Camino hacia el cine clásico I: El Film D’Art [Germán Esteban Espinosa]

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Cuando en 1894 Edison mostró en América su kinetoscopio, lo hizo para ganar dinero; cuando los Hermanos Skladanowski mostraron su bioscopio en Alemania, buscaron la sorpresa del público; cuando los Hermanos Lumière presentaron un mes después su cinematógrafo, lo hicieron como herramienta de feria al ver frustradas sus expectativas de utilizarlo en el mundo científico. ¿El cine era considerado arte entonces?

No, no lo era. De hecho, durante la primera década fue considerado como una medio de entretenimiento para el vulgo más iletrado, un fenómeno muy alejado de la “auténtica” cultura. El cine se empieza a considerar “arte” entre algunos críticos a partir de 1911, cuando el italiano Ricciotto Canudo publica su Manifiesto de las Siete Artes, donde define al cine como el Séptimo Arte, que reúne a las seis anteriores. No obstante, las primeras manifestaciones cinematográficas consideradas como arte probablemente no aparezcan hasta después de la Primera Guerra Mundial, con el expresionismo de El Gabinete del doctor Caligari (1920), el mal llamado impresionismo cinematográfico francés y el cine nórdico de Víctor Sjöstrom y compañía.

Sin embargo, ya en 1906 los Hermanos Lafitte, en Francia, sintieron que el cine estaba llamado a ser un arte y que la “alta” cultura debía apropiarse del nuevo medio de comunicación. Para ello se pusieron en contacto con la Academia de las Bellas Letras para que los académicos participaran abiertamente en el cine y cedieran sus obras para que fueran adaptadas.

Pese al gran éxito que tuvo en 1908 El asesinato del Duque de Guisa, fue un movimiento que tardó poco en desinflarse debido a su retrógrada narrativa audiovisual, que cumplía con todos los defectos del cine primitivo sin ninguno de los hallazgos ya descubiertos. EL Film D’Art (nombre obtenido de la productora de los Hermanos Lafitte) era poco menos que teatro filmado; para ellos la realidad de la película se reducía a lo que salía a escena, no sabían recrear ningún tiempo cinematográfico ni por supuesto jugar con el montaje. Los actores se forzaban a hablar mirando siempre a la pantalla y buscaban situarse lo más cerca posible de la cámara, como si estuvieran sobre un escenario. Además, recordemos que el público cuando acude al cine lo hace para entretenerse, evadirse y disfrutar, no para ser instruidos por un grupo de personas que se creen más inteligentes que ellos.

No obstante, el Film D’Art tuvo una importancia capital para la historia del cine porque a la figura del director/operador añadió la de decorador/director de arte, convirtiéndose en el primer movimiento en dar una gran importancia a los valores estéticos de la puesta en escena. Este acierto, unido al aprovechamiento de los clásicos de la literatura y los acontecimientos históricas, supuso una de las grandes influencias en el cine de Griffith y sus largometrajes El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916), considerados como los padres del cine clásico y del relato audiovisual que hoy conocemos.

En España este movimiento contó con el apoyo de los barceloneses Ricardo de Baños (operador) y Alberto Marro (decorador), que fundaron la productora Cebra Films y rodaron en 1911 una película de la que aún conservamos escenas, titulada Don Pedro El Cruel, un ejemplo claro de las características retrógradas de un movimiento con muy buenas intenciones pero muy corta vida.

No hemos podido encontrar ningún enlace a la producción española, pero sí al gran éxito de esta corriente, El asesinato del Duque de Guisa, donde se puede apreciar bien todo lo que hemos expuesto de manera breve en los párrafos anteriores. En la próxima entrega trataremos el segundo gran abuelo del cine clásico: el cine colosalista italiano.

Pulsa aquí para ver “L’Assassinat du duc de Guise” (André Calmettes – 1908)

 Germán Esteban Espinosa, periodista

Germán es el editor de Cine de la web Hombre en Camino: Homo Viator.

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