BACH, 333 años de armonía. [José María Martínez Arias]

Aria de las variaciones Goldberg. Anna M. Bach (1725)

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Cuando le preguntaron al biólogo Lewis Thomas (1913-1993) cual debía ser el mensaje que la humanidad lanzara al espacio, su respuesta fue:

“Yo enviaría la obra completa de Bach…pero eso sería presumir”.

Como el propio Beethoven lo definía: el verdadero padre de la armonía, Johan Sebastian Bach nacía el 21 de Marzo de 1685 en la ciudad de Eisenach. Por tanto hace ya 333 años que el mundo dio un talento capaz de transgredir el contexto musical de la Europa de finales del siglo XVII, aunando una personal visión de la armonía y redefiniendo la escala musical con su célebre Clave Bien temperado. Mediante estas  piezas, Bach resolvió el problema de afinación de los instrumentos de cuerda pulsada, ya que la escala diatónica empleada hasta el momento, generaba un desfase conocido como coma pitagórica. Quizás no haya existido mayor innovación en el campo de la música desde los tiempos de Pitágoras, quien ya empleaba el sonido como elemento sanador mediante el empleo de la escala musical. Bach (o Arroyo en castellano), resolvió con su escala temperada el problema de afinación por medio de este redondeo de hercios para que la coma pitagórica no fuera notable y logrando unas frecuencias equidistantes entre sí.

Otra de las innovaciones de Bach o  “el viejo peluca” como se le conocía popularmente, fue el empleo de la variación en sus Variaciones Goldberg, donde un tema inicial se va modificando en el transcurso de la pieza, en este sentido el concepto de la variación supone el verdadero origen de la improvisación moderna. 

Esquema de la coma pitaórica

Bach pertenecía a una célebre familia de ascendencia húngara dedicada por entero a la música: Organistas, maestros de capilla, directores o violinistas de corte. El joven compositor comenzó su formación a través de su padre y su tío en su ciudad natal, pero con su temprana orfandad, se trasladó a Ohrdruf, al amparo de su hermano quien ya ejercía como organista. Antes de cumplir los diez años, comenzaría  desarrollar su vocación musical, pues de manera precoz copiaba cada noche a escondidas el libro de partituras de su hermano a la luz de la luna. A los 15 años concluyó su formación académica e ingresaría en St. Michael’s School  en Luneburg, allí comenzó su trayectoria profesional. Posteriormente accedió al puesto de organista en la iglesia de San Blas en Mühlhausen, ya con una alta consideración social como maestro. En 1707, contrajo matrimonio con su prima María Bárbara Bach y por entonces ya contaba con un reconocido prestigio como Kapellmeister, pero sus ambiciones por ascender lo hicieron trasladarse de ciudad en ciudad.

Bach, nuevamente dejó Weimar para asentarse en la corte del príncipe Leopold Anhalt-Köthen donde ocuparía el puesto de maestro de capilla. Sería entonces cuando saldrán a la luz numerosas piezas instrumentales como las Sonatas y Partitas, las seis Sonatas para violín y clave, las seis Suites para violoncelo, las Sonatas para viola da gamba y clave así como los seis Conciertos de Brandemburgo.

En esta etapa en Köthen enviudaría y poco después volvería a contraer matrimonio con su segunda esposa, Anna Magdalena Bach, la cual era cantante y contribuiría activamente a la difusión de la obra del maestro. En 1723 volvió a trasladarse a Leipzig, en busca de una mayor contribución profesional, allí encontraría un puesto como cantor y director en la escuela de Santo Tomás, donde volvería a componer música religiosa. En este campo, el maestro realizaría una extensísima colección de cantatas para el culto religioso. De su matrimonio con Anna Magdalena, nacería otra gran figura musical, quizás eclipsado por la gran sombra de su padre; Hablamos de Johann Christian Bach, uno de los veinte hijos que completarían la familia Bach y quien supuso todo un referente y precursor del clasicismo que enmarcaría la trayectoria de Mozart y el primer Beethoven. La innovación de Bach (hijo), planteó una nueva disposición armónica formada por monodias acompañadas, que producían una música de carácter más ligero y asimilable que las complejas polifonías del barroco.

El gran Bach, tras varias décadas a la sombra durante el clasicismo, volvió a ser puesto en valor ya en pleno siglo XIX mediante una curiosa anécdota vivida por Felix Mendelssohn. Se cuenta que la madre del compositor alemán solía traer los productos de la carnicería envueltos en papel pautado y este extraño suceso llamó la atención del joven músico. Tras analizar estas partituras que servían de envoltorio a las chuletas que se servirían en la mesa, no dudó en acudir a la carnicería a averiguar el origen de aquellos manuscritos de enorme interés. Parece ser que el carnicero las había encontrado en una buhardilla que acababa de alquilar, sin saber que eran creaciones musicales escritas por el puño y letra del propio J.S. Bach. Ante esta curiosa casualidad, Mendelssohn no dudó en adquirir todo el material y en 1829, La Pasión según San Mateo volvería a ser interpretada en Berlín 80 años después de la muerte del maestro.

Tras una vida nómada en busca de la perfección musical y el reconocimiento a su indudable nivel intelectual, Bach llegaría no solo a ser el mayor exponente de la música polifónica y contrapuntística, sino sobre todo  se convertiría en las siguientes generaciones en el representante por antonomasia de la tradición matemático-musical. Metodología con la cual Bach configuró la composición pentatónica como una manifestación artística del orden cosmológico, plagada de acertijos y retórica de carácter matemático. Música donde los conceptos de simetría, geometría y fractalidad están presentes y deben por lo tanto, ser interpretadas por un oyente intelectualmente dispuesto ante tales menesteres. Consagramos por lo tanto, el 333 aniversario de un legado que hoy seguimos admirando e interpretando por su capacidad de trascender el propio concepto de música, para elevarlo a la más universal forma de expresión: La armonía.

 “Hay geometría en la vibración de las cuerdas, hay música en los espacios entre las esferas”.

Enlace al documental de la BBC “Bach, una vida apasionada” (Subtitulado en castellano)

José María Martínez Arias, estudiante de arquitectura de la eaT.

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