Campanas de la catedral de Toledo [Diego Peris Sánchez]

Las ciudades tienen sus sonidos. No son sólo las calles de sus racionales o intuitivos trazados son todas sus sensaciones: sus olores, el recuerdo de sus sabores, sus colores y también sus sonidos. Las arquitectura y las ciudades se perciben desde todos nuestros sentidos y se experimentan desde cada uno de ellos de forma diferente. Toledo que es un conjunto de sensaciones, entre otras el sonido de sus campanas.

Las campanas de la catedral.

“En este año (1542) -dice una nota del Archivo de la catedral- se hacia la torre de las campanas por mandato del señor arzobispo don Juan Contreras. Labraron las piedras de la cantera de Guaxaraz, y la talla Pedro Gutierrez Nieto, Alonso Gómez, Juan Ruiz, García Martínez y Diego Rodríguez. La piedra berroqueña la daban labrada Alonso Fernández, aparejador; Diego Fernández García, Cristóbal y Rodrigo Rodríguez, Bartolomé Sánchez y Alvar Rodríguez. Posteriormente hicieron estos maestros pedreros cuatro cuadrillas, obligándose a dar labrada toda la piedra necesaria para la obra, así de berroqueña como de Guadaxaraz y de la Rosa”.

Los diferentes cuerpos van ganando altura hasta llegar al alcuzón que la corona. En uno de sus cuerpos cuerpo hay una capilla, la bóveda donde habita el campaneiro, una cámara fuerte que ha servido de prisión y una cuarta bóveda donde está la campana grande y las cuerdas y tiros de las otras. Ahora con las últimas rehabilitaciones realizadas se puede subir a la torre, recorrer sus dependencias y llegar hasta la campana gorda. Una torre que se levanta sobre la ciudad con la voluntad de hacerse presente en la vida de todas las personas y recordar la grandeza del templo catedralicio.

La Campana Gorda de la catedral.

El día de Pentecostés del año 1954 quedó constituida la Agrupación de amigos de las Campanas presidida por Gregorio Marañón celebrando su reunión bajo la “Campana Gorda” de la catedral de Toledo.

En la fotografía de la reunión estaban Pedro Mouriane Michelena (vicepresidente de la entidad), Enrique de la Hoz, Miguel Fisac, Federico Muelas y Diego Antonio Casanova autor del artículo que publicaba la noticia. El artículo recogía la fotografía de la agrupación y otra de Müller con el campanero en la ventana de la torre.

Allá arriba, en la torre, Federico Muelas contaba la historia de su paisano Eugenio de Torralba que en una noche fue de Valladolid a Roma montado en una campana. Enrique Laborde, Enrique de la Hoz hablaron de campanas de diversos lugares. Raimundo de los Reyes de campanas y amistad y Fisac de los campanarios de diferentes ciudades suecas. El acto terminaba con la lectura de algunos pasajes de Elogio y nostalgia de Toledo de Marañón en torno a las campanas. Al acto, decía la prensa, asistieron también Vicky de Iroa e Isabel Cagides de la Sección femenina y el fotógrafo Müller y fue retrasmitido por la emisora de radio Toledo.

Campanero. Foto Muller.

El sonido de la tristeza.

El artículo de la reseña de 1953 recordaba que los días de Jueves y Viernes Santo las campanas no sonaban como señal de duelo. Pero las campanas tienen un toque especial de difuntos. Un sonido lento y grave que evoca la tristeza de la noticia comunicada a todos los vecinos desde la torre de la catedral. El toque de difuntos tiene la sobriedad, la grandeza de su sonido que nos acompaña con la tristeza de aquellos que ya no están.

En estos días en los que muchas personas conocidas, apreciadas por muchos, nos han dejado con la pandemia que nos azota parecen resonar de nuevo las campanas de difuntos. Desde la torre se hace visible la plaza del ayuntamiento por la que podemos ver paseando a Ignacio, a Luis Pablo y a tantos otros que recordamos asociados a esta ciudad. Porque las ciudades no son sólo ni principalmente sus monumentos y sus calles. Son sobre todo las personas que las han llenado de actividad y de vida. Las campanas de la catedral tocan a difuntos, pero en nuestra memoria está la vida y el sueño de las personas que nos han dejado en estos días.

Diego Peris, doctor arquitecto.

El autor preside actualmente la Fundación Miguel Fisac

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