pueda salir de la fusión entre Liberbank y Unicaja. Sí, la historia interminable.

Pero aunque la historia no haya terminado, queremos traer a nuestra sección fotográfica del Blog Hombre de Palo el recuerdo, el reconocimiento y la nostalgia de “nuestra caja”; primero provincial y luego regional, pero siempre “nuestra”.

Tras unos primeros años de proteccionismo institucional de la Diputación, en los que sus primeros empleados ejercían más de funcionarios que de cajeros,en 1962 llegó por fin el primer asentamiento de la Caja en la plaza de Barrio Rey y años después en la calle Nueva 7, que sería la oficina principal hasta su traslado al actual edificio de Zocodover.

El objetivo fundacional era claro. No se trataba de competir con los bancos. La Caja -las Cajas- nacen, sobre todo, para acabar con la exclusión financiera y hacer llegar la red de oficinas a los lugares más recónditos, con independencia de las rentabilidades puramente económicas. 

El negocio era transparente y sencillo. Captar el dinero del “pequeño ahorrador”, gestionarlo y con los beneficios obtenidos, revertirlo nuevamente en la sociedad que lo hacía posible, a través de la Obra Social.

Oficinas centrales en el Palacio de Benacazón

Esta fórmula funcionó como un reloj suizo (con algunas convulsiones por el camino) hasta que en los años setenta se dio un gran paso: incorporar al catálogo de operaciones la posibilidad de gestionar letras de cambio (hasta entonces monopolio de la banca). Aquel fue el primer torpedo en la línea de flotación de los bancos tradicionales.

Aquellas pequeñas cajitas, que nadie tenía en cuenta a la hora de analizar los mercados, empezaron a crecer y a posicionarse de manera estructural en el desarrollo económico de sus ámbitos de actuación. Ya no solo entre los pequeños ahorradores, también entre los empresarios.

 

Aquellas cajitas conformadas por una plantilla entregada a la causa en cuerpo y alma, sin horarios, sin festivos, con más voluntad que formación, obraron el milagro de obtener la gran confianza de sus vecinos y, así, fueron obteniendo cuota de mercado hasta superar los depósitos e inversiones de los bancos, más preocupados de “la venta al por mayor”.

Anualmente, la Caja celebraba el Día Universal del Ahorro con un sorteo de regalos entre sus clientes

Con la llegada de la nueva Constitución española y las representaciones democráticas en las entidades públicas, las Cajas -y por lo tanto la de Toledo también- se convirtieron en un “objeto del deseo”. Era una herramienta con la que financiar y sufragar los gastos públicos. 

La nueva política llegaba a los Consejos de Administración con instrucciones claras….. todos querían su parte del “pastel”.

El negocio seguía siendo tan claro, sencillo y transparente, que había “pastel” para todos. Para que las instituciones financiarán parte de sus proyectos y para que, en nuestro caso, los toledanos, continuáramos recibiendo beneficios a través de las obras sociales.

Ya hemos dicho que el primer punto de inflexión en la vida de la Caja fue completar su catálogo de servicios con las Letras de Cambio.  El segundo fue, sin duda, el objetivo de un recién nacido Gobierno Regional empeñado en que las cajas provinciales de Castilla-La Mancha se fusionaran en una sola: “demasiados pasteles, demasiadas moscas”.

Al grito unánime de “Cajas más grandes – Cajas más fuertes” el mapa financiero español se reagrupó con un criterio regional (al margen de Madrid y Barcelona) y la Caja de Ahorro Provincial de Toledo quedó diluida en la Caja de Ahorros de Castilla-La Mancha. Ya solo había un pastel del que comer.

La fórmula seguía siendo la misma: negocio minorista, llegar a todos los rincones sin exclusión y revertir los beneficios en toda la región.

Pero ahora ya las necesidades financieras del gobierno regional eran mucho mayores y los recursos no se habían multiplicado en la misma proporción. El nuevo barco, naciente, era grande pero con poco calado.

La “competencia” (banca tradicional) conocedora de las debilidades de su competidor, que le había comido su propio mercado tradicional, solo tuvo que esperar a los grandes vientos y tormentas. Mientras, ellos, saneaban sus cascos, colocaban parapetos y tensores porque, como dominadores de los mercados, sabían que, antes o después, llegaría el vendaval en forma de crisis inmobiliaria.

….. y las cajas, transformadas en “nuevos ricos” solo pudieron, en el mejor de los casos, recoger velas, tirar al mar los mástiles rotos, pasar a cuchillo a sus capitanes y saltar (las mujeres y los niños primero) a la embarcación más próxima.

En muy pocos meses vimos como la “Armada Española”, en forma de cajas de ahorros, naufragaba.

En el nuevo barco Uni-Liberbank ya no queda nada de aquella Caja de Toledo.

Para algunos, solo el recuerdo y la sensación de que “el hombre es el único ser, capaz de matar a la gallina de los huevos de oro”. R. I. P.

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Quique J. Silva

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13 Comments

    • Ciri Lopez

      Aunque era muy rígido con él, nos quedamos huérfanos y no hubiéramos llegado a una intervención. Nadie le ha llegado ni a la suela de los zapatos. Ahora están dirigiéndola unos que incumplen sus compromisos, poco de fiar, y con poca credibilidad.

  • Antonio Illán Illán

    Claro que queda mucho y no solo buenos recuerdos. ¿Dónde está todo el patrimonio cultural que se acumuló? Era social o, mejor dicho, propio de la obra social. Por tanto aquello que era beneficio para la sociedad ¿por qué no ha revertido a la sociedad? ¿Qué entidad o qué personas se han quedado con las obras de arte?
    Ahí dejo la pregunta y la reivindicación de que se devuelva ese patrimonio que es de todos.

  • En ella empecé mi carrera en el mundo financiero, corría el año 1966, primero en la Sucursal de Talavera de la Reina, año siguiente en la recién estrenada “Central”, posteriormente año 1972 como Jefe de Sucursales, entonces contaban 48. Buenos recuerdos con Juan Molero al timón.
    Quede aquí mi testimonio, como pequeño homenaje de nuestra Caja.
    Miguel Sánchez de Pedro

  • Asi

    Recordando lo bonito que fue y lo rápido que ha pasado.En aquella época bien gestionado por todos los empleados que creíamos que era nuestra empresa. Y luego en cuatro días se lo cargaron, los pecholobos.Felix Ludeña

  • Beatriz

    Efectivamente era nuestra Caja y como se decía: eramos ” una familia” y se celebraba la “Sagrada familia”. Mi padre fue el primer delegado de la sucursal de Yepes, su pueblo y mi pueblo y todo lo que vino tras la partida de don Juan Molero Pintado le hizo mucho daño: desde su prejubilación hasta la intervención en vísperas de su muerte. Una vez dije que iba a la ” Caja” y una amiga me replicó ” Liberbank, Liberbank ” y mi respuesta fue : ” la Caja, la de mi padre”. Recuerdo Benacazón donde me fue entregada una bicicleta, un microscopio y un libro de la Vida de Jesús de manos de don Luis Casañas Guas que me correspondió en el sorteo del Día Mundial del Ahorro ( 31 de octubre). Y más y más recuerdos.

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