Casa Pedro Moro, Talavera de la Reina 1964. La planta al bies [José Ramón de la Cal]

La planta y la sección o, en otras palabras, la sección horizontal y vertical, son las abstracciones gráficas ineludibles para representar la arquitectura. En esto hemos evolucionado poco desde que la civilización sumeria (3000 aC) utilizara una tablilla de arcilla para grabar la planta de una casa. Un código de representación plana que, a modo de partitura, nos permite interpretar e imaginar todas las dimensiones del espacio.

Plano de una casa. Adquisición sin datar, ca. 2000 a.C. Cerámica. 11,4 × 12,2 × 2,6 cm., Staatliche Museen zu Berlin, VAT 07031.

¿Qué es aquello que nos atrae al situarnos frente a una buena planta de arquitectura? ¿No será que más allá de la destreza y la armonía gráfica, es capaz de transmitir algo más complejo e invisible, un sistema de pensamiento? En la obra de Manuel de las Casas es constante la destreza en el trazado de la planta como una promesa segura de arquitectura. La casa Moro (Talavera de la Reina, 1963-1971), opera prima elegida por su autor para su última conferencia con motivo de la inauguración de la exposición de la Escuela de Arquitectura de Toledo en la Arquería de Nuevos Ministerios (diciembre de 2013), es paradigma de una forma de pensar que, desde el oficio y la racionalidad contemporánea, aspira a resolver el habitar y su forma constructiva, siempre al servicio del hombre. Camino últimamente solitario y abandonado por todas aquellas arquitecturas que han confiado su éxito en lo superficial, que han abandonado la planta en favor del alzado o, en su peor versión, en la escenográfica perspectiva, como bien refleja Paul Valèry en Eupalinos o el arquitecto, ‘… si has observado, en tus paseos por esta ciudad, entre los edificios que la pueblan, unos mudos son, otros hablan; los más raros, cantan. No es su destino, ni siquiera su traza general, lo que a tal punto los anima, o a silencio los aminora. Eso procede del talento de su constructor, o quizá del favor de las Musas.’

En nuestras ciudades, hoy muchos que dicen ser arquitectura gritan y con su avasalladora presencia anulan al hombre. Observando la planta de la casa Moro la entendemos como un sistema orgánico de muros gruesos (triples) paralelos al hogar, que recuerdan a Frank Lloyd Wright, que cobijan una envolvente difusa de espacios interiores propios de Alvar Aalto, espacios anclados en la tradición popular de la casa, oculta e intimista, de tapia, que huye del protagonismo y busca la ausencia urbana y naturaleza domesticada en el patio, bañada en su interior de penumbra y contraluces. Dentro de este sistema estructural y constructivo aparentemente sencillo de muros paralelos, se introduce la arquitectura. El arquitecto se sirve de la diagonal para, en un hecho paradójico, contradictorio con el sistema ortogonal, en una impureza que diría el profesor Antón Capitel, transformar como prestidigitador un sistema funcional, racional y cartesiano, en un complejo espacio orgánico sustentado en la geometría y en la economía constructiva.

Manuel de las Casas elige la diagonal como un sastre elegiría el bies de la tela por ser la dirección más elástica del tejido, la que forma pliegues suaves y mejor se adapta sin esfuerzo a las formas del cuerpo. Construye una sofisticada casa cuerpo. El sesgo no es gratuito, en unos casos alarga las perspectivas, y el espacio se agranda en torno al hogar; otras veces se utiliza para ocultar las vistas directas sobre los espacios más privados y aísla la casa de los medianeros próximos. Un continuo juego espacial de enseñar y esconder manejando la escala de un complejo y amplio programa, sin perder en ningún momento la referencia al tamaño del confort doméstico, se convierte así en un rico y sofisticado recorrido interior, representación a menor escala de una ciudad.

José Ramón de la Cal, Dr. arquitecto

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