Corpus: “Por ti no pasan los años” [Quique J. Silva]

Sucedió en Toledo. 23 D17 Archivo VASIL


Uno de los pocos lugares del recorrido donde es posible. Maite logró aquí que la Custodia se dibujara sobre la fachada de la Catedral.

Crónica del pasado, del presente…. y del futuro.

Decir Corpus es decir recuerdos. Vivencias de unas generaciones que hemos crecido -unos más que otros- con la referencia de esta fiesta, como siempre, entre lo religioso y lo profano.

De ser uno de los “Jueves que relucen más que el sol”, se pasó a la “Semana Grande”, en un intento de equilibrio social entre los seguidores de la “Procesión” y los de la “pura Fiesta” con puente en la playa incluido.

Si Vasil es un archivo de recuerdos, fotográficos pero recuerdos, no podemos pasar por alto este momento del calendario donde la ciudad, en pleno siglo XXI, sigue mostrándose más tradicional que de costumbre (por difícil que parezca).

Hemos dicho que son días de añoranza, de reencuentro con toledanos que regresan a su cita anual con la vieja silla, atada la noche antes, para no perder el sitio.

Quien más, quien menos, ha participado a lo largo de su vida, de alguna forma, en esta manifestación pacifica; sin pancartas pero con megafonía. Con una única y clara consigna “cantemos al amor de los amores”.

Los que han (o hemos) pasado por el Colegio de Infantes, recordamos en las vísperas esa cita previa, en la Catedral, repasando el estado de sotanas y roquetes para desechar cualquier bajo descosido o blanco amarillento (ahora conocido como blanco roto).

Corporación Municipal al entrar en Zocodover. Toledanos orgullosos representando a su ciudad. En el centro, portando el Pendón de Toledo, Manuel Romero Carrión. De fondo la antigua sede de Seguros Soliss como atestiguan sus reposteros.

El resto de niños, también tenían la oportunidad de desfilar, si ese año habían hecho la primera comunión. Eso sí, cogidos al estandarte de su parroquia mediante una cinta, para no perderse en el tumulto procesional.

Jóvenes y adultos iban buscando su acomodo en las diferentes hermandades y cofradías; todas diferenciadas entre sí por una carta de colores digna de la paleta del mismísimo Greco. Por más que pasen los años siempre hay alguien a tu alrededor que confunde los Mozárabes con el Santo Sepulcro o los Infanzones con los Caballeros del Corpus Christi. Toledanos, de nacimiento o adopción, ataviados con sus pesadas capas, no dudan en manifestarse a favor del “amor de los amores”. Estos, los seglares, preceden en el orden profesional al clero; en su mayoría, mirando hacia el interior de su espíritu cristiano, algunos, rosario en mano.

Monseñor don Vicente Enrique y Tarancón presidiendo su primer Corpus en 1969. Tras él tres acólitos de Infantes, reconocibles: Lorente, Masa y Guijarro

Los recuerdos para muchos toledanos procesionales, se ven colmados si, merced a su trayectoria vital, el destino les ha llevado a las instituciones o a los mismísimos ejércitos de tierra, mar o aire.

Por fin, a lo lejos, aparecen los primeros destellos dorados. ¡Viene el mismísimo Dios a verme! ¿Y quién soy yo para merecer tal honor? Un vecino, un viandante, un visitante que ha entrado a través de un agujero negro en el túnel del tiempo.

Las bombas reales anuncian que la Custodia ha entrado en la Catedral. Todo vuelve a la normalidad.

¡Ya está! Hasta el año que viene.

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Quique J. Silva

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