De Caligari a Hitler III: El Gabinete del Doctor Caligari. [Germán Esteban Espinosa]

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Vamos a dedicar el presente artículo a analizar la película El gabinete del Doctor Caligari (1920), que entre otras cosas tiene el mérito de probablemente ser la única película completamente expresionista que conservamos, con lo que nos sirve como referencia indiscutible para demostrar si otro largometraje es o no es expresionista.

El Gabinete del Doctor Caligari surgió del enfado que sentían Carl Mayer (que se transformó en el guionista con el que Murnau realizó la mayoría de sus filmes) y Hans Janovitch, que terminó sus días en un manicomio. Ambos vivieron durante dos años la psicosis de guerra propia de la Primera Guerra Mundial, siendo conscientes de que habían sido manipulados por sus dirigentes para desear ir a la guerra. Por ello escribieron el guión de un joven enamorado cuya vida es arruinada por un viejo maníaco que busca el poder y eliminar a todo lo que se interponga en su camino.

En un principio, iba a ser Fritz Lang el encargado de dirigirla, pero en ese momento se encontraba realizando su Las tres luces (cuyo título original significa literalmente La muerte cansada, y que se comenta que fue la obra que llevó a Buñuel a dedicarse al cine), por lo que cedió su puesto a quien designaran los dueños de la UFA, los grandes estudios alemanes. Sin embargo, al leer el argumento, opinó que era una historia demasiado fuerte para el público del momento, que causaría alboroto, por lo que decidió añadir un prólogo y un epílogo, en los que se ve al Doctor Caligari como un médico bonachón que trata a un lunático en el manicomio, interpretado por el protagonista, que le cuenta la historia de la película; y finalmente se vuelve a ver en el epílogo al médico bonachón despidiendo al lunático. Así, todo el mensaje del argumento real parece que solo es el desvarío de un enfermo mental, en vez de una denuncia real. Teniendo esto en cuenta, ya saben los lectores que deben eliminar mentalmente el prólogo y el epílogo para captar la auténtica realidad del relato.

Tal como señala Lotte H. Eisner en La pantalla demoníaca, El gabinete del doctor Caligari es una película de decorados. Se suele creer que la idea de pintar los decorados sobre telas en lugar de construirlos se debe a la decisión del productor Erich Pommer para ahorrar dinero; pero tal como afirma la autora, las decisiones fueron tomadas por el otro productor, Rudolf Meinert, para mostrar la fisonomía latente de la realidad: “La fuerza dinámica de los objetos grita su exigencia de ser creados”. También aprovechan el auge que en el momento tienen los pintores expresionistas, aunque ya haya pasado más de una década desde la aparición de dicho movimiento.

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” La fuerza dinámica de los objetos grita su exigencia de ser creados”

La línea oblicua produce sensaciones diferentes de la recta. Refleja la esencia claustrofóbica e insegura de una pequeña ciudad medieval. Los decorados representan la idea de un calabozo absoluto, sensación reforzada por los juegos de luz y sombra, muchos de los cuales no son reales, sino que están también pintados sobre los decorados, a lo que se une el efecto ya mencionado en artículos anteriores de los baños cromáticos de escenas completas.

Esta fuerza irreal del decorado se pone de manifiesto cuando los novios van huyendo de Césare por una cuesta construida en cartón y recortada sobre el vacío, rodeados de árboles que son también cartones recortados.

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Fotograma: el decorado y la fuerza irreal

El Gabinete del Doctor Caligari, además, muestra los dos personajes opuestos característicos de las temáticas románticas y paranoicas del cine de Entreguerras alemán. Por un lado tenemos a Caligari, un genio del disfraz que no atiende a ninguna razón que no sea la satisfacción de sus deseos, que busca el poder político asesinando o momificando a todo el que se interpone en su camino, que juega con la importancia del vestuario en la sociedad, disfrazándose de falsa nobleza.

De caligari a Hitler 3 - Werner Krauss como Doctor Caligari
Werner Krauss interpreta a Doctor Caligari

Por el otro, está Césare, la consecuencia absoluta de la sociedad opresiva, un individuo momificado, sin individualismo, sin personalidad, que es una mera marioneta de los deseos de Caligari, cuya falta de toda esencia humana se refleja en sus movimientos exagerados e inverosímiles, en sus ojos extrañamente abiertos y en su forma de andar, arrastrándose por las paredes. Es un sonámbulo que no despierta nunca, que asesina sin motivos, un desafío a la moral corriente.

Gracias a los arreglos de Fritz Lang, aparte de probablemente provocarles una úlcera de estómago a los guionistas y destrozar el mensaje de denuncia de la película, se consiguió que el público no se asustase ni la cinta causara controversia, con lo que alcanzó un descomunal éxito internacional que también abrió las puertas de Hollywood a los alemanes, algo que directores como Lubitsch aprovecharon inmediatamente para cruzar el charco, haciendo que los germanos fueran los herederos de los nórdicos como embajadores del cine europeo en América (hay que tener en cuenta que a finales de los años 20 la industria del cine alemán rivalizaba con la de Hollywood y podía incluso superarla, con una producción anual que superaba las 200 películas y unos enormes ingresos económicos. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, el cine alemán desaparecería por completo hasta la llegada de cineastas como Herzog y Fassbinder).

A continuación les ofrecemos El Gabinete del Doctor Caligari, aunque recomendamos buscar la copia editada en DVD en la colección Orígenes del cine (que es la copia que reproduce este enlace, aunque lo hace en menor calidad que el original). Es una cinta enormemente interesante para la historia del cine, además de ser un producto imprescindible para todo cinéfilo; pero eso no la transforma en entretenida ni amena. Es, como diría Sánchez Biosca, la cumbre del cine hermético-simbólico, así que olvídense de empatizar y ser absorbidos por la historia. Aún así, es un documento histórico que merece la pena.

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Germán Esteban Espinosa, periodista

Germán es el editor de crítica de cine de la Web  Hombre en Camino: Homo Viator

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