Cosas que no pueden pasar aquí [Jesús Fuentes Lázaro]

Año 1935. El premio Nobel norteamericano Sinclair Lewis publica una novela distópica. “Eso no puede pasar aquí”, será el titulo. En ella se narra la llegada  a la Casa Blanca del senador Berzelius Windrip, “Buzz…Buzz” para sus seguidores y votantes. Un demagogo, autoritario y un populista que busca votos entre todos los desahuciados o perjudicados por la crisis. Su proclamación como Presidente supondrá la suspensión de la Constitución; la persecución de la prensa y medios de comunicación; la anulación de los derechos y garantías cívicas; el aislacionismo económico y social, el recrudecimiento del rechazo a los negros; la malditización de los judíos; la aparición de una xenofobia generalizada. Cuantos se opongan a las decisiones del Presidente Windrip, serán considerados enemigos de Norteamérica, enemigos del pueblo. Serán perseguidos, represaliados, aislados, golpeados, encarcelados y asesinados por el ejército de voluntarios, los “Minute Men”, una especie de SS alemanes. Cuanto sucede nadie podía creer que pudiera pasar en su país. La frase repetida por todos y en todos los lugares será “Eso no puede pasar aquí”. Y es que mucha gente se niega a creer en lo que sucede  hasta que sucede.

Berzelius Windrip llega al poder durante la crisis gelatinosa y extensa que se había iniciado en 1929. Millones de trabajadores de todos los sectores han perdido su empleo. Baste recordar la novela “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck. Las clases medias se han empobrecido hasta no poder pagar los créditos contraídos para disponer una lavadora eléctrica. El país vive en estado de disgregación colectiva en el que las Instituciones no funcionan. Cultural y socialmente es un país inconexo en sus relaciones grupales o personales. Se reducen las tasas de matrimonios, se desestructuran las familias, desciende la religiosidad aunque se disparan los seguidores de las iglesias y predicadores cada vez más fanáticos. Del “New Deal” de Roosevelt solo se perciben las corrupciones que generan los fastuosos proyectos puestos en marcha. Es un país enclaustrado en su propia impotencia. En un ambiente tan degradado, los autócratas y dictadores  suelen recurrir a guerras  con enemigos externos, que pueden ir cambiando en función de las conveniencias propias internas, como se cuenta en la novela, también distópica, de George Orwell “1984”. En la ficción de Sinclair Lewis la guerra se empezará por Méjico. Pero al unísono la guerra disparatada contra el vecino pondrá en marcha un golpe de Estado contra Berzelius Windrip. Será depuesto por uno de sus colaboradores más fieles, Lee Saranson que, en escasos meses, será sustituido por otro golpe, esta vez, del  general Haik.

Los intelectuales, las élites provincianas e importantes sectores urbanos que en los inicios trataron con indiferencia y hasta una cierta complacencia los discursos populistas del candidato Windrip pronto serán conscientes de su error. Del “Eso no puede pasar aquí” descreído descubrirán que en cualquier lugar pude suceder los peor. Que no existen antídotos contra planteamientos populistas y contra los liderazgos personalistas. Como consecuencia se irá organizando la “Resistencia”. Al principio, imprecisa, después más activa y con objetivos y estrategias que empiezan a definirse. El director del periódico local (Vermont) el “Informer” será quien represente la adhesión a la resistencia de las grupos y colectivos que creyeron que eso no podía pasar en Norteamérica. Doremus Jessup, que así se llama el director, cambiará su colaboración forzada con el poder para situarse en el activismo más comprometido. No será un gran líder, pero si representará a esa parte de los ciudadanos a los que cuesta implicarse en asuntos sociales o políticos hasta que llega un momento en el que no son posibles ni la distancia ni la indiferencia. Se unirá a la resistencia que se ha organizado en Canadá. Desde allí conseguirán –aparte de las disidencias  internas de los golpistas– el final de la guerra contra Méjico, el restablecimiento de la Constitución y la vuelta a la “normalidad” democrática.

La novela de Sinclair Lewis se intentó llevar al cine, pero no prosperó por la censura de Hollywood. Se representó como obra de teatro con éxito y fue convertida en serie de televisión con el título de “V”. En la novela los personajes no son reptiles encubiertos como en la serie, sino individuos identificables. Algunos de los personajes como el Presidente Berzelius Windrip es la mezcla de cuatro personas que existieron realmente: el gobernador de Louisiana, Huey Long, el predicador religioso Willian Dudley Pelley, el Doctor Towsend con mensajes de radicalización de la ultraderecha a los blancos protestantes y a la América rural y por último  Gerald Burton Winrod, conocido como el “nazi de Kansas”. En la serie televisiva los reptiles estaban entre nosotros sin que lo supiéramos. En la novela los dictadores, los autócratas, los dirigentes narcisistas también se encuentran entre nosotros, sin que los distingamos. Eso sí, en  cada país o territorio se seguirá pensando que hay cosas que no pueden pasar.

Jesús Fuentes Lázaro

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